Cuando contemplo la cruz maravillosa

Cuando contemplo la cruz maravillosa,
En la cual murió el Príncipe de Gloria;
Mi mayor ganancia la cuento como pérdida,
Y vierto desprecio en todo mi orgullo.
– Isaac Wats

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El “iglesianismo” actual nos lleva a consagrarnos a nuestra denominación.

También nos conduce a consagrarnos a nuestro ministerio.
La meta de las instituciones evangélicas y protestantes es consagrarnos para ser líderes, nos consagramos para ser misioneros o para ser evangelistas.
Pero los hijos de Dios estamos llamados a consagrarnos única y exclusivamente a la Persona de Jesucristo. Porque no se trata de hacer cosas para Dios, sino de conocer y relacionarnos con el Dios de todas las cosas.
Cuando nos consagramos a Su Persona, será Cristo mismo y Su Santo Espíritu el que inspira, guía y dirige nuestra vida. El secreto revelado está en las palabras de Pablo: “Ya no vivo yo, mas es Cristo el que vive en mí.”
Gálatas 2:20.

-Terry Bennett

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La revelación de Jesucristo

«La revelación suprema es dada en la vida y persona de Jesús.
La revelación no son Sus enseñanzas o Sus obras, sino Él mismo.
El Cristianismo no es la entrega a un sistema de reglas, enseñanzas o pensamientos, sino la entrega a una Persona.
La Persona de Jesucristo es la Realidad»
~ William Temple

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La Tercera Raza

“No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios;” 1 Corintios 10:32
Este pequeño mensaje contiene una verdad monumental.
Antes de que Jesucristo entrara en las páginas de la historia humana, había solo dos razas: Los judíos y los gentiles. Pero con la llegada de Cristo, y Su Iglesia que avanza desde Su presencia, ahora existen tres razas. Judíos, Gentiles, y la Ekklesia de Dios.
Por esa razón, los cristianos del segundo siglo se consideraban a sí mismos “la tercera raza” y la “nueva raza”. No eran judíos, pero tampoco eran gentiles, sino otra especie. Una nueva especie y una nueva raza en el planeta: Jesucristo en la expresión humana.
Así, el Cuerpo de Cristo es la restauración de la imagen original de Dios que la Creación estaba destinada a expresar. Una imagen donde no hay judío ni griego, ni esclavo, ni libre; ni varón o hembra.

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
Gálatas 3:28
“donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.”
Colosenses 3:11

Dentro de esta nueva comunidad sin etnias, las líneas divisorias de género, raza, clase y estatus social fueron borradas y destruidas. Y una nueva forma de dones y gracia espiritual fue establecida.

Frank Viola
De su libro “From Eternity to Here” (De la Eternidad hasta Aquí)
Cap. 25 – Parte 5
(Traducido por José Torres)

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El Ejemplo de Cristo

El ejemplo de Jesús es el argumento más poderoso contra la idea de un clero gobernante. ¿Cómo es posible que Él formara uno para después construir otro distinto? ¡No creemos nada de eso! ¿Es que vino sirviendo para después elevar el anti-tipo? El Espíritu del anticristo habla no solo de cualquier cosa que sustituya a Cristo, sino también de todo lo que se le opone. La semejanza a Cristo en algo es lo que lo legitima. ¿Refleja a Jesús o no? Si no, no es suyo, y con toda certeza, está en contra de Él. Como es la voluntad del Padre que Su Hijo pueda llenar todas las cosas, todo aquello que no sea un reflejo de Él ciertamente tampoco será de Él. Si no es Su obra, si no refleja Su imagen, Su carácter, ¿Puede entonces ser Su hechura, Su ekklesia?

Cristo vino como siervo. Su servicio es el nuevo estándar de grandeza en el Reino de Dios.

