Abandonando el individualismo

Cuando Dios revela a nuestros corazones la realidad de Su iglesia, nosotros abandonamos nuestro individualismo. El individualismo y la independencia son contrarios a vivir en el cuerpo de Cristo y la manifestación del Señor Jesús en forma corporativa. Tal como hemos visto, Dios busca obtener una forma corporal o corporación – no un individuo – que exprese a Su Hijo. La Biblia claramente enseña que la iglesia es una familia.
Consideremos los siguientes pasajes mostrando que el cuerpo de Cristo es uno:
1 Corintios 10:17 “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan.”
Romanos 12:5 “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”
1 Corintios 12:12 “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.”
1 Corintios 12:20 “Pero ahora son muchos los miembros, aunque el cuerpo es uno solo.”
La singularidad de la iglesia está basada en la realidad de que todos somos y formamos parte del cuerpo de Cristo y, en consecuencia, compartimos la misma vida. Ya hemos visto que por medio de la muerte de un grano (Cristo), muchos granos (creyentes) han crecido. Sin embargo, por medio del ministerio del Espíritu Santo, todos los granos (creyentes) se convierten, de nuevo, en un grano (la Iglesia).
1 Corintios 12:13 “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” Esta es una verdad muy significativa. Puesto que nosotros, individualmente como creyentes podemos, de alguna manera expresar a Cristo hasta cierto punto, es solamente la iglesia corporativa la que puede mostrar la plenitud de Cristo. Como hijos individuales de Dios, nosotros podemos expresar la vida de nuestro Padre. Sin embargo, como iglesia, corporativamente, manifestamos las insondables riquezas en Jesucristo.
Efesios 1:23 “La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”
Por tanto, como miembros del cuerpo de Cristo, nunca podemos convertirnos en individualistas o independientes unos de otros. Cristo nunca podrá ser plenamente manifestado a través de nosotros como individuos. Él solamente puede ser manifestado plenamente por medio de Su expresión corporal. Dios ha ordenado que cada miembro de la iglesia funcione y crezca para suplir su parte de Cristo.
En la primera epístola a los corintios, capítulos 12 al 14, Pablo enseña que el propósito del cuerpo es el de funcionar y servir. Nadie en la iglesia puede estar pasivamente, sino que todos han de ser sacerdotes y sirvientes. 1 Pedro 2:5,9 “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”
Si uno de los miembros del cuerpo, de mi cuerpo físico, es pasivo y no funciona, todo el cuerpo sufre. De igual manera, la pasividad entre los creyentes merma al cuerpo de avanzar y expresar a Cristo. La Biblia claramente pone en movimiento el hecho de que cada miembro ha de servir en la iglesia.
1 Corintios 14:26 “Entonces, hermanos, ¿qué podemos decir? Cuando os reunís, CADA UNO DE VOSOTROS tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.”
Efesios 4:16 “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”
Hebreos 10:25 “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”
Tal como muestran estos pasajes, el ministerio en la iglesia local tiene que venir de todo el cuerpo. “Cada uno de vosotros” debería ser la marca en las reuniones de la iglesia. El propósito de reunirse es para que los santos den activamente, no para que reciban pasivamente. Dios ha ordenado que el cuerpo de Cristo crezca y aumente por medio de lo que cada una de las coyunturas pueda proveer individualmente.
Efesios 4:15,16 “Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”
Colosenses 2:19b “… en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.”
Por tanto es imperativo para la vida de la iglesia, que cada miembro funcione y ministre de acuerdo a la parte que cada uno ha recibido del Señor. En la presente situación de hoy, la mayor parte de las iglesias alientan la pasividad entre los santos. Solamente unos cuantos elegidos llevan los títulos para llevar a cabo todo el ministerio, en la manera que los demás santos permanecen pasivos. (Por supuesto, se les incentiva a que sirvan activamente fuera de las reuniones de la iglesia en forma tal como las escuelas dominicales o el cortar el césped).
La iglesia del Nuevo Testamento nunca visualiza un sistema donde un pastor y unos clérigos dirigen el ministerio. El patrón bíblico siempre ha sido, que cada miembro de la iglesia funcione en las sus reuniones. (Para más detalles en el ministerio de la iglesia primitiva vea nuestro libro, Rehaciendo los odres).
