Y me preguntan: ¿A qué iglesia vas?, ¿A qué denominación perteneces?

Parece que los cristianos ignoramos que la última oración de Jesús antes de su muerte descrita en Juan 17 le pide al Padre de todo corazón que seamos uno entre nosotros de la misma manera que el Señor y el Padre son uno.

Todos sabemos que el cuerpo de Cristo está mutilado y dividido en unas 40.000 denominaciones por la obra e inspiración de Satanás. De hecho, es bien sabido que una gran mayoría de ellas funcionan como instituciones religiosas al modelo piramidal del mundo. Es decir, tienen un nombre que no es Su Nombre. Tienen unos pastores y líderes que no son el Buen Pastor, tienen unas creencias propias y adaptadas de las Escrituras y otros textos, y funcionan con un sistema económico particular interno.

Si un hijo de Dios se hace miembro de una de esas instituciones, automáticamente pasa a vivir su vida de fe dentro de las normas, doctrinas y leyes de esa religión, pero eso no es lo peor. Lo peor es que automáticamente, y aún sin quererlo, entra en conflicto y enemistad con el resto de los miembros del Cuerpo de Cristo que no pertenecen a ese grupo en particular. Y aún hay algo peor que todo eso: Automáticamente está participando del lema de satanás que dice: “Divide y conquistarás.”
¿Puede haber un escenario peor que este? Sí, lo hay.
La Biblia nos dice que los cristianos estamos siendo formados cada día a la imagen de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Este es el sello de los que han sido comprados con la preciosa sangre del Cordero. Y creo que debemos preguntarnos lo siguiente: Si tenemos en nosotros el “sentir de Cristo”, ¿Cómo se siente nuestro Señor cuando observa que nuestra lealtad no está en Su Persona, no está en Su Nombre, y no está en Su deseo y Su pasión por la Unidad de Su Iglesia?

Oh, Señor, que Dios tenga misericordia de todos nosotros, que Su Santo Espíritu abra nuestros ojos espirituales para que podamos ver al Hijo. Que Dios tenga a bien el revelarnos la Gloria y la Belleza de Jesucristo de tal manera que seamos leales a Su persona, a Su Nombre, y a Sus Palabras en Juan 17 cuando oraba al Padre por la unidad de Su Iglesia.

Y ha de ser así, porque así está escrito:
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Juan 13

José Torres Arjona

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario