“Las Prioridades en nuestra vida”

En un mundo corrupto, lleno de confusión, manipulación y engaño, es imprescindible que conozcamos bien la diferencia que hay entre las cosas buenas, y las cosas de Dios. Y más importante aún, es conocer la diferencia que hay entre las cosas de Dios y el Dios de todas las cosas.

Sabemos que nuestra estancia aquí en este mundo es “neblina, que aparece por un tiempo y se va”. Dios nos ha concedido un tiempo como la base para construir nuestra vida, porque la vida está hecha en el tiempo y debemos ser sabios con los talentos que Dios nos ha dado para invertirlos sabiamente en ella.
Nuestra vida pende de un latido del corazón y de un suspiro de nuestro aliento. Cada día, al levantarnos se nos abre un tremendo abanico de diferentes decisiones que tomar. Dios nos ha concedido el libre albedrío y depende de nosotros y de nuestra voluntad.

De acuerdo a la enseñanza bíblica, podemos observar tres categorías que debemos ordenar con mucha oración, pidiéndole al Señor y a Su Espíritu Santo que nos ayude y nos guie cada día y a cada paso del camino:
Las cosas buenas.
Las cosas de Dios.
Y el Dios de todas las cosas.

Las tres categorías, de menor a mayor importancia se pueden representar como siguen:

“Las cosas buenas” son los dones y talentos que todos tenemos de forma natural. Nuestra vida y nuestro trabajo envuelven un sinfín de cosas y menesteres que son necesarios para subsistir. El hecho de vivir lleva mucho tiempo, y cuesta mucho trabajo. Nuestros días envuelven una multitud de cosas y tareas cotidianas que debemos realizar.

“Las cosas de Dios” son lo que Dios nos ha dado. Si estamos casados, tenemos como prioridad, y como ministerio principal en la vida, cultivar una buena comunicación y relación con nuestro marido o esposa. Si Dios nos ha dado hijos, debemos educarlos en el Señor y pasar tiempo de calidad con ellos a diario. Somos responsables ante Dios por ello. Debemos congregarnos con otros hermanos en la fe y construir juntos Su Iglesia, Su Hogar, Su Cuerpo, y Su Familia. También debemos dejar que la Luz y el Amor de Cristo fluyan en nuestras vidas de tal manera que nos inspire a compartir Su Gracia Salvadora con nuestro prójimo. Y quizás también tenemos un ministerio o un don que el Señor ha inspirado en nuestras vidas mediante el poder del Espíritu Santo de Dios.

“El Dios de todas las cosas” es nuestra relación íntima y personal con el Señor Dios, Padre y Creador de todas las cosas. Nuestro tiempo de oración y de recogimiento en Su presencia. Un tiempo en que nos sumergimos y comemos Su Palabra. Es el tiempo para amar y conocer a fondo nuestro Señor Jesucristo, nuestro Esposo; y escuchar con paciencia Su guía y Su dirección. Sin esta faceta en nuestras vidas todo lo demás carecerá de sentido divino y significado espiritual. Nuestra vida debe estar fundamentada en la Roca, Cristo Jesús. Cualquier otro fundamento o motivación resultará en obras infructuosas.

Tenemos varios versículos que nos instan a tener nuestras prioridades claras en Cristo Jesús.:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Filipenses 3

“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.
” 2 Timoteo 2

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12

“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1
José Antonio y Carmen Torres

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