Manifiesto de Jesús

Carta magna para restaurar la supremacía de Jesucristo
-Por Leonard Sweet y Frank Viola

Los cristianos hemos convertido el evangelio en tantas cosas… cosas diferentes a Cristo.
Jesucristo es el centro gravitacional que mantiene unidas todas las cosas y les da significado, sentido y las hace reales. Sin Él, todas las cosas pierden su valor. Sin Él, todas las cosas no son sino piezas sueltas flotando en el espacio.
Es posible enfatizar una verdad espiritual, un valor, una virtud, o un don, y dejar fuera a Cristo… quien es la manifestación viva y encarnación de toda verdad espiritual, así como de todos los valores, virtudes y dones.
Busca una verdad, un valor, una virtud o un don espiritual y habrás obtenido algo muerto. Busca a Cristo, abraza a Cristo, conoce a Cristo y habrás tocado a aquel quien es la vida. En Él reside toda la Verdad, Valores, Virtudes y Dones en todo su esplendor. La Belleza encuentra su significado en la belleza de Cristo, en quien se encuentra todo lo que nos convierte en seres dulces y atractivos.

¿Qué es el Cristianismo? ¡Es Jesucristo mismo! nada más y nada menos. El Cristianismo no es una ideología. El Cristianismo no es una filosofía. El Cristianismo es “las buenas nuevas” de que esa Belleza, Verdad y Bondad se encuentran en una persona. La comunidad Bíblica se origina y reside en la conexión con esa persona. La Conversión es más que un cambio de dirección; es un cambio de conexión. El hecho de que Jesús usara la antigua palabra hebrea “shubh”, o su equivalente en Arameo para llamar al “arrepentimiento”, implica el no ver a Dios desde la distancia, sino entrar en una relación donde Dios sea el centro de mando de la conexión humana. En este sentido, sentimos una desconexión generalizada en la iglesia de nuestros días. Por esa razón este manifiesto.

Creemos que la mayor enfermedad de la iglesia hoy es DDJ: Jesus Deficit Disorder (Trastorno por falta de Jesús). La persona de Jesús se ha ido convirtiendo cada vez más en un tabú, y está siendo reemplazada por palabras como “justicia”, “el reino de Dios”, “valores”, y “principios de liderazgo”.
En estos tiempos, el testimonio que sentimos que Dios nos ha llamado a llevar se centra en la supremacía del Señor Jesucristo. Específicamente en…

1 El centro y circunferencia de la Vida Cristiana no es otro sino la Persona de Cristo.
Todas las otras cosas incluyendo las relacionadas con Él o acerca de Él, son eclipsadas al contemplar Su incomparable valor. Conocer a Cristo es Vida Eterna. Y conocerlo profundamente, genuinamente, y en verdad, así como el experimentar sus inescrutables riquezas, es la búsqueda principal de nuestras vidas, así como también lo fue para los primeros cristianos. Dios no tiene mucho que ver con arreglar las cosas que han salido mal en nuestras vidas sino el encontrarnos en nuestra miseria y quebranto para darnos a Cristo.

2 Jesucristo no puede ser separado de sus enseñanzas.
Aristóteles les dijo a sus discípulos, “Sigan mis enseñanzas”. Sócrates les dijo a sus discípulos, “Sigan mis enseñanzas”. Buda les dijo a sus discípulos, “Sigan mis meditaciones”. Confucio les dijo a sus discípulos, “Sigan mis palabras”. Mahoma les dijo a sus discípulos, “Sigan mis nobles pilares”. Jesús les dijo a sus discípulos, “Síganme”. En todas las otras religiones, un seguidor puede seguir las enseñanzas de sus maestros sin tener una relación con él. No es así con Jesucristo. Las enseñanzas de Jesús no pueden ser separadas de Jesús mismo. Jesucristo está vivo y encarna sus enseñanzas. Por lo tanto es un profundo error el tratar a Cristo como simplemente el fundador de un conjunto de enseñanzas morales, éticas o sociales. El Señor Jesús y sus enseñanzas son uno. El medio y el mensaje son uno. Cristo es la encarnación del Reino de Dios y el Sermón del monte.

3 La gran comisión de Dios y su Eterno Propósito en la tierra y en el cielo se centran en Cristo… Ambos el Cristo individual (la Cabeza) y el Cristo corporativo (el Cuerpo). Este universo se está moviendo hacia una sola meta – la plenitud de Cristo donde Él lo llenará Todo con Sí mismo. Para ser verdaderamente misional entonces significa el edificar la vida y el ministerio en Cristo. Él es ambos el corazón y la corriente sanguínea del plan de Dios. Errar en esto es equivocar la ruta, y por supuesto es perderlo todo.

4 Ser un seguidor de Jesús no involucra tanto imitación sino implantación e impartición.
Encarnación – La idea de que Dios se conecta a nosotros en forma de bebe y al tacto humano es la doctrina más impactante del cristianismo. La encarnación es, una sola vez y para todos, el único “quien fue y ha de venir”, quien ahora es y vive su vida de resurrección en y a través de nosotros. La encarnación no solo se aplica para Jesús sino también a todos nosotros. Por supuesto, no en la misma forma sacramental, pero semejante. Se nos ha dado el “Espíritu” de Dios quien hace a Cristo ”real” en nuestras vidas.
Hemos sido hechos, como Pedro lo describe, “poseedores de la naturaleza divina”. Cómo entonces, delante de esta gran verdad, ¿Cómo es que podemos seguir pidiendo juguetes y baratijas? ¿Cómo es que nos perdemos persiguiendo los más pequeños dones y nos deslumbramos con insignificantes cuestiones religiosas o espirituales? Hemos sido tocados desde lo alto por el fuego del Todo Poderoso y se nos ha dado Vida divina. Una Vida que ha pasado a través de la muerte, la mismísima Vida de resurrección del Hijo de Dios. ¿No debiera esto verdaderamente estremecernos?
Para ponerlo en una pregunta: ¿Cual fue el motor o acelerador de la asombrosa vida del Señor? ¿Cuál fue la raíz central o el origen de su comportamiento externo? Fue esto: Jesús vivió por un Padre que moraba en su interior. Después de su resurrección, esta misma vida nos transfirió a nosotros. Lo que Dios el Padre fue para Jesucristo, es lo que ahora Jesucristo es para nosotros. Él está presente viviendo en nosotros, y compartimos esa misma Vida de Jesús relacionándose con el Padre. Hay una diferencia abismal entre tratar de conseguir que los cristianos imiten a Jesús y el aprender como impartir a Cristo.
El primero solo termina en fracaso y frustración. El segundo es el camino que da vida y gozo a nuestros días y a nuestra muerte. Nos levantamos con Pablo y declaramos: “Cristo vive en mi”. Nuestra vida es Cristo. En Él vivimos, respiramos y tenemos nuestro ser.
“¿Qué haría Jesús?” no es cristianismo. El cristiano debe preguntar: “¿Que hace Cristo a través de mi… a través de nosotros? Y ¿Cómo lo está haciendo Jesús? Seguir a Jesús significa “confianza y obediencia” (responder), y vivir por Su Vida habitando en nosotros a través del poder del Espíritu.