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:25-28)
Aquí Jesús contrasta la idea del gobierno gentil con el servicio, la idea del dominio y de autoridad sobre otros se contrasta con Su propio ejemplo. Él no vino a demandar servicio como rey, sino para servir. ¡El ejemplo de Cristo dice NO! “¡No será así entre vosotros!”.
Históricamente, la iglesia no se ha parecido al mesías siervo. Ha comercializado y ha cambiado la toalla del siervo por la túnica clerical, y está por encima de lavar los pies de nadie, puesto que arrodillarse es algo tan por debajo del status sacerdotal y real de su clero. Lo bajo que hemos caído del estándar divino solo Dios lo sabe verdaderamente.
Padre, perdónanos, por siempre querer otro ejemplo menos el de Tu Hijo, nuestro mandato divino. Pon delante de nuestros ojos la imagen del Señor del cielo sirviendo sobre Sus rodillas.
Lavando los pies cansados del camino, sucios, y quizá pestilentes. Amor que constriñe. Amor que se postra bien bajo. Amor envuelto en la toalla de un siervo (lee Juan 13:1-18).
Esto es lo que formaron los ancianos del primer siglo. Esto es lo que nos legaron. Fueron ejemplos no de alguna clase de estándar legal de perfección desarrollado por un altivo sacerdocio que se dijera a sí mismo: “Si Jesús está gobernando y reinando ahora, entonces nosotros también”. Él no nos ha dejado para gobernar y reinar sino para servir como Él mismo lo hizo. Él contrastó el liderazgo de siervo que Él mismo desarrolló con el de los escribas y los fariseos, comparando la motivación del corazón y el resultado de cada uno.
“El ladrón (los escribas y los fariseos del capítulo 9) no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10).
Jesús hace una comparación aquí. Los ladrones y los salteadores vienen para robar y quitar la vida. Él vino a darla. Vemos la intensa diferencia entre los fariseos/clero y Jesús. Hablando a los escribas y fariseos, Jesús dijo: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.” (Juan 10:8).
“Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores.” Abbott sostiene que la idea es: “Todos los que vinieron, no entrando por la puerta, sino afirmando venir por delante de mí, teniendo la precedencia, independientes de mi, son ladrones y salteadores.” Esto parece estar en armonía con el contexto, y es probablemente el significado del Salvador. Él incluyó a los rabinos judíos, a los filósofos griegos, a los pretendidos profetas, y al “Infalible papa”. Todos ellos rehúsan postrarse ante Su autoridad.” (Juan 10:8, The People’s New Testament).

Éstos son los asalariados que no se preocupan por las ovejas. (Lee el v. 13).

“Mi vida pongo por las ovejas”, dijo Jesús, y la historia testifica de la verdad de ello. El tiempo se mide tanto en el antes y el después de la vida de siervo de Cristo, como en una pausa, en reverencia, separando lo que era AC (“Antes de Cristo”) de lo que es AD, (DC en Inglés-Nota del traductor) anno Domini, en el año de nuestro Señor”.
Todos los que vinieron antes (pro) de Cristo, en Su lugar de eminencia, son ellos mismos ladrones y salteadores, atraídos por la ambición y un interés egoísta. Estaban y están motivados por la ambición personal. El dinero es bueno. Aman el reconocimiento. Aman el sentimiento de poder y de control. Judas advirtió: “Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados. (Judas 1:12).”
Son asalariados, pastores que se alimentan a ellos mismos. Ellos huyen cuando el sacrificio de cuidar a las ovejas se convierte en algo demasiado grande.
Esta es la prueba del asalariado. Si puedes aprobarla, puede que no seas un asalariado. Cuida a las ovejas sin que eso cueste nada a la oveja. No recibas un salario; hazlo a cambio de nada. Ve más allá de eso y sirve a las ovejas de Cristo a tu propio coste. Haz esto durante tres años y habrás superado la prueba del asalariado. Estarás caminando en las pisadas de la grandeza, las pisadas de AQUEL que vino a servir y a poner su vida por Sus ovejas.
Las ovejas de Cristo han sido acorraladas, maltratadas y puestas en prisión por ladrones y salteadores a lo largo de los últimos 1700 años o más. Confinadas y abusadas, han visto de lejos los verdes pastos del Padre. Más allá de los muros del corral de las ovejas, los verdes pastos atraen, pero no deben salir. Recuerdan historias, como leyendas urbanas contadas alrededor de un fuego, sobre el incierto destino de los que han partido y nunca han regresado, y los horrores de los muchos y misteriosos peligros que acechan más allá de los muros. Advertidas sobre la rebelión de alimentarse fuera de los confines del corral de las ovejas, y alimentadas con una nueva y seca galleta litúrgica, las ovejas se secan, convencidas todas ellas de algún modo de que su deber es permanecer ahí mismo.
Dicen que si pones a un saltamontes en un bote, al principio salta y se golpea la cabeza contra el bote unas cuantas veces. Después deja de saltar. Incