Abandonando el individualismo

Cuando Dios revela a nuestros corazones la realidad de Su iglesia, nosotros abandonamos nuestro individualismo. El individualismo y la independencia son contrarios a vivir en el cuerpo de Cristo y la manifestación del Señor Jesús en forma corporativa. Tal como hemos visto, Dios busca obtener una forma corporal o corporación – no un individuo – que exprese a Su Hijo. La Biblia claramente enseña que la iglesia es una familia.
Consideremos los siguientes pasajes mostrando que el cuerpo de Cristo es uno:
1 Corintios 10:17 “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan.”
Romanos 12:5 “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”
1 Corintios 12:12 “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.”
1 Corintios 12:20 “Pero ahora son muchos los miembros, aunque el cuerpo es uno solo.”
La singularidad de la iglesia está basada en la realidad de que todos somos y formamos parte del cuerpo de Cristo y, en consecuencia, compartimos la misma vida. Ya hemos visto que por medio de la muerte de un grano (Cristo), muchos granos (creyentes) han crecido. Sin embargo, por medio del ministerio del Espíritu Santo, todos los granos (creyentes) se convierten, de nuevo, en un grano (la Iglesia).
1 Corintios 12:13 “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” Esta es una verdad muy significativa. Puesto que nosotros, individualmente como creyentes podemos, de alguna manera expresar a Cristo hasta cierto punto, es solamente la iglesia corporativa la que puede mostrar la plenitud de Cristo. Como hijos individuales de Dios, nosotros podemos expresar la vida de nuestro Padre. Sin embargo, como iglesia, corporativamente, manifestamos las insondables riquezas en Jesucristo.
Efesios 1:23 “La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”
Por tanto, como miembros del cuerpo de Cristo, nunca podemos convertirnos en individualistas o independientes unos de otros. Cristo nunca podrá ser plenamente manifestado a través de nosotros como individuos. Él solamente puede ser manifestado plenamente por medio de Su expresión corporal. Dios ha ordenado que cada miembro de la iglesia funcione y crezca para suplir su parte de Cristo.
En la primera epístola a los corintios, capítulos 12 al 14, Pablo enseña que el propósito del cuerpo es el de funcionar y servir. Nadie en la iglesia puede estar pasivamente, sino que todos han de ser sacerdotes y sirvientes. 1 Pedro 2:5,9 “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”
Si uno de los miembros del cuerpo, de mi cuerpo físico, es pasivo y no funciona, todo el cuerpo sufre. De igual manera, la pasividad entre los creyentes merma al cuerpo de avanzar y expresar a Cristo. La Biblia claramente pone en movimiento el hecho de que cada miembro ha de servir en la iglesia.
1 Corintios 14:26 “Entonces, hermanos, ¿qué podemos decir? Cuando os reunís, CADA UNO DE VOSOTROS tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”
Efesios 4:16 “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”
Hebreos 10:25 “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
Tal como muestran estos pasajes, el ministerio en la iglesia local tiene que venir de todo el cuerpo. “Cada uno de vosotros” debería ser la marca en las reuniones de la iglesia. El propósito de reunirse es para que los santos den activamente, no para que reciban pasivamente. Dios ha ordenado que el cuerpo de Cristo crezca y aumente por medio de lo que cada una de las coyunturas pueda proveer individualmente.
Efesios 4:15,16 “Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”
Colosenses 2:19b “… en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.”
Por tanto es imperativo para la vida de la iglesia, que cada miembro funcione y ministre de acuerdo a la parte que cada uno ha recibido del Señor. En la presente situación de hoy, la mayor parte de las iglesias alientan la pasividad entre los santos. Solamente unos cuantos elegidos llevan los títulos para llevar a cabo todo el ministerio, en la manera que los demás santos permanecen pasivos. (Por supuesto, se les incentiva a que sirvan activamente fuera de las reuniones de la iglesia en forma tal como las escuelas dominicales o el cortar el césped).
La iglesia del Nuevo Testamento nunca visualiza un sistema donde un pastor y unos clérigos dirigen el ministerio. El patrón bíblico siempre ha sido, que cada miembro de la iglesia funcione en las sus reuniones. (Para más detalles en el ministerio de la iglesia primitiva vea nuestro libro, Rehaciendo los odres).
No hay cabida para “gigantes espirituales” en la iglesia de Dios. Todo ha de ser mutuamente dependiente unos de otros – todo ha de ser visto y mostrado en la profunda necesidad de los hermanos.
1 Corintios 12:21-22 “Ni el ojo puede decir a la mano: «No te necesito», ni tampoco la cabeza a los pies: «No tengo necesidad de vosotros». Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios.”
El funcionamiento de nuestros cuerpos físicos está basado en el principio de la dependencia mutua. Cada uno de ellos dependen unos de otros para el funcionamiento de todo el cuerpo. Lo mismo ocurre a la iglesia. Para que Cristo pueda ser manifestado, cada miembro del cuerpo tiene que depender de los demás miembros para su alimentación. La palabra griega para “iglesia” es ekklesia, y es generalmente traducida como “asamblea”.
Ensamblar algo es como el juntar o unir partes con objeto de producir un todo. En esencia, la iglesia está constituida por el ensamblaje de todas las partes que forman el cuerpo de Cristo. El resultado de tal ensamblaje es la manifestación plena del Señor Jesús. Si los miembros no funcionan, Cristo no podrá ser expresado en Su plenitud.
El deseo de Dios es que todos los miembros del cuerpo expresen a Cristo en unión. Recordemos que el propósito eterno de Dios: asegurarse un grupo de personas que expresen Su imagen y sean portadores de Su autoridad en la tierra. En la medida que comenzamos a pensar en el cuerpo, y no en nosotros mismos, Cristo tomará preeminencia en Su iglesia. Y Él se manifestará en plenitud. Dios quiere que todos lleguemos a conocer y depender de la vida del cuerpo, de tal manera que nos demos cuenta plenamente del propósito eterno de Dios expresando a Su Hijo en forma corporativa. En la medida que abandonamos nuestro individualismo e independencia, Jesucristo podrá manifestarse en persona por medio de Su Cuerpo. Muchos Hijos en la Gloria.
Romanos 8: 29-30 “A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, A ESTOS TAMBIÉN GLORIFICÓ.”
El fin de la obra de Dios en el hombre es la glorificación. Como hemos dicho, El propósito de Dios es conformarnos en la imagen de Su Hijo glorificado, haciendo de Él el primogénito de muchos hermanos glorificados. De acuerdo con el pasaje anterior, el proceso por el cual Dios trabaja en el hombre es, en primer lugar, predestinarnos como ahijados (Efesios 1:4), llamarnos (2 Tesalonicenses 2:14), justificarnos (Romanos 3:24) y finalmente glorificarnos.
Efesios 1:4 “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él.”
2 Tesalonicenses 2:14 “Para esto él os llamó por medio de nuestro evangelio: para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.”
Romanos 3:24 “Y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.”
En Romanos también leemos… Romanos 3:23 “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”
El fin de Dios para el hombre es la gloria. Bajo la perspectiva divina, el pecado es lo que causó al hombre perder para lo que fue creado: la gloria. ¿Qué es exactamente la gloria? Gloria puede ser definida como la más alta expresión de una vida. Veamos una flor en sentido figurativo. Cuando la semilla de una flor se planta y adquiere una raíz, se convierte en una vida. Sin embargo, su última expresión se alcanza solamente cuando florece. A pesar de que, al germinar, es una vida, solamente es glorificada cuando la flor se abre en toda su plenitud.
De igual forma, nosotros creyentes en Cristo, poseemos la vida de Dios. Sin embargo, cuando maduremos plenamente, expresaremos esa vida en su último grado. Esto ocurrirá cuando resucitemos. La resurrección en la gloria es representada simbólicamente en las Escrituras como la cosecha – pues la planta es cosechada en plena madurez.
Mateo 13:39 “El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.”
Apocalipsis 14:15 “Y otro ángel salió del templo gritando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: ¡Mete tu hoz y siega, porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura!”. Gloria es entonces, la vida Divina en su más plena y pura expresión.
1 Juan 3:2 “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como Él es.” “Porque tenemos la vida eterna de Dios habitando en nosotros, somos hijos de Dios” (1 Juan 3:15). Pero cuando seamos glorificados, a la llegada del Señor, nuestra hijedad será manifestada plenamente. (Romanos 8:19). Esto es la adopción.
De igual forma, Cristo era el Hijo de Dios cuando Él caminó en la tierra. Su hijedad no fue plenamente manifiesta hasta que fue resucitado y glorificado. Romanos 1:4 “Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos.” La meta de Dios para el hombre es que últimamente él exprese en forma corporativa a Jesucristo. Es traer a Cristo en su plena expresión por medio de Su iglesia. Esta meta se realiza por medio de la glorificación – puesto que la más alta expresión de Cristo por medio de la humanidad será llevada a cabo por medio de Su iglesia. Esta meta se realizará por medio de la glorificación – puesto que la más alta expresión de Cristo por medio de la humanidad se llevará a efecto cuando seamos glorificados.
Romanos 8:19-23 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Por tanto, también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”
Consideremos también… Hebreos 2:10-11 “Convenía a aquel por cuya causa existen todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten que, habiendo de llevar MUCHOS HIJOS A LA GLORIA, perfeccionara por medio de las aflicciones al autor de la salvación de ellos, porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.” El propósito de Dios es traer a “muchos hijos a la gloria” como la manifestación plena de Su Hijo.
Colosenses 1:25-27 “De ella fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos. A ellos, Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que ES CRISTO EN VOSOTROS, LA ESPERANZA DE GLORIA.”
Estos versículos nos traen a este camino. Aquí Pablo describe el eterno propósito como un misterio que ha sido escondido por el tiempo por generaciones. Este misterio, que ahora es revelado, es “Cristo en vosotros, esperanza de gloria”. La frase de “Cristo en vosotros” se refiere al implante de la vida de Dios en
nosotros, en tanto que la frase “esperanza de gloria” se refiere a la esperanza de resurrección – a la cual apunta la vida de Cristo en nosotros cuando alcance su última expresión. En tanto que la vida de Cristo está marcada por la Iglesia, la gloria es su herencia.
Va más allá de la compresión humana el entender las increíbles alturas a las que Dios exaltará a Su iglesia. Nosotros somos participantes de Su misma gloria. Juan 17:22 “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” Seamos exhortados por las palabras de Pablo cuando dice…
2 Corintios 4:17 “Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. Hermanos y hermanas, cuando nosotros tomamos nuestro destino, tendremos paciencia para correr la carrera que está frente a nosotros. El destino produce disciplina. Al igual que el
Señor Jesús no se diluyó en Su mente al ver la gloria que seguiría a la cruz, de igual forma nosotros tenemos que mantenernos firmes con Cristo cuando nos aferramos a nuestro destino.
Hebreos 12:1-3 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Pablo dice que “somos salvos por nuestra esperanza”. Esta esperanza es la de la resurrección.
Romanos 8:23-25 “Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.”
Dios, en verdad, nos ha destinado para que seamos herederos de Su indescriptible gloria.
1 Tesalonicenses 2:12 “Y os encargábamos que anduvierais como es digno de Dios, que OS LLAMÓ A SU REINO Y GLORIA.”
2 Tesalonicenses 2:14 “Para esto él os llamó por medio de nuestro evangelio: para alcanzar LA GLORIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”
Efesios 1:18 “Que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, cuáles LAS RIQUEZAS DE LA GLORIA DE SU HERENCIA en los santos.”
2 Timoteo 2:10 “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús CON GLORIA ETERNA.”
1 Pedro 5:10 “Pero el Dios de toda gracia, que NOS LLAMÓ A SU GLORIA ETERNA EN JESUCRISTO, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”
2 Pedro 1:3 “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que NOS LLAMÓ POR SU GLORIA y excelencia.”
Apocalipsis 21:10-11 “Me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto y me mostró la gran ciudad, la santa Jerusalén, que descendía del cielo de parte de Dios. TENÍA LA GLORIA DE DIOS y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.”
Efesios 5:27 “A fin de presentársela a sí mismo, UNA IGLESIA GLORIOSA, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha.”
Romanos 8:17 “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que JUNTAMENTE CON ÉL SEAMOS GLORIFICADOS.”
Del libro: “El Eterno Propósito de Dios”
– Frank Viola
En salvoporgracia.com, Cristo es ¡¡¡Suficiente e Inagotable!!!

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No hay nadie como Jesús, ¿Lo conoces?

No hay nadie como Jesús. Nunca ha existido y nunca existirá nadie como Él.
Vamos a ver alguna de esas particularidades que hacen de Jesús alguien totalmente diferente y único entre todos los seres humanos. Realidades que lo separan, lo distinguen y lo hacen totalmente diferente de personas como Buda, Mahoma, Confucio y todos los demás.
Con esto demostraremos que la Persona de Jesús no puede mezclarse ni compararse con nadie. Su Persona pertenece a una categoría única y exclusiva de todas las demás conocidas y por conocer.
-Lo primero es la forma en que vino a este mundo. Fue extraordinaria. Él fue la única Persona que nació sin el acto sexual entre un hombre y una mujer. María, su madre, era virgen cuando nació Jesús y no había conocido varón.
-Nueve meses antes de Su nacimiento ocurrió algo totalmente único y anormal, Su concepción. Un gran milagro ocurrió en ese momento, un evento sobrenatural y único en la historia. El Espíritu Santo vino sobre María y el poder del Altísimo la cubrió con Su sombra; por eso el Santo Niño que nació sería llamado Hijo de Dios.
-Jesús es el única Persona en este mundo que decidió nacer. Yo no lo decidí, ni tu tampoco. No escogimos a nuestros padres, ni decidimos nacer en cierto país o con cierto estatus social. Pero Jesús lo hizo, escogió nacer, y escogió cada particularidad de su nacimiento. Por eso mismo, Él nunca dijo: “Yo he nacido”, por el contrario, siempre decía: “Yo he venido”, “El Padre me ha enviado”, o “He decidido venir”. Y vez tras vez repetía: “He sido enviado por Dios, Mi Padre”. Estas dos frases: “He venido” y He sido enviado” son únicas y exclusivas en Jesús. Él es el único ser humano que decidió venir y nacer en este mundo y nos dijo la razón de esa decisión y el propósito de la misma para descender y convertirse en un ser humano como nosotros.
-Tenemos su niñez como única en la historia. Considerando que es la Persona más conocida y reconocida en el mundo, toda su infancia y su adolescencia permanece oculta para nosotros. No sabemos caso nada de los primeros 30 años de Su vida, un increíble velo la oculta. No sabemos nada de Él, excepto por una ocasión, a la edad de 13 años. Y algo extraordinario ocurrió en ese tiempo.
Era costumbre judía que cada joven varón, a esa edad, dejara de lado los juegos infantiles, dejaba de viajar y acompañar a su madre, y empezara su vida como adulto acompañando a su padre y siendo un ayudante y aprendiz en su trabajo. Era una transición social donde dejaba las cosas de niño para convertirse en un hombre. Un acontecimiento muy importante, y un orgullo en la vida de los judíos varones.
En los viajes familiares, las mujeres y los niños se adelantaran en el camino para que al llegar a su destino prepararan el campamento y la comida justo antes de la llegada de los hombres. Ellos fueron a Jerusalén para la fiesta cuando Jesús tenía 12 años, por lo cual, en su viaje, Él caminaba con su madre y otras mujeres de la familia. Pero, al cumplir los trece años en Jerusalén y convertirse en un hombre, se suponía que Jesús debía volver a casa caminado con Su padre y con los demás varones.
Cuando en su retorno al hogar montaron las tiendas a medio camino de su casa y llegó José sin Jesús todos se sobresaltaron, Jesús se había perdido. José pensaba que por la fuerza de la costumbre Jesús había caminado con su madre, y María pensaba que esta con José por el cambio cultural acontecido donde Jesús pasaba de ser niño a ser hombre.
Volvieron a Jerusalén y lo buscaron hasta encontrarlo en el templo.
“Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los
doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles.
Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.
Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? (Lucas 2)
Al cumplir esa edad adulta, Jesús sabía que era totalmente diferente a todas las demás personas, sabía que Dios era Su Padre en el sentido real y literal. Jesús sabía que no habría nacido sin Dios, Su Padre, y que José era sólo su padrastro.
Y así, este pequeño acontecimiento a la edad de 12 años hace de Jesús alguien totalmente diferente e incomparable al resto de los mortales. Jesús sabía que sin Dios Él nunca habría nacido.
A la edad de 30 años empezó su ministerio público. Tenemos Sus milagros, las cosas que hizo, tenemos Su moralidad, Sus valores como Persona, Y tenemos Sus Palabras, lo que dijo, y Su Mensaje. Y estas tres cosas son las que resumen Su Unicidad como Persona en este mundo.
Exponemos esta información por la historia que tenemos de las personas que lo conocieron y vivieron con Él, y tenemos que decidir si aceptamos los testimonios de esas personas o los rechazamos, pero lo que no podemos hacer es seleccionar unas partes sobre otras según nuestros deseos personales. No es algo para escoger según nuestra conveniencia. Aceptas todos los testimonios y relatos de los que escribieron sobre Él o lo rechazas enteramente. No existe término medio con Jesús.
Lo primero que leemos es sobre Sus milagros. Tenemos incluso escritos de varios historiadores de la época que exponen Sus hechos milagrosos. Curó a los enfermos, echó fuera demonios, y aunque eso es algo que otros también hicieron o hacen en la actualidad, también resucitó a algunos de entre los muertos, y en el caso de su amigo Lázaro, lo resucitó después de cuatro días, cuando ya su cuerpo había empezado la descomposición.
También hizo milagros en cosas. Transformó el agua en vino, alimentó a miles con la comida de un niño, y sobre todo, controlaba la meteorología mediante una Palabra suya. Él dio orden a la tormenta y ésta obedeció, consiguiendo salvar la vida de sus discípulos en alta mar.
En otra ocasión se acercó hambriento a una higuera esperando encontrar unos higos para comer, no fue así y maldijo al árbol. A la mañana siguiente la higuera estaba seca desde sus raíces. Y todas estas cosas las hizo mediante Su Palabra.
Podemos creer o rechazar estos hechos, pero no podemos escoger las partes que queremos creer y rechazar el resto. Con Jesús en todo o es nada.
Si pasamos de lo que hizo, a lo que era, encontramos algo extraordinario en Jesús. Nadie, absolutamente nadie, fue capaz de hacer una crítica negativa contra Él por haber errado o haber cometido alguna falta. Y eso lo encontramos en Sus propias Palabras cuando le dijo a sus peores enemigos. “¿Quién de vosotros me acusa de pecado?, ¿Quién encuentra en Mi falta alguna? Desde luego yo no me atrevo a decir esto ni siquiera a mi mejor amigo, y decirlo a tus peores enemigos es algo único y sorprendente. Leemos que “…Hubo silencio entre ellos, porque no lograban encontrar nada para usar en su contra.”
Puedes encontrar faltas, errores y pecados en todos los fundadores de las religiones que existen actualmente en el mundo, pero nadie, absolutamente nadie, puede decir absolutamente nada en contra de la Persona de Jesús. Él, literalmente, era Perfecto, eso es algo extraordinario. Y esa realidad fue reconocida, no solo por cristianos, sino por mucha otra gente de su época, quienes nunca pudieron encontrar una sola falta en Él.
Y así, la vida de Jesús estaba marcada por estos dos factores impresionantes acerca de Jesús que lo hicieron único y exclusivo en la raza humana.
Primero tenemos los milagros que hizo y segundo la moralidad con la que vivió Su vida. Incluso la gente que vivió junto a Él, se sentó en la misma mesa y comió la misma cena, se sentían “sucios” en Su presencia; como en el caso de unos de sus más cercanos amigos que le dijo: “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.” Esa era la forma en que reaccionaban al vivir con alguien que era totalmente Puro, totalmente Bueno, y totalmente Justo. Eso te hace sentir vergüenza de ti mismo y ese era el sentir de las gentes, incluso en el caso de aquellos que lo conocían de forma íntima y personal viviendo con Él durante tres años.
Y aquí una gran pregunta acerca de Jesús: ¿Cómo es posible que un hombre que únicamente hizo el bien a todos y que vivió con semejantes valores, en solo tres años de su vida pública fue ejecutado como un peligroso criminal?
Todo el mundo conoce estos hechos, todos saben que en tres años Él terminó colgado en una cruz bajo la acusación de ser una persona demasiado peligrosa como para permitirle que siguiera viviendo. ¿Por qué?
Sócrates, uno de los mayores filósofos de la historia dijo unos años antes de Cristo: “Si un día apareciera un hombre perfecto en este mundo, lo matarían.” Él reconoció que semejante persona viviendo en este mundo corrupto y decadente sería tal desafío para los demás, que en sus conciencias lo odiarían por ello. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Pero aún debemos preguntarnos cómo fue posible que Jesús sufriera los graves cargos criminales contra Su Persona. Eso es inexplicable, como bien dijo Pedro, uno de sus discípulos: “Él fue por todo lugar haciendo el bien.” Y era Bueno, e hizo lo bueno en toda Su vida.
Así pues: ¿Cuál fue la causa por la que lo mataron de forma tan prematura?La respuesta la encontramos en lo que Jesús dijo. No en lo que hizo, no en lo que era, ni en la forma en que vivió. La respuesta está en lo que dijo, y cuando consideramos Su mensaje entendemos la razón por la que decidieron asesinarlo.
Podemos dividir Sus enseñanzas en dos vertientes. Tenemos Sus enseñanzas a otras personas, enseñándoles como vivir, y Sus enseñanzas acerca de Él mismo. Y fue esta segunda, la que provocó la ira de los que lo mataron.
Sus enseñanzas para los demás han sido reconocidas mundialmente como los valores morales más altos por los que un ser humano puede vivir. Incluso personas que no son cristianas lo admiten.
La gente sabe que el sermón de la montaña contiene los valores y la moralidad más alta que nadie puede encontrar, y si el mundo viviera según ese estándar, viviríamos en una sociedad maravillosa, pero también sabemos que esa meta no es posible para el ser humano, nuestra naturaleza natural no concibe esos valores divinos a menos que sea Dios mismo el que obra a través de nuestra vida.
En sus palabras no hay espacio para el odio, o el rencor, o la venganza para nadie, ni siquiera para la gente que nos ofende, o nuestros enemigos. Todos sabemos que esa meta es demasiado alta para que el ser humano la alcance sin intervención divina en nuestros corazones. Jesús decía, “La ley dice: ‘No matarás’, pero Yo os digo: si insultas a tu hermano ya eres culpable de asesinato. Y la ley dice ‘No tomarás la mujer de tu prójimo’, pero Yo os digo: si la miras con lascivia ya has cometido adulterio en tu corazón.”
Es un hecho, Sus palabras contenían la moralidad y los valores más altos que jamás el mundo haya conocido.
Grandes personajes mundiales como Gandhi y otros lo reconocieron y trataron de poner en práctica Sus enseñanzas en las relaciones humanas. Gandhi logró la independencia de su país siguiendo la “no violencia” que leemos en el Evangelio, aunque no era perfecto y no vivió en concordancia con sus enseñanzas como ningún otro ser humano lo ha logrado por sus propios medios. Jesús fue el único que logró vivir su vida a ese nivel divino mientras lo compartía y lo enseñaba a otros.
Pero fue lo que dijo sobre sí mismo lo que le ocasionó los mayores problemas. Él dijo cosas sobre Su Persona que nadie jamás ha dicho ni puede decir. Y son esas proclamaciones sobre sí mismo lo que hace que Jesús sea absolutamente único en la historia de la humanidad. Y eso hace imposible que podamos compararlo, o unirlo a cualquier religión del mundo, porque el cristianismo es Cristo, no es una religión, ni una doctrina, ni una enseñanza. No es una religión, sino una relación íntima y personal entre la criatura y Su Creador, entre el hombre y Su Señor, entre el que agoniza y Su Salvador.
Y surge la pregunta: ¿Cómo vas a tener una relación con alguien que murió hace dos mil años? Eso no es posible, porque cuando alguien muere, se termina la relación.
Esa realidad se cumple con todos los seres humanos que fundaron todas las religiones que existen en el mundo. No puedo tener una relación con Mahoma, ni con Buda, ni Confucio, porque todos ellos murieron y todo se terminó. Todo lo que puedo hacer es tratar de leer sus escritos, tratar de aprender sobre ellos y ponerlos en práctica, eso es todo.
Sin embargo, con Jesús es totalmente diferente. Millones de personas en todo el mundo han tenido y siguen teniendo una relación íntima y personal con Jesús desde lo más profundo de sus corazones, de manera que han nacido de nuevo y son nuevas criaturas en Cristo Jesús Señor nuestro.

(Dios mediante, por Su Gracia, continuaremos la traducción de este precioso texto)

Por David Pawson
(Traducido de inglés por José Torres Arjona)
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¿Dónde está la profecía para hoy con respecto a la iglesia?

Cuando leemos las primeras siete epístolas de Pablo, no encontramos ninguna profecía en ellas. Puede parecernos que hay varias profecías en el capítulo trece de Mateo, pero ninguna de ellas da suficientes detalles con respecto a la iglesia, ni tampoco es lo suficientemente clara al respecto, debido a que se refieren a la apariencia externa del reino de los cielos. Por tanto, podríamos decir que únicamente en Apocalipsis 2 y 3, donde encontramos las últimas siete epístolas, se nos muestra claramente las profecías con respecto a la iglesia y todas ellas se han cumplido.
Por medio de estas siete epístolas, el Señor ha querido dirigirnos con respecto a cómo llegar a ser vencedores. El Señor nos está indicando precisamente cómo debemos comportarnos a fin de vencer; por lo cual, mediante el cumplimiento de estas epístolas, Él nos muestra cómo llegar a ser un vencedor en este mundo. Por tanto, esto se relaciona con la manera en que cada uno de nosotros se conduce.
Al considerar estas siete epístolas en su conjunto, veremos que cada una de ellas se divide en cuatro secciones. Desde la primera hasta la última, todas ellas se parecen entre sí.
En primer lugar aparece el nombre del Señor, después se describe la condición de la iglesia y la recompensa a los vencedores y, finalmente, el llamamiento a aquel que tiene oídos. En cada una de estas epístolas, el Señor nos muestra quién es Él, en qué condición se encuentra la iglesia, qué le dará a aquel que venza y, luego, Él hace un llamado a todo el que tiene oídos para que oiga.
Hay un llamamiento muy claro a los vencedores en cada una de estas iglesias; en cada caso, los vencedores tienen sus propias características, y la recompensa que el Señor da a los vencedores también difiere en cada caso. Así pues, debemos aprender que independientemente de la condición en la que se encuentre la iglesia, siempre que en ella se manifieste algún problema, si somos fieles delante del Señor descubriremos lo que tenemos que hacer.
El Señor nos muestra la manera en que debemos enfrentarnos a tal clase de problema. El Señor dijo que Él mismo es el Camino, la Realidad y la Vida (Jn. 14:6). Así que, no importa qué epístola se aplique a nuestro caso, ni las circunstancias que nos rodean, el Señor no quiere que le demos demasiada importancia a la situación que enfrentamos, aunque ésta sea muy negativa; más bien, Él desea que veamos quién es Él. La revelación de Su Persona hará que recobremos la vista.
Con respecto al conocimiento del Señor, basta con recibir tal revelación una sola vez. Una vez que recibimos tal revelación, superamos todos los errores. Debemos percatarnos, en la presencia de Dios, de cuán grave es la situación que enfrenta la iglesia. Ante tal situación, generalmente clamamos pidiendo ayuda, pero el Señor dice que únicamente aquellos que le conocen recibirán ayuda. En cada una de estas epístolas el Señor nos dice algo con respecto a Su persona. ¿Podrá este Señor encargarse de tal situación?
Así como sucede con la iglesia, también sucede con nosotros. En circunstancias difíciles, tenemos que conocer al Señor que se levanta en contra de nuestras dificultades. Todo otro asunto es secundario. La solución a todos nuestros problemas depende de cuánto conozcamos a nuestro Señor de manera íntima y personal, así como de manera colectiva, como Iglesia.
Hay quienes son capaces de estar sometidos a grandes presiones, mientras que otros no pueden soportar mucho. La fortaleza necesaria para enfrentar adversidades, en mayor o menor grado, depende de cuánto conozcamos a nuestro Señor. Por tanto, al comienzo de cada una de las siete epístolas, se presta especial atención a considerar quién es el Señor. Porque si uno no conoce al Señor, tampoco podrá conocer a la iglesia.
Desgraciadamente, hoy en día son muchos los que se sienten satisfechos con la condición en que se encuentra la iglesia debido a que, aunque tienen ojos, no ven. Ellos no han visto quién está sentado en el trono, ni tampoco han visto los diferentes aspectos de la Gloria del Señor, ni Su Belleza, ni Sus Virtudes. Pero si conocemos al Señor, descubriremos el pecado del hombre y veremos el pecado de la iglesia.
La solución a todo el problema depende de cuánto conozcamos al Señor. Aquellos que sólo conocen un poco a Dios poseen una revelación limitada de Su persona y son más tolerantes de cosas impropias. Pero todo aquel que permanezca en presencia del Señor verá que el Señor le quita toda tolerancia con respecto a aquello que no se conforma a la voluntad de Dios.