5 El “Jesús histórico” no puede ser desconectado del “Cristo de la fe”.
El Jesús que caminaba por las costas de Galilea es la misma persona que habita en la Iglesia hoy. No hay desconexión entre el Jesús del evangelio de Marcos y el increíble todo-inclusivo Cristo cósmico de la carta de Pablo a los Colosenses. El Cristo que vivió en el primer siglo tiene una pre-existencia antes del tiempo. También tiene una post-existencia después del tiempo. El es el Alfa y Omega, Principio y Fin, A y Z, todo al mismo tiempo. El permanece en el futuro y al final de los tiempos al mismo tiempo que habita y vive en cada hijo de Dios. El no abrazar estas paradójicas verdades ha creado monumentales problemas y ha menguado la grandeza de Cristo en los ojos del pueblo de Dios.

6 Es posible confundir “la misión” de Cristo con la persona de Cristo.
Cuando la iglesia primitiva dijo “Jesús es el Señor”, no quisieron decir “Jesús es mi valor fundamental”. Jesús no es una causa; es una persona real y viva que podemos conocer, amar, experimentar, exaltar y expresar. Enfocarnos en su causa o misión no se iguala a enfocarnos en El o en seguirlo. Es también posible servir “al dios” del servicio a Jesús, en oposición a servirle a Él con un corazón extasiado y cautivado por su irresistible belleza e insondable amor.
Jesús nos lleva a pensar en Dios de una forma diferente, como la encarnación de la palabra relación, como el Dios de todas las relaciones.

7 Jesucristo no fue un activista social ni un filósofo moral.
Ponerlo en esa forma es dejar escapar su gloria y diluir su excelencia. La Justicia, separada de Cristo es una cosa muerta. La única arma de batalla que puede derribar las puertas del infierno no es un grito de justicia, sino el nombre de Jesús. Jesucristo es la encarnación de la Justicia, Paz, Santidad y Rectitud. Él es la suma de todas las cosas espirituales, el “misterioso imán” del universo. Cuando Jesús se vuelve solo un concepto o filosofía, la fe pierde su poder reproductivo. Jesús no vino para hacer buena a la gente mala. El vino para que los muertos vivan.

8 Es posible confundir un conocimiento académico o la teología sobre Jesús con la revelación personal del Cristo viviente.
Estos dos están tan distantes como las cien mil millones de galaxias. La plenitud de Cristo nunca podrá ser alcanzada a través del lóbulo frontal. La fe Cristiana afirma ser racional, pero también alcanza a tocar los más grandes misterios. La cura para una cabeza grande es un gran corazón.
Jesús no dejo a sus discípulos con folletos de una teología sistemática. Él dejo a sus discípulos con aliento y cuerpo.
Jesús no dejó a sus discípulos con un sistema de creencias coherente y claro por el cual amar a Dios y a otros. Jesús les dio a sus discípulos heridas para tocar y manos para sanar. Jesús no dejó a sus discípulos una creencia intelectual o una “perspectiva Cristiana”. Él dejo a sus discípulos una fe relacional.
Los cristianos no siguen un libro. Los cristianos siguen a una persona, y esa colección de libros de inspiración divina que llamamos “La Santa Biblia” nos ayudan a seguir a esa persona. La Palabra escrita es un mapa que nos dirige a la Palabra Viva, o como Jesús mismo dijo: ”Toda la Escritura da testimonio de mi”.
La Biblia no es el destino; es una brújula que apunta a Cristo, la estrella celeste del Norte. La Biblia no ofrece un plano o un manual para vivir. Las “buenas nuevas” no fueron un nuevo conjunto de leyes, o un nuevo conjunto de preceptos éticos, o un nuevo y mejor Plan. Las “buenas nuevas” fueron la historia de la vida de una persona, como se refleja en la fe de los apóstoles. El misterio de la fe proclama este relato: “Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá de nuevo”.
El significado del Cristianismo no proviene de la lealtad a complejas doctrinas teológicas, sino de un amor apasionado por una forma de vivir en el mundo que gira en torno a Jesús, quien enseño que es el amor lo que hace de la vida un éxito… no la prosperidad o la salud o cualquier otra cosa… sino el amor, y Dios es Amor.

9 Solo Jesús puede atrapar y transformar el vacío en el corazón de la iglesia.
Jesucristo no puede ser separado de su iglesia. Mientras Jesús es distinto de su Prometida, Él no está separado de ella. Ella es de hecho su propio cuerpo en la tierra. Dios ha elegido vaciar todo su poder, autoridad y vida en el Cristo viviente. Y Dios en Cristo es solo conocido completamente en y a través de su Iglesia. (Como Pablo dijo, “La multiforme sabiduría de Dios -quien es Cristo- es conocida a través de la ekklesia”.)
La vida cristiana, por lo tanto, no es una carrera personal sino un viaje corporativo. Conocer a Cristo y hacerle conocido no es una tarea individual. Aquellos que insisten en volar la vida solos, serán derribados. De esta manera, Cristo y su iglesia están íntimamente unidos y conectados. Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.
Fuimos hechos para vivir con Dios; nuestra única felicidad se encuentra en la vida con Dios y el propio placer y deleite de Dios se encuentra ahí también.

10 En un mundo que canta “Oh! ¿Quién es este Jesús?” y una iglesia que canta “Oh! seamos como Jesús”, ¿Quién alzará su voz para cantar “Oh! como amamos a Jesús!”?
Si Jesús pudo levantarse de la muerte, podemos al menos levantarnos de nuestra cama o nuestras bancas y sofás y responder a la vida de resurrección de nuestro Señor dentro de nosotros, unirnos a Jesús, a lo que está haciendo en este mundo. Llamamos a otros para que se nos unan —no para escapar de nuestro planeta tierra, sino para plantar nuestros pies más firmemente en la tierra mientras nuestros espíritus se sumergen en el placer y propósito celestial de Dios.
No somos de este mundo, pero vivimos en este mundo para los beneficios e intereses del Señor. Nosotros, colectivamente, como la ekklesia de Dios, somos Cristo en y para este mundo.
Quiera Dios tener a gente en esta tierra que sean verdaderas personas de Cristo, a través de Cristo y para Cristo. Una persona de la cruz. Personas que sean consumidas por la eterna pasión de Dios, la cual es hacer de su hijo preeminente, supremo y la cabeza sobre todas las cosas visibles e invisibles. Personas que hayan descubierto el toque del Todopoderoso en la faz de su glorioso hijo.
Personas que solo deseen conocer a Cristo y a éste crucificado, dejando que todo lo demás caiga hacia los lados. Personas aferradas a sus profundidades, descubriendo sus riquezas, tocando
Su vida, recibiendo su amor, y haciéndolo a ÉL conocido a otros en toda su incomparable gloria. Podemos estar en desacuerdo en muchas cosas —sean eclesiología, escatología, soteriología sin mencionar globalismo, economía y política, pero en nuestros dos más recientes libros “From Eternity to Here” (De la Eternidad Hasta Aquí) y “So Beautiful” (Tan Precioso), hemos hecho sonar las trompetas de la unidad. Estos libros son la representación de este manifiesto. Cada uno presenta la visión que ha capturado nuestros corazones y que deseamos impartir al Cuerpo de Cristo.

Jesús el Cristo.
– Los cristianos no siguen el cristianismo, los cristianos siguen a Cristo.
– Los cristianos no predican de sí mismos, los cristianos proclaman a Cristo.
– Los cristianos no apuntan a valores centrales; los cristianos apuntan a la gente hacia la cruz.
– Los cristianos no predican acerca de Cristo: Los Cristianos predican Cristo.

Hace 300 años un pastor de origen Alemán escribió un himno que giraba en torno al Nombre sobre todo nombre:
“¿Me preguntas que gran cosa yo sé, que tanto me deleita y conmueve?
¿Qué gran recompensa yo gano? ¿Cuál es el nombre en el cual me glorío?
Jesucristo, el crucificado.
Esta es la gran cosa que yo sé; que tanto me deleita y conmueve:
Fe en Él, quien murió para salvar, quién triunfó sobre la tumba:
Jesucristo, el crucificado.”
Jesús Cristo, el crucificado, resucitado, entronado, triunfante, Señor viviente.
El es nuestro destino, nuestra pasión y nuestra vida.
Amén.

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¿Qué significa ser salvo?

A mi parecer, ser salvo significa ser libre de nuestra naturaleza pecaminosa, ser libre del poder del pecado, y de todos los pecados, para llegar a ser lo que Dios quiere que yo sea. Desde que Dios me creó, quiere restaurarme hasta conseguir la perfecta imagen de Dios en mí, y puesto que Cristo es la Perfecta Imagen, significa que cuando sea exactamente y verdaderamente como Jesús, de tal manera que cuando me veas a mí puedas ver a Cristo, seré salvo.
Ese es el objetivo final de la salvación. “Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros,” Gálatas 4:19
Dios quiere restaurarnos y todo viene del principio de la Creación, porque una de las preguntas que debemos hacernos es: ¿Porqué Dios nos creó? Esta es una pregunta muy importante, y la respuesta es la siguiente: Dios ya tenía un Hijo, y le amaba tanto, y tenía tanto gozo y alegría con Él, que decidió tener una familia más grande. Dios quiere que seamos como Su Hijo, y hasta que no seamos como Él, Dios no podrá disfrutar de Su familia.
Dios tiene toda Su confianza puesta en Su Hijo, Él es tan obediente, y tan amoroso que cuando tengamos Su imagen en nosotros, Dios puede disfrutar plenamente de esa vida familiar con nosotros. Esa es la verdadera razón por la que creó el mundo y nos creó a nosotros. Para tener una gran familia justo como Su Hijo. También nos creó porque quiere hacer el mayor regalo para Su propio Hijo, Dios está preparando a Sus hijos para que sean una Esposa para Cristo.
Es natural, todos los que tenemos un hijo, lo amamos entrañablemente, y normalmente queremos otro hijo o hija como el primero. Eso fue lo que motivó a Dios el crearnos.
Cuando nos vamos al futuro, al final de la historia, vemos la otra parte del propósito de Dios, donde Él tiene la intención de crear un nuevo universo, un mundo nuevo donde no hay pecado y donde nunca habrá corrupción y donde nunca habrá guerra, pecado, ni maldad alguna. Dios está agotando este viejo universo y preparando uno nuevo.
Por todo ello, Dios tiene que salvar y perfeccionar a las personas que van a poblar ese nuevo mundo, de lo contrario, volveríamos a tener los mismos problemas que tenemos en este mundo actual.
Cuando miramos al futuro, vemos un nuevo cielo y una nueva tierra, con nuevas personas que lo habitan. Personas que nunca más lo corromperán. Un lugar sin pecado y sin tentaciones donde todo se disfrutará al máximo. Esa es la idea de Dios. Y así era el Jardín del Edén antes del pecado, la rebelión y la desobediencia. Dios va a hacerlo todo de nuevo, aunque esta vez, Él está preparando a un pueblo que una vez estuvo muerto en sus pecados, pero que gracias a Su Hijo Jesucristo, está siendo restaurado y formado a Su Imagen siendo perfeccionado en Cristo y preparado para poblar ese nuevo universo y la nueva tierra que viene apropiadamente.
Tanto si miramos al principio de la creación, como si miramos al final de la misma, al futuro de la nueva creación, vemos el eterno propósito de Dios cumpliéndose. Su deseo de formar una gran Familia con la imagen de Su Hijo y con la que tener una verdadera relación amorosa y familiar.
Por todo ello, debo aclarar de nuevo que la salvación es un proceso que toma tiempo. Es el proceso que se requiere para tomar gente muerta en sus pecados y transgresiones como nosotros y hacer nuevas criaturas en Cristo Jesús. Y eso es porque Dios nos ama.
Él podría haber decidido hacer lo contrario. Destruirlo todo, dejarnos en nuestra condición natural, muertos en nuestros pecados, y empezar de nuevo con una nueva creación y una nueva humanidad, pero ese no es Su plan. Su plan es coger a pecadores que se arrastran por la tierra como gusanos, muertos en sus concupiscencias, y convertirlos en santos por Su Gracia como un ejemplo a todos los seres y criaturas creadas en el universo.
La creación vuelve a ser un hecho pero Dios lo hace de forma invertida. En la primera creación hizo los cielos y la tierra, y después creó a los seres humanos y los puso a cargo del planeta; sin embargo, en esta ocasión, Dios está creando nuevas personas primero, y cuando su pueblo esté preparado, Él hará un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra para ellos. Jesucristo continúa trabajando, obrando en nuestras vidas, y creando de nuevo Su nueva creación invertida.
Muchos se preguntan: ¿Una vez salvo, siempre salvo? ¿Qué significa ser salvo? Ser salvo significa ser perfecto, como Jesús. Significa estar conformados a Su Imagen. Significa ser las personas que Dios quiere que seamos, y eso toma tiempo para Dios y toma tiempo para nosotros.
En realidad la salvación tiene tres etapas.
—Ser libres de la muerte del pecado en nuestras vidas, la justificación.
—Ser libres del poder que el pecado tiene sobre nosotros, la santificación.
—Ser libres de lo posibilidad de pecar, la glorificación.
Las tres etapas completan la salvación, y no podemos decir una vez salvo, siempre salvo, hasta que no hemos completado las tres fases.
Pablo cuidaba su salvación con “temor y temblor” y como un atleta corría la carrera. Tanto es así que en 1 Corintios 9:27 dice lo siguiente: “Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”
De hecho, Pablo, en su carta a los Hebreos nos dice que Cristo vuelve para cumplir la tercera fase trayendo salvación a Su pueblo.
“Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.” Hebreos 9
Yo lo estoy esperando, y eso es en el futuro. Yo espero ansiosamente a mi Salvador y Él trae en Sus manos mi salvación completa. Cuando eso ocurra, entonces exclamaré con gran gozo: ¡¡¡Una vez salvo, siempre salvo!!! Porque en ese momento, la Obra de mi Señor estará completa porque Él mismo la completará con Su segunda venida.
Si hacemos esa exclamación antes de que eso ocurra, estamos hablando del pasado. Hablamos como si ya se hubiera cumplido y está terminado cuando en realidad en aquel pasado conocimos a Cristo y empezó nuestra salvación por medio de la justificación de nuestros pecados. En la actualidad estamos en la santificación, siendo santos para Dios, y cuando nos reunamos con Cristo, Él mismo completará Su obra con nuestra glorificación.
Yo empecé a ser salvo en 1947 y todos los que me conocen, saben muy bien que mi salvación no está completa, especialmente mi esposa lo sabe bien. Ella sabe que no estoy allí todavía, sabe que estoy corriendo la carrera, y sabe que Dios mismo empezó la buena obra en mí y en Su tiempo la culminará.
Mi esposa sabe también que yo no soy ahora lo que fui en el pasado, antes de conocer a mi Señor. Como aquel hombre que oraba diciendo: “Señor, te doy las gracias porque aunque no soy el que debo ser, ni tampoco soy el que en Tu tiempo seré, te agradezco y te doy la gloria porque ya no soy el que antes era.”
Este es el proceso de la salvación que Dios está haciendo en cada uno de nosotros y lo está haciendo muy bien, de manera que en Su tiempo lo completará si seguimos poniendo nuestros ojos en Él, el Autor y el Consumador de nuestra fe.