No hay cabida para “gigantes espirituales” en la iglesia de Dios. Todo ha de ser mutuamente dependiente unos de otros – todo ha de ser visto y mostrado en la profunda necesidad de los hermanos.
1 Corintios 12:21-22 “Ni el ojo puede decir a la mano: «No te necesito», ni tampoco la cabeza a los pies: «No tengo necesidad de vosotros». Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios.”
El funcionamiento de nuestros cuerpos físicos está basado en el principio de la dependencia mutua. Cada uno de ellos dependen unos de otros para el funcionamiento de todo el cuerpo. Lo mismo ocurre a la iglesia. Para que Cristo pueda ser manifestado, cada miembro del cuerpo tiene que depender de los demás miembros para su alimentación. La palabra griega para “iglesia” es ekklesia, y es generalmente traducida como “asamblea”.
Ensamblar algo es como el juntar o unir partes con objeto de producir un todo. En esencia, la iglesia está constituida por el ensamblaje de todas las partes que forman el cuerpo de Cristo. El resultado de tal ensamblaje es la manifestación plena del Señor Jesús. Si los miembros no funcionan, Cristo no podrá ser expresado en Su plenitud.
El deseo de Dios es que todos los miembros del cuerpo expresen a Cristo en unión. Recordemos que el propósito eterno de Dios: asegurarse un grupo de personas que expresen Su imagen y sean portadores de Su autoridad en la tierra. En la medida que comenzamos a pensar en el cuerpo, y no en nosotros mismos, Cristo tomará preeminencia en Su iglesia. Y Él se manifestará en plenitud. Dios quiere que todos lleguemos a conocer y depender de la vida del cuerpo, de tal manera que nos demos cuenta plenamente del propósito eterno de Dios expresando a Su Hijo en forma corporativa. En la medida que abandonamos nuestro individualismo e independencia, Jesucristo podrá manifestarse en persona por medio de Su Cuerpo. Muchos Hijos en la Gloria.
Romanos 8: 29-30 “A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, A ESTOS TAMBIÉN GLORIFICÓ.”
El fin de la obra de Dios en el hombre es la glorificación. Como hemos dicho, El propósito de Dios es conformarnos en la imagen de Su Hijo glorificado, haciendo de Él el primogénito de muchos hermanos glorificados. De acuerdo con el pasaje anterior, el proceso por el cual Dios trabaja en el hombre es, en primer lugar, predestinarnos como ahijados (Efesios 1:4), llamarnos (2 Tesalonicenses 2:14), justificarnos (Romanos 3:24) y finalmente glorificarnos.
Efesios 1:4 “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él.”
2 Tesalonicenses 2:14 “Para esto él os llamó por medio de nuestro evangelio: para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.”
Romanos 3:24 “Y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.”
En Romanos también leemos… Romanos 3:23 “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”
El fin de Dios para el hombre es la gloria. Bajo la perspectiva divina, el pecado es lo que causó al hombre perder para lo que fue creado: la gloria. ¿Qué es exactamente la gloria? Gloria puede ser definida como la más alta expresión de una vida. Veamos una flor en sentido figurativo. Cuando la semilla de una flor se planta y adquiere una raíz, se convierte en una vida. Sin embargo, su última expresión se alcanza solamente cuando florece. A pesar de que, al germinar, es una vida, solamente es glorificada cuando la flor se abre en toda su plenitud.
De igual forma, nosotros creyentes en Cristo, poseemos la vida de Dios. Sin embargo, cuando maduremos plenamente, expresaremos esa vida en su último grado. Esto ocurrirá cuando resucitemos. La resurrección en la gloria es representada simbólicamente en las Escrituras como la cosecha – pues la planta es cosechada en plena madurez.
Mateo 13:39 “El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.”
Apocalipsis 14:15 “Y otro ángel salió del templo gritando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: ¡Mete tu hoz y siega, porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura!”. Gloria es entonces, la vida Divina en su más plena y pura expresión.
1 Juan 3:2 “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como Él es.” “Porque tenemos la vida eterna de Dios habitando en nosotros, somos hijos de Dios” (1 Juan 3:15). Pero cuando seamos glorificados, a la llegada del Señor, nuestra hijedad será manifestada plenamente. (Romanos 8:19). Esto es la adopción.