Una vez que recibimos revelación en presencia del Señor, Él purga todo aquello que no es según Su voluntad. Entonces sabremos que si deseamos ser santos, obtendremos al Señor; pero que si no tenemos tal deseo, dejaremos de disfrutar de nuestra comunión con Él.
Con respecto a lo que vimos sobre el contenido de las siete epístolas, debemos comprender que nuestros argumentos giran en torno al problema que representa el sistema. No debemos olvidar que todo cuanto se presenta en las siete epístolas está vinculado al propio Señor.
Si conocemos al Señor, condenaremos al pueblo de Dios por andar conforme a sus propios deseos; pero si no conocemos al Señor lo suficiente, toleraremos tal conducta caprichosa y religiosa. Muchas veces podemos tolerar la condición en que se encuentran los cristianos debido a que nosotros mismos no somos lo suficientemente fieles a Cristo. De hecho, no somos lo suficientemente fieles al Señor debido a que todavía no hemos recibido la revelación que nos permite conocer al Señor que condena dicha condición como pecado. ¡Oh! ¡A veces, incluso, tenemos que escoger entre servir al Señor siguiendo la revelación del Espíritu Santo, o servir al que se supone que es Su pueblo!
Ya sabemos que el número siete está compuesto por los números tres y cuatro. Después de Éfeso, surgió Esmirna; y después de Esmirna, surgió Pérgamo. Estas tres iglesias conforman un grupo, pues son iglesias que ya pertenecen al pasado. Las últimas cuatro iglesias también conforman un grupo. Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea difieren de las primeras tres iglesias mencionadas. Estas últimas cuatro iglesias se hallan presentes simultáneamente hoy en día. Si bien no se iniciaron al mismo tiempo, ellas concluirán al mismo tiempo con la llegada del Señor.
Las cuatro iglesias que existen en nuestros tiempos están llenas de significado. Cuando surgieron las iglesias protestantes, la Iglesia Católica Romana ya había estado presente por más de mil años. Cuando surgió Filadelfia, las iglesias protestantes ya habían estado presentes por más de trescientos años. Cuando surgió Laodicea, Filadelfia había estado presente por varios años.
Quienes nacemos en la época actual nos encontramos con algo muy particular: hay cuatro clases de iglesias entre las que debemos elegir. Si hubiésemos nacido antes del siglo catorce o quince, no tendríamos otra alternativa que reunirnos en la Iglesia Católica Romana. Si hubiésemos nacido durante el siglo dieciocho, podríamos elegir entre pertenecer a la Iglesia Católica Romana o a las iglesias protestantes. En estos tiempos han surgido Filadelfia y Laodicea.
Hoy existen cuatro clases diferentes de iglesias. En las cuatro hay personas salvas, algunas mejores que otras. Dios ha dispuesto para nosotros una época en la que tenemos cuatro caminos entre los cuales elegir.
Pero el Señor también nos ha mostrado cuál es Su deseo. Ciertamente la Iglesia Católica Romana no responde a tal deseo; esto ya lo sabemos. No hay necesidad alguna de orar para saber si debemos ser discípulos del papa o no. Aunque esta profecía todavía se encuentra en Apocalipsis 2, ahora ya no es necesario indagar si debemos optar por ello o no. Todos los estudiosos de la Biblia, los que conocen la Sagrada Escritura saben que ya no es necesario decidir al respecto. Pero todavía subsiste cierta dificultad en cuanto al hecho de que muchos hermanos aún no se han percatado de que la disyuntiva con respecto a optar por las iglesias protestantes ha acabado. ¿Acaso el Señor desea que permanezcamos en Sardis? Extrañamente, hay todavía muchos que están satisfechos en Sardis, la iglesia evangélica-protestante. Pero si leemos la Palabra de Dios, el Señor nos mostrará que Él no está satisfecho con Sardis. El deseo del Señor es satisfecho únicamente por Filadelfia.
En las siete epístolas que hemos examinado, únicamente Filadelfia es alabada por el Señor. En todas las otras epístolas, el Señor siempre hace alguna reprensión. El caso de Esmirna es uno de los mejores, pues ella no es reprendida, pero tampoco es elogiada. El caso de Filadelfia, sin embargo, es diferente. De principio a fin, el Señor sólo tiene palabras de elogio para ella.
Debemos obrar con mucho cuidado y con mucha oración porque muchos podemos dejar el Camino angosto que lleva a la Vida, y en lugar de formar parte de Filadelfia, pasaríamos a formar parte de Laodicea.
Que Dios nos ayude y tenga misericordia de todos nosotros.