Cuando leemos Juan 3:16 en el griego original observamos que el verbo “creer” está en modo presente-continuo, y en su contexto correcto, leyendo los pasajes anteriores, dice así:
“Y de la misma manera, Dios amó al mundo, y ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquél que en Él siga creyendo, siga teniendo la vida eterna.”
No te conformes con los que te enseñan o con lo que has oído, haz tu propia investigación, escudriña las Escrituras como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de Verdad.

-David Pawson
(Traducido y editado por José Torres Arjona)

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“El evangelio del dios-amor”

Hoy en día muchos tienen una idea totalmente equivocada de Dios. Piensan que Dios es el culpable de toda la maldad que hay en el mundo porque lo permite o piensan que debería actuar de cierta manera para poner fin a la injusticia y a la corrupción que nos rodea.
Parece que muchas personas se han hecho una idea preconcebida en sus mentes de quién es Dios y cómo es Dios. Y ese es el tema que vamos a tocar ahora. Quiero pediros que no creáis mis palabras, que busquéis en las Escrituras y las escudriñéis para aseguraros que lo que vamos a comentar es la verdad. Y es muy importante porque esa forma de pensar en Dios no es otra cosa que idolatría. La idolatría puede ser adorar a una imagen, un ídolo, y también es idolatría creer en un “dios” según nuestro propio entendimiento y según nuestra propia conveniencia.
Veamos cómo es Dios verdaderamente en las Escrituras. Recordando siempre que podemos probar cualquier cosa con la Biblia en la mano, si no la conocemos bien y si no la escudriñamos.
Son muchos los que utilizan pequeñas porciones y versículos tomados de aquí y de allí para probar cualquier doctrina que quieran, pero yo estoy hablando de las Escrituras en su globalidad, hablamos de toda la imagen de Dios y todo Su consejo. La Biblia completa tal y cómo está presentada desde el Génesis hasta la Revelación de Jesucristo.
La primera sorpresa que encontramos es que habla muy, pero que muy poco sobre el amor de Dios. La Biblia lo menciona, eso sí, pero de 33.000 versículos que contienen sus 66 libros, menos de 30 versículos mencionan el amor de Dios, eso significa que no llega al 1% y eso es muy poco. De hecho la gran mayoría de los libros de la Biblia ni siquiera lo menciona. Tenemos dos o tres versículos en Génesis, no hay nada en Éxodos, hay un versículo en Levíticos, No se menciona en Números, ni en Deuteronomio, dos versículos en Josué, nada Jueces, ni en 1º y 2º de Samuel, nada en Reyes 1 y 2, y podemos seguir en la misma línea hasta el final.
Existen poquísimas referencias al amor de Dios en la Biblia, sin embargo, la gran mayoría de las iglesias actuales han hecho del amor de Dios el mensaje más importante para el mundo, cuando en las Sagradas Escrituras vemos todo lo contrario.
¿Por qué ocurre esto? Creo que hemos caído en la tentación de decirle a la gente lo que ellos quieren escuchar. En vez de decirles lo que necesitan saber, preferimos quedar bien con ellos y predicamos que Dios es amor y que Dios ama a todo el mundo. En vez de decirles la verdad, les ofrecemos un evangelio “dulce y atractivo”. Esa es la primera sorpresa que encontramos cuando realmente escudriñamos la Biblia.
La segunda sorpresa es la siguiente: En ningún lugar en las Sagradas Escrituras donde se habla del amor de Dios se hace en público. Observamos que en cualquier lugar donde los judíos mencionaban el amor de Dios lo hacían hablando con otros judíos, nunca con el mundo gentil. Ellos predicaron muchos mensajes a todas las naciones, y en ninguna ocasión mencionaron el amor de Dios. Ese tema estaba reservado de forma íntima y personal entre ellos, el pueblo de Israel.
Y cuando entramos en el Nuevo Testamento encontramos exactamente la misma realidad preferente a los cristianos y su mensaje del Evangelio y la Buena Nueva a los judíos y a los gentiles. No encontramos ni un solo versículo donde los cristianos en la Iglesia primitiva mencionaran el amor de Dios a otras personas que no fueron sus hermanos y hermanas en Cristo. También para ellos era algo íntimo y privado entre los hermanos de la fe. Y de nuevo, eso es una gran sorpresa y una revelación cuando las iglesias de hoy día no hablan de otra cosa en sus predicas al mundo. Todo lo basan en el amor de Dios. Sin embargo ni Jesús, ni ninguno de sus discípulos predicaron jamás el amor de Dios al mundo.
Ellos nunca mencionaban el amor de Dios en público. Leemos el libro de los Hechos y encontramos todos los ejemplos de la iglesia primitiva predicando el Evangelio a toda criatura. Vemos como la Iglesia crecía y se multiplicaba por todo el mundo, leemos como predicaban con denuedo tanto a los judíos como a los gentiles y muchísimos venían a la fe en Cristo Jesús, y sin embargo, ni un solo versículo, ni una sola vez en todo el libro de los Hechos mencionan el amor de Dios. Eso es sorprendente. La Iglesia primitiva creció y se multiplicó sin mencionar nunca el amor de Dios, eso es la segunda sorpresa, porque observamos que tanto los judíos en el Antiguo Testamento como los cristianos en el Nuevo Testamento solamente mencionaban el amor de Dios entre ellos de forma interna e íntima. Vemos que todas las menciones del amor de Dios en las Sagradas Escrituras se hicieron de forma interna y privada entre los creyentes y nunca en público.
¿Por qué? La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: Tanto los judíos como los cristianos habían sido rescatados de la esclavitud por Dios mismo. Dios había hecho algo extraordinario en sus vidas, por ellos y para ellos. Eso era algo que Dios nunca ha hecho por el mundo ni por otras personas, y ellos estaban muy agradecidos de haber sido librados y liberados, sabiendo que ni siquiera se lo merecían. Ellos entendían, hablaban, comprendían y agradecían el extraordinario amor que Dios tenía por ellos. En otras palabras, solamente aquellos que han sido rescatados y librados de la esclavitud del pecado y de la muerte entienden lo que es el Amor de Dios. Solamente aquellos que han sido redimidos y apartados del mundo pueden entender el amor de Dios y valorar qué clase de amor es.
Y eso nos trae a la tercera cuestión: Escudriñando las Escrituras observamos que ellos eran muy cuidadosos cuando hablaban entre ellos sobre el amor de Dios porque ellos sabían que el amor de Dios es totalmente diferente del amor humano.
En el griego vemos que existen tres tipos de amor, y cada uno de ellos es completamente diferente de los otros. Tenemos el amor eros, el amor filio, y el amor ágape. El mundo conoce bien dos de ellos, pero el tercero, el amor de Dios no lo entienden y es incomprensible para ellos.
Los dos amores que los seres humanos conocen y entienden son el eros y el filio, pero el tercer amor tipo de amor, el ágape, el amor de Dios, es un tipo de amor que muy pocos lo conocen, lo entienden, o lo comprenden. Ese amor divino, el amor de Dios es totalmente desconocido para los no creyentes y no lo pueden comprender.
Entonces tenemos los tres tipos de amor: eros, filia, y ágape. El primero es el amor del corazón y las emociones. Funciona con el amor de la atracción. Ves a alguien y sientes una atracción amorosa hacia esa persona incluso hasta el punto de desearla. Es el amor de la pareja y el amor sexual. Hay una atracción entre esas dos personas incluso una mirada puede provocarlo. Es atracción y las personas se enamoran a veces de una forma involuntaria, te viene sin buscarlo, y entras en ese amor, de la misma manera sales de ese amor. No puedes evitarlo es algo del corazón, un amor que te enamora y si te sientes atraído hacia otra persona.
Luego tenemos el amor Filio. Este es el amor de la de la amistad y de la familia. Es afectivo y cariñoso. Hay un poco de atracción en ello, pero básicamente es afecto. Viene de la mente y del alma, dos personas se unen y encuentran porque tienen muchas cosas en común y se hacen amigos. También es el amor de padres a hijos, hermanos y amigos. Pero es un amor qué tú eliges y lo controlas, tu decide si ese amor y ese cariño continúa o decides abandonando. Es el amor del afecto.
Y entonces llegamos al amor ágape. El amor del ágape es el amor de la acción. Es el amor que te invita y te lleva a hacer algo bueno por los demás. Es el amor del deseo y es totalmente voluntario. Tú decides dar ese amor cuando ves a alguien en necesidad, y se llama el amor de la acción, aunque también puedes ignorarlo. Pero el amor ágape te conmueve a la acción para hacer algo por los demás y por esa persona en necesidad. Ese es el tipo de amor ágape, el amor de la acción, el amor de Dios. Ese es el amor que Dios tiene para con nosotros, Sus hijos.
Tenemos una clara ilustración de cuando alguien vino a Jesús y le pregunto: ¿Cómo puedo amar a mí mi prójimo, quién es mi prójimo? Jesús le contesto con la parábola del buen samaritano.
Un judío había sido atacado por unos ladrones y estaba herido en medio del camino, estaba abandonado en el suelo y varias personas pasaron por allí, vieron la situación y decidieron ignorarla. Cuando pasó un samaritano, aunque no se hablan con los judíos y se desprecian entre ellos, se detuvo y ayudó al pobre desdichado. Ellos representaban culturas totalmente diferentes y enemistadas, pero el samaritano se movió a la acción mediante el amor ágape, e hizo algo para ayudar al judío estaba en necesidad. Eso es lo que Jesús llamo el amor. No se trataba del amor de la atracción, ni el amor del afecto, sino que se trataba del amor de la acción, de hacer algo para ayudar a los demás. Es un amor práctico, un amor que funciona, un amor de acción, un amor inmerecido. Ese es el amor de Dios. Pero el ser humano adámico no comprende ese tipo de amor, el amor de Dios. No está capacitado para entenderlo y asimilarlo, porque se trata del amor de acción, el amor que perdona, el amor que rescata del pecado y de la muerte, y si ellos mismos no lo han vivido en sus propias vidas, no pueden entenderlo. Y esa es la razón por la que ni Jesús ni sus discípulos lo mencionaban cuando predicaban el Evangelio al mundo.
Resumiendo, diremos que sobre el amor de Dios hay varias sorpresas en las Sagradas Escrituras: la primera es que casi nunca se menciona, la segunda es que las pocas veces que se menciona sólo se hace en privado entre los hijos de Dios porque ellos son los que lo han experimentado y se amor en sus propias vidas lo conocen y lo comprenden porque han sido redimidos y rescatados de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ellos habían experimentado el perdón de Dios y son los que entiende el amor de Dios.
Otra cosa que encontramos en la Biblia es que nunca dice ni menciona que Dios ama a todo el mundo. Pero desgraciadamente eso es lo que la Iglesia está continuamente predicando, y por culpa de esa predicación errónea la gente nos responde con preguntas absurdas tales como: ¿Si Dios es amor, porque permite el sufrimiento? ¿Si Dios es amor porque permite la maldad? ¿Cómo un Dios que es amor manda a la gente al infierno?
Es muy triste, porque nosotros mismos, al predicar “otro evangelio” hemos dado lugar a esas preguntas que están fuera de su capacidad para comprenderlas. Nosotros mismos hemos creado el problema porque hemos predicado un evangelio diferente diciéndole a la gente que Dios es todo amor y que Dios ama a todo el mundo.
Por favor, debemos entender que ese no es el Evangelio que predicamos, y que eso no es lo que la Biblia nos enseña. De hecho, lo que la Biblia nos muestra es todo lo contrario. La Biblia dice muchas cosas de Dios que no son amorosas. Por ejemplo dice que Dios es muy paciente con las personas y que es muy lento en su ira, pero también dice que puede airarse contra la gente y el pecado, y cuando se enciende la ira de Dios, es mejor que te salgas de Su camino. Es mejor para el ser humano nunca haber nacido que estar delante de un Dios airado dice mi Biblia.
Mi Nuevo Testamento dice que es algo terrible caer en las manos de un dios airado. Otro contraste lo tenemos en que Dios está feliz con algunas personas cuando son buenos, pero al mismo tiempo puede estar muy enojado con otras personas, y a sus acciones la llama una abominación. Por ejemplo, una de las cosas que son una abominación y que no tolera es cuando confundimos un varón y una hembra. Dios hizo el varón y la hembra con diferentes funciones, diferentes responsabilidades, diferentes formas de vestir, y diferentes formas y aspectos; y cuando confundimos eso y lo mezclamos y lo alteramos es una abominación para el plan de Dios. Para el Creador siempre fue un hombre y una mujer nunca un hombre con un hombre y nunca una mujer con una mujer cuando eso ocurre estamos totalmente enfrentados con la provisión y la voluntad de Dios. Estamos destruyendo lo más precioso que Dios ha hecho en nuestras vidas que es el matrimonio el sexo y la familia. Y cuando Dios creó el hombre, y la mujer, y el sexo, Dios dijo era bueno. Dijo que lo creado era bueno es lo consideró Su obra maestra: el hombre y la mujer unidos formando la familia. Pero en la sociedad mezclamos, alteramos y destruimos la creación de Dios.
Nuestro Dios es un Dios de contrastes. Él bendice a unas personas y maldice a otras. Es un Dios que bendice y maldice. La gente del mundo nos dirá: “No es amoroso maldecir a la gente, eso no es amor.” Y ocurre porque ven el amor de Dios en lo sentimental y ni siquiera lo conocen.
Dios le dijo a los judíos en Deuteronomio: “Os bendeciré si seguís mi camino y os maldeciré si no la hacéis y por eso los judíos es un pueblo que ha sido de los más bendecidos y de los más maldecidos en toda la historia. Así es que Dios es muy paciente pero también se puede poner muy furioso. Dios ama y también odia. Dios da la vida, y también la muerte.
En la Biblia tenemos la misma cantidad de versículos que mencionan el amor de Dios y los que mencionan su odio. Tenemos 30 sobre el amor, y 30 sobre el odio.
En este falso evangelio muchos predican que Dios ama al pecador y que odia el pecado. Y eso no es verdad. Eso no es bíblico. Dios odia el pecado y Dios odia también a los pecadores si continúan pecando.