De igual forma, Cristo era el Hijo de Dios cuando Él caminó en la tierra. Su hijedad no fue plenamente manifiesta hasta que fue resucitado y glorificado. Romanos 1:4 “Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos.” La meta de Dios para el hombre es que últimamente él exprese en forma corporativa a Jesucristo. Es traer a Cristo en su plena expresión por medio de Su iglesia. Esta meta se realiza por medio de la glorificación – puesto que la más alta expresión de Cristo por medio de la humanidad será llevada a cabo por medio de Su iglesia. Esta meta se realizará por medio de la glorificación – puesto que la más alta expresión de Cristo por medio de la humanidad se llevará a efecto cuando seamos glorificados.
Romanos 8:19-23 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Por tanto, también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”
Consideremos también… Hebreos 2:10-11 “Convenía a aquel por cuya causa existen todas las cosas y por quien todas las cosas subsisten que, habiendo de llevar MUCHOS HIJOS A LA GLORIA, perfeccionara por medio de las aflicciones al autor de la salvación de ellos, porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.” El propósito de Dios es traer a “muchos hijos a la gloria” como la manifestación plena de Su Hijo.
Colosenses 1:25-27 “De ella fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos. A ellos, Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que ES CRISTO EN VOSOTROS, LA ESPERANZA DE GLORIA.”
Estos versículos nos traen a este camino. Aquí Pablo describe el eterno propósito como un misterio que ha sido escondido por el tiempo por generaciones. Este misterio, que ahora es revelado, es “Cristo en vosotros, esperanza de gloria”. La frase de “Cristo en vosotros” se refiere al implante de la vida de Dios en
nosotros, en tanto que la frase “esperanza de gloria” se refiere a la esperanza de resurrección – a la cual apunta la vida de Cristo en nosotros cuando alcance su última expresión. En tanto que la vida de Cristo está marcada por la Iglesia, la gloria es su herencia.
Va más allá de la compresión humana el entender las increíbles alturas a las que Dios exaltará a Su iglesia. Nosotros somos participantes de Su misma gloria. Juan 17:22 “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” Seamos exhortados por las palabras de Pablo cuando dice…
2 Corintios 4:17 “Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. Hermanos y hermanas, cuando nosotros tomamos nuestro destino, tendremos paciencia para correr la carrera que está frente a nosotros. El destino produce disciplina. Al igual que el
Señor Jesús no se diluyó en Su mente al ver la gloria que seguiría a la cruz, de igual forma nosotros tenemos que mantenernos firmes con Cristo cuando nos aferramos a nuestro destino.
Hebreos 12:1-3 “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Pablo dice que “somos salvos por nuestra esperanza”. Esta esperanza es la de la resurrección.
Romanos 8:23-25 “Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; ya que lo que alguno ve, ¿para qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.”
Dios, en verdad, nos ha destinado para que seamos herederos de Su indescriptible gloria.
1 Tesalonicenses 2:12 “Y os encargábamos que anduvierais como es digno de Dios, que OS LLAMÓ A SU REINO Y GLORIA.”
2 Tesalonicenses 2:14 “Para esto él os llamó por medio de nuestro evangelio: para alcanzar LA GLORIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”
Efesios 1:18 “Que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, cuáles LAS RIQUEZAS DE LA GLORIA DE SU HERENCIA en los santos.”
2 Timoteo 2:10 “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús CON GLORIA ETERNA.”
1 Pedro 5:10 “Pero el Dios de toda gracia, que NOS LLAMÓ A SU GLORIA ETERNA EN JESUCRISTO, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”
2 Pedro 1:3 “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que NOS LLAMÓ POR SU GLORIA y excelencia.”
Apocalipsis 21:10-11 “Me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto y me mostró la gran ciudad, la santa Jerusalén, que descendía del cielo de parte de Dios. TENÍA LA GLORIA DE DIOS y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal.”
Efesios 5:27 “A fin de presentársela a sí mismo, UNA IGLESIA GLORIOSA, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha.”
Romanos 8:17 “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que JUNTAMENTE CON ÉL SEAMOS GLORIFICADOS.”
Del libro: “El Eterno Propósito de Dios”
– Frank Viola
En salvoporgracia.com, Cristo es ¡¡¡Suficiente e Inagotable!!!

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