Watchman Nee
De su libro: “La Ortodoxia de la Iglesia”

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“Ni toda la eternidad será suficientemente larga para aprender todo lo que Él es, o para alabarlo por todo lo que Él ha hecho”
~ A.W. Tozer

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“Déjame decirte como un viejo que soy: No hay nada que valga la pena tener en la vida, fuera de Jesucristo”
– Ravenhill

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“Hubo un error en el que la Iglesia primitiva nunca estuvo en peligro de caer.
En esos primeros días los hombres nunca vieron a Jesús como un personaje en un libro…
Nunca pensaron en Él como alguien que fue sino en alguien que es. No pensaron en Jesús como alguien con enseñanzas que debían ser discutidas, debatidas o argumentadas; ellos pensaron en Él como alguien cuya presencia podía disfrutarse y con quien se podía experimentar una constante comunión.
Su fe no estaba fundada en un LIBRO; su fe estaba fundada en una PERSONA.”
~ William Barclay

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Cuando contemplo la cruz maravillosa,
En la cual murió el Príncipe de Gloria;
Mi mayor ganancia la cuento como pérdida,
Y vierto desprecio en todo mi orgullo.
– Isaac Wats

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El “iglesianismo” actual nos lleva a consagrarnos a nuestra denominación.

También nos conduce a consagrarnos a nuestro ministerio.
La meta de las instituciones evangélicas y protestantes es consagrarnos para ser líderes, nos consagramos para ser misioneros o para ser evangelistas.
Pero los hijos de Dios estamos llamados a consagrarnos única y exclusivamente a la Persona de Jesucristo. Porque no se trata de hacer cosas para Dios, sino de conocer y relacionarnos con el Dios de todas las cosas.
Cuando nos consagramos a Su Persona, será Cristo mismo y Su Santo Espíritu el que inspira, guía y dirige nuestra vida. El secreto revelado está en las palabras de Pablo: “Ya no vivo yo, mas es Cristo el que vive en mí.”
Gálatas 2:20.

-Terry Bennett

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“La revelación suprema es dada en la vida y persona de Jesús.
La revelación no son Sus enseñanzas o Sus obras, sino Él mismo.
El Cristianismo no es la entrega a un sistema de reglas, enseñanzas o pensamientos, sino la entrega a una Persona.
La Persona de Jesucristo es la Realidad”
~ William Temple

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La Tercera Raza

“No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios;” 1 Corintios 10:32
Este pequeño mensaje contiene una verdad monumental.
Antes de que Jesucristo entrara en las páginas de la historia humana, había solo dos razas: Los judíos y los gentiles. Pero con la llegada de Cristo, y Su Iglesia que avanza desde Su presencia, ahora existen tres razas. Judíos, Gentiles, y la Ekklesia de Dios.
Por esa razón, los cristianos del segundo siglo se consideraban a sí mismos “la tercera raza” y la “nueva raza”. No eran judíos, pero tampoco eran gentiles, sino otra especie. Una nueva especie y una nueva raza en el planeta: Jesucristo en la expresión humana.
Así, el Cuerpo de Cristo es la restauración de la imagen original de Dios que la Creación estaba destinada a expresar. Una imagen donde no hay judío ni griego, ni esclavo, ni libre; ni varón o hembra.

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
Gálatas 3:28
“donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.”
Colosenses 3:11

Dentro de esta nueva comunidad sin etnias, las líneas divisorias de género, raza, clase y estatus social fueron borradas y destruidas. Y una nueva forma de dones y gracia espiritual fue establecida.

Frank Viola
De su libro “From Eternity to Here” (De la Eternidad hasta Aquí)
Cap. 25 – Parte 5
(Traducido por José Torres)

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