David Pawson
Extracto de su video: “Why God allow natural disasters?”
“¿Por qué permite Dios las catástrofes naturales?”
(Traducido por José Torres Arjona)

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“Espíritu, alma, y cuerpo”

El concepto corriente de la constitución de los seres humanos es dualista: alma y cuerpo. Según este concepto el alma es la parte interior espiritual invisible, mientras que el cuerpo es la parte corporal externa visible. Aunque hay algo de cierto en esto, con todo, es inexacto. Esta opinión viene de hombres caídos, no de Dios. Aparte de la revelación de Dios no hay ningún concepto seguro. Que el cuerpo es la cubierta externa del hombre es, sin duda alguna, correcto, pero la Biblia jamás confunde el espíritu y el alma como si fueran la misma cosa. No sólo son diferentes en condiciones, sino que sus mismas naturalezas difieren una de otra. La Palabra de Dios no divide al hombre en las dos partes de alma y cuerpo. Al contrario, trata al hombre como un ser tripartito: espíritu, alma y cuerpo. Primera Tesalonicenses 5:23, 24 dice: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.» Este versículo muestra claramente que el hombre está dividido en tres partes. El apóstol Pablo se refiere aquí a la santificación total de los creyentes: «santificaos totalmente». Según el apóstol, ¿cómo se santifica una persona por completo? Guardando su espíritu, alma y cuerpo. Es fácil comprender con esto que el conjunto de la persona comprende estas tres partes. Este versículo también hace una distinción entre espíritu y alma, pues de otro modo Pablo habría dicho simplemente «vuestra alma». Puesto que Dios ha distinguido el espíritu humano del alma humana, concluimos que el hombre está compuesto, no de dos, sino de tres partes: espíritu, alma y cuerpo.
¿Tiene alguna importancia dividir el espíritu y alma? Es un asunto de primordial importancia porque afecta tremendamente a la vida espiritual de un creyente. ¿Cómo puede comprender un creyente la vida espiritual si no conoce el alcance del mundo espiritual? Sin comprender esto ¿cómo puede crecer espiritualmente? El fracaso en distinguir entre el espíritu y el alma es fatal para la madurez espiritual. Con frecuencia los cristianos consideran espiritual lo que es anímico (o sea, del alma), y de esta manera permanecen en un estado anímico y no buscan lo que es espiritual de veras. ¿Cómo podremos escapar del fracaso si confundimos lo que Dios ha dividido?
El conocimiento espiritual es muy importante para la vida espiritual. Añadamos, no obstante, que para un creyente es de igual importancia o más, ser humilde y estar dispuesto a aceptar la enseñanza del Espíritu Santo. Si lo es, el Espíritu Santo le concederá la experiencia de dividir en espíritu y alma, aunque quizá no tenga demasiado conocimiento sobre esta verdad. Por un lado, el creyente más ignorante, sin la más mínima división de espíritu y alma, puede, sin embargo, experimentar esta división en la vida real. Por el otro, el creyente más informado, conocedor por completo de la verdad sobre espíritu y alma, puede, sin embargo, no vivirla en su experiencia. Mucho mejor es el caso de la persona que puede tener tanto el conocimiento como la experiencia. No obstante, la mayoría carecen de esta experiencia. En consecuencia, es bueno empezar por guiarlos a que conozcan las diferentes funciones del espíritu y del alma y luego animarlos a buscar lo que es espiritual.
Otras porciones de la Biblia hacen la misma diferenciación entre espíritu y alma. «Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y de los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb. 4:12). En este versículo el escritor divide los elementos no corporales del hombre en dos partes, «alma y espíritu». Aquí se menciona la parte corporal a través de las coyunturas y los tuétanos —órganos motores y sensoriales—.
Cuando el sacerdote utiliza el cuchillo para cortar y dividir totalmente el sacrificio, no puede quedar nada oculto. Incluso se separan las coyunturas y los tuétanos. De la misma manera el Señor Jesús usa la Palabra de Dios sobre su pueblo para separarlo todo, para penetrar incluso hasta la división de lo espiritual, lo anímico y lo físico. Y de aquí se deduce que puesto que se puede dividir el alma y el espíritu, deben ser diferentes en su naturaleza. Así pues, es evidente aquí que el hombre es un compuesto de tres partes.

-Watchman Nee

De su libro: “El hombre espiritual”
Parte 1

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“El espíritu, el alma y el cuerpo después de la caída”

Adán vivía por el aliento de vida que se hizo espíritu en él. Por medio del espíritu percibía a Dios, conocía la voz de Dios y tenía comunión íntima con Dios. Era profundamente consciencia de Dios. Pero después de la caída su espíritu murió.
Cuando Dios habló con Adán, antes que nada le dijo: «el día que comas de ella (la fruta del árbol del bien y del mal) morirás» (Gen. 2:17). Aun así, Adán y Eva vivieron cientos de años después de haber comido la fruta prohibida. Evidentemente, esto indica que la muerte que Dios había anunciado no era física. La muerte de Adán empezó en su espíritu.
¿Qué es realmente la muerte? Según la definición científica la muerte es «el cese de la comunicación con el medio ambiente». La muerte del espíritu es el cese de su comunicación con Dios. La muerte del cuerpo es la interrupción de la comunicación entre el espíritu y el cuerpo. Así pues, cuando decimos que el espíritu está muerto no implica que ya no haya espíritu. Sólo queremos decir que el espíritu ha perdido su sensibilidad hacia Dios y por eso está muerto para Él. La situación exacta es que el espíritu está incapacitado, es incapaz de tener comunión íntima con Dios. Vamos a ilustrarlo. Una persona muda tiene boca y pulmones, pero hay algo que falla en sus cuerdas vocales que le impide hablar. Para todo lo que se refiere al lenguaje humano su boca puede ser considerada muerta. De igual manera el espíritu de Adán murió a causa de su desobediencia a Dios. Aún tenía su espíritu, pero estaba muerto para Dios porque había perdido su instinto espiritual. Y sigue siendo así. El pecado ha destruido el profundo conocimiento intuitivo que el espíritu tenía de Dios y ha hecho al hombre espiritualmente muerto. Puede ser religioso, moral, erudito, capaz, fuerte y sabio, pero está muerto para Dios. Incluso puede hablar de Dios, razonar acerca de Dios y predicar a Dios, pero sigue estando muerto para Él. El hombre no puede oír o percibir la voz del Espíritu de Dios. En consecuencia, Dios, en el Nuevo Testamento, llama a menudo muertos a los que están vivos en la carne.
La muerte que empezó en el espíritu de nuestro antepasado se extendió gradualmente hasta alcanzar a su cuerpo. Aunque vivió muchos años después de haber muerto su espíritu, aun así la muerte trabajó sin cesar en él hasta que murieron su espíritu, su alma y su cuerpo. Su cuerpo, que podría haber sido transformado y glorificado, en lugar de eso volvió al polvo. Como su hombre interior había caído en el caos, su hombre exterior debía morir y ser destruido.
Desde entonces el espíritu de Adán (así como el espíritu de todos sus descendientes) cayó bajo la opresión del alma, hasta que poco a poco se fusionó con el alma y las dos partes quedaron fuertemente unidas. El escritor de Hebreos afirma en 4:12 que la Palabra de Dios traspasará y separará el alma y el espíritu. La separación es necesaria porque el espíritu y el alma se han vuelto uno. Mientras están íntimamente unidos, sumergen al hombre en un mundo físico. Todo se hace siguiendo los dictados del intelecto o del sentimiento. El espíritu ha perdido su poder y su sensibilidad, como si estuviera totalmente dormido. El instinto que aún tenga para conocer y servir a Dios está completamente paralizado. Permanece en coma como si no existiera. Es a esto que se refiere Judas 19 cuando dice «natural, sin espíritu» (literal). Claro está que esto no significa que el espíritu humano deje de existir, porque Números 16:22 afirma claramente que Dios es «el Dios de los espíritus de toda carne». Todo ser humano sigue poseyendo un espíritu, aunque está oscurecido por el pecado y es impotente para tener comunión con Dios.
Aunque este espíritu esté muerto para Dios, puede permanecer tan activo como la mente o el cuerpo. Dios lo considera muerto, pero todavía es muy activo en otros aspectos. En ocasiones el espíritu de un hombre caído puede incluso ser más fuerte que su alma o su cuerpo y puede conseguir el dominio sobre todo el ser. Estas personas son «espirituales», de la misma manera que la mayoría de las personas son anímicas o físicas en su mayor parte porque sus espíritus son más grandes que los de la gente corriente. Éstos son las brujas y los hechiceros. Es cierto que mantienen contacto con el mundo espiritual, pero lo hacen por medio de espíritus diabólicos, no por el Espíritu Santo. De este modo, el espíritu del hombre caído se alía con Satanás y sus espíritus diabólicos. Está muerto para Dios, pero ciertamente muy vivo para Satanás y sigue a los espíritus diabólicos que trabajan en él.
Al ceder a las exigencias de sus pasiones y deseos carnales el alma se ha convertido en esclava del cuerpo, de manera que el Espíritu Santo no tiene oportunidades para luchar con miras a recuperarla para Dios. Por eso la Biblia afirma: «Mi Espíritu no instará al hombre siempre, porque ciertamente es carne» (Gn. 6:3). La Biblia dice de la carne que es el compuesto del alma no regenerada y de la vida física, aunque la mayoría de las veces señala al pecado que está en la carne. Una vez que el hombre está bajo el dominio de la carne no tiene ninguna posibilidad de liberarse. El alma ha sustituido a la autoridad del espíritu. Todo se hace independientemente y según los dictados de su mente. Incluso en asuntos religiosos, en la más apasionada búsqueda de Dios, todo se lleva a cabo con la fuerza y la voluntad del alma del hombre, carente de la revelación del Espíritu Santo. El alma no es simplemente independiente del espíritu, sino que además está bajo el control del cuerpo. Se le pide que obedezca, que ejecute y que satisfaga los deseos carnales, las pasiones y las demandas del cuerpo. Así pues, todo hijo de Adán no sólo está muerto en su espíritu, sino que también es «de la tierra, un hombre de polvo» (1 Co. 15:47). Los hombres caídos están bajo el dominio total de la carne, actuando en respuesta a los deseos de su vida anímica y de sus pasiones físicas. Son incapaces de tener comunión íntima con Dios. A veces desarrollan su intelecto, en otras ocasiones su pasión, pero lo más frecuente es que desarrollen tanto su intelecto como su pasión. Sin estorbos, la carne controla firmemente a todo el hombre.
Esto es lo que se expone en Judas 18 y 19: «burladores, persiguiendo sus propias lujurias e impiedades. Éstos son los que se han apartado, hombres naturales, sin espíritu». Ser anímico es contrario a ser espiritual. El espíritu, nuestra parte más noble, la parte que puede unirse a Dios y que debería gobernar al alma y al cuerpo, ahora está bajo el dominio del alma, esa parte de nosotros que es mundana en sus motivos y en sus metas. El espíritu ha sido desposeído de su posición original. La condición actual del hombre es anormal. Por eso se le describe como si no tuviera espíritu. El resultado de ser anímico es volverse escarnecedor, perseguir pasiones impías y crear divisiones.
1 Corintios 2:14 habla de estas personas no regeneradas de la siguiente manera: «El hombre natural (anímico) no recibe los dones espirituales de Dios porque para él son locura, y no puede comprenderlos porque se disciernen espiritualmente.» Estos hombres se encuentran bajo el control de sus almas y con sus espíritus reprimidos contrastan totalmente con las personas espirituales. Pueden ser portentosamente inteligentes, capaces de presentar ideas y teorías con autoridad, pero no admiten las cosas del Espíritu de Dios. No están capacitados para recibir la revelación del Espíritu Santo. Esta revelación es absolutamente diferente de las ideas humanas. Los hombres pueden pensar que el intelecto y el razonamiento humanos son todopoderosos, que el cerebro puede comprender todas las verdades del mundo, pero el veredicto de la Palabra de Dios es: «vanidad de vanidades».
Mientras el hombre está en su estado anímico a menudo percibe la inseguridad de esta vida y en consecuencia busca la vida eterna del mundo venidero. Pero incluso si lo hace sigue sin poder desvelar la Palabra de vida con sus muchos razonamientos y teorías. ¡Qué poco dignos de confianza son los razonamientos humanos! Con frecuencia observamos cómo personas muy inteligentes chocan en sus diferentes opiniones. Las teorías conducen fácilmente al hombre al error. Son castillos en el aire que lo hunden en la oscuridad eterna.
Qué cierto es que sin la guía del Espíritu Santo el intelecto no solamente es poco de fiar sino que es extremadamente peligroso, porque frecuentemente confunde lo bueno y lo malo. Un ligero descuido puede provocar, no simplemente una pérdida temporal, sino incluso un daño eterno. La mente oscurecida del hombre frecuentemente le lleva a la muerte eterna. Si las almas no regeneradas pudieran verlo, ¡qué bueno sería!
En tanto que el hombre es carnal lo puede controlar otra cosa además del alma: también puede estar bajo la dirección del cuerpo, porque el alma y el cuerpo están fuertemente entrelazados. Como el cuerpo de pecado abunda en deseos y pasiones, el hombre puede cometer los pecados más espantosos. El cuerpo está hecho del polvo de la tierra y por eso su tendencia natural es hacia la tierra. La introducción del veneno de la serpiente en
el cuerpo del hombre convierte todos sus deseos legítimos en deseos carnales. Una vez que el alma ha cedido ante el cuerpo al desobedecer a Dios, se encuentra obligada a ceder siempre. Los bajos deseos del cuerpo pueden de ese modo expresarse a través del alma. El poder del cuerpo se vuelve tan abrumador que el alma no puede hacer otra cosa que convertirse en una esclava obediente.
El plan de Dios para el espíritu era que tuviese la preeminencia, que gobernase nuestra alma. Pero una vez que el hombre se vuelve carnal, su espíritu queda esclavizado al alma. La degradación aumenta cuando el hombre se vuelve «corporal» (del cuerpo), porque el cuerpo, que es más bajo, asciende hasta ser el soberano. Entonces el hombre ha descendido del «control del espíritu» al «control del alma», y del «control del alma» al «control del cuerpo». Cada vez se hunde más y más. Qué lamentable ha de ser cuando la carne consigue el dominio.
El pecado ha dado muerte al espíritu: por eso la muerte espiritual alcanza a todos, porque todos están muertos en pecados y transgresiones. El pecado ha vuelto independiente al alma: en consecuencia la vida anímica no es más que una vida egoísta y obstinada. Finalmente el pecado ha dado plenos poderes al cuerpo: por consiguiente, la naturaleza pecadora reina por medio del cuerpo.

-Watchman Nee
De su libro: “El hombre espiritual”
Parte 2

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Nunca llames “Pastor” a un hombre.

Nunca llames “Pastor” a un hombre.
(A menos que seas un idolatra)
Las Sagradas Escrituras son muy claras en este tema. Siempre que menciona los miembros del cuerpo de Cristo y sus dones lo hace en plural, nunca en singular.
La única Persona que merece ese titulo es nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El dijo: “Yo Soy el Buen Pastor”, en singular, porque no hay otro.
Si llamas “pastor” a tu hermano, deberías llamar a otro hermano “anciano”, a otro ” evangelista”, a otro “maestro”, etc. Y Jesús dijo específicamente que no llamemos maestro ni padre a nadie en la tierra, porque Uno es nuestro Maestro y Padre, el Cristo.
Cada iglesia local debería tener como mínimo dos pastores, dos maestros, dos ancianos, etc.
Si donde te congregas existe un solo pastor y líder, tendréis problemas porque esa es la manera en que opera y funciona el mundo.
La figura de un solo pastor va en contra del ADN de la Iglesia y sigue los caminos paganos de la católica romana. El pastor único que hoy vemos en muchas iglesias es el enemigo del funcionamiento de cada miembro porque el toma un poder y una autoridad que solo le corresponde a nuestro Señor Jesucristo y a la guía de Su Santo Espíritu.
José Torres Arjona
Estamos en salvoporgracia.com, donde la Persona de Jesucristo es el Pastor y el Maestro de Sus ovejas y de Su Iglesia!!!

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“Y no borraré su nombre del libro de la vida”

Jesús dijo estas palabras a los hermanos de la Iglesia de Sardis.
“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida” Apocalipsis 3

No parece que sea una gran promesa para lo que no luchan y vencen en su vida de fe. Si crees que una oración y una fe que viviste hace años te convirtió en una persona salva del infierno y apta para el reino, ¿Qué sentido tienen estas palabras de Jesús diciendo que puede borrar nuestro nombre del Libro de la Vida?

Lo cierto es que hemos sido engañados con esta falsa doctrina y con esta falsa promesa que no aparece en ninguna parte de las Sagradas Escrituras: “Una vez salvo, siempre salvo.”

Los pastores asalariados nos pusieron a dormir con la sintonía de esa frase. Nos dijeron que pase lo que pase y hagas lo que hagas, somos salvos porque el “dios amor” todo lo acepta, y todo lo perdona, y nos recibe tal y como somos, porque “conoce las intenciones de nuestro corazón”
Y así, esta doctrina de demonios destruye la fe y la carrera de millones de creyentes que cayeron en el engaño.

El infierno es real. La gente que tiene sexo con otras personas fuera de su matrimonio va allí por la eternidad. Los que idolatran a sus líderes y los que mienten irán allí.

La gran amyoría de las personas que sufren en ese lugar estaban totalmente sorpredidos de su destino. Jamás pensaron que sufrirían ese castigo porque estaban confiados en las doctrinas de sus líderes y sus organisaciones.

Queridos hermanos y hermanas, necesitamos el temor de Dios, porque el temor de Dios es el principio de la sabiduría. La sabiduría para conocer a nuestro Dios, para reconocer nuestros pecados, para arrepentirnos, y para pedirle al Santo Espíritu de Dios que abra nuestros ojos y podamos ver al Hijo.

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Los hombres de Dios

“Y conocerás la Verdad…
Y la Verdad te hará libre.”
-Jesús

Por mares desconocidos,
a la voz de Su voluntad,
los hombres de fe alzan vela;
mientras los hombres vencidos,
con el corazón medroso
siguen por la trillada estela.

Los hombres de fe hacen frente
a ira humana y endiablada;
los derrotados consienten
en seguir la senda trillada.

Del vencido es la senda vulgar,
que recorre con paso discreto;
con el alma abatida él avanza
destinado a morar con los muertos.

Mas los hombres de fe abren Camino,
se arriezgan a cruzar la mar,
y no temen romper tradiciones
para dar a los cautivos libertad.

-Thomas Wyatt

“Si el Hijo os libertare…
Seréis verdaderamente libres.”
-Jesús

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Este hombre cristiano sorprendió a todos en el funeral de su esposa

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No somos “La gente del Libro”

En ocasiones, a los cristianos nos llaman “La gente del Libro,” refiriéndose a la Biblia. Pero para ser honestos y veraces con el mensaje que contiene el mismo libro, deberíamos ocuparnos con la Persona-Jesucristo. La razón por la que tenemos nuestra vista puesta en la Escritura es porque tenemos puestos los ojos en Jesús, y las dos visiones nunca deberían ir separadas.
En el último día de su vida en la tierra, Jesús estaba delante del gobernador provincial romano, Poncio Pilatos, y era interrogado. “Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad.” Dijo Jesús.
Pilatos le respondió: ¿Qué es la verdad?
Jesús no contestó a su pregunta porque Pilatos estaba delante de la Verdad Personificada, la Verdad encarnada, y la estaba mirando, pero no la reconocía. Y es que, La Verdad no es un libro, una denominación, un credo, o una liturgia. La Verdad es una Persona. Y Su Nombre es Jesús.
Por ello, el cristianismo no se fundamenta por la guía de un libro. Todo se trata de seguir a una Persona y vivir mediante Su vida en nuestro interior. La librería divinamente inspirada a la que llamamos la Biblia, nos ayuda a seguir a esa Persona porque da testimonio de ella.
La Biblia no nos ofrece un plano o un camino para nuestra vida. Las “Buenas Nuevas” no eran una nueva lista de leyes o una serie de valores éticos mejorados, o un plan con los últimos avances en el comportamiento humano. El Evangelio es una Persona, las Buenas Nuevas es la historia de la Vida de esa Persona, como se refleja en el credo de los apóstoles, donde el misterio de la fe proclama la narrativa, “Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá de nuevo.”
La Palabra escrita en la Escritura es un mapa que nos ayuda a alcanzar la Palabra Viva. O como Jesús mismo dijo: “¡Las Escrituras dan testimonio de Mí!”.
Cada parte del texto sagrado respira el mismo oxígeno, Cristo Jesús. Así pues, la Biblia no es nuestro destino, la Biblia es una brújula que apunta a Jesucristo, la Estrella Polar del Cielo.

Del libro “Jesus Manifesto”
Por Leonard Sweet y Frank Viola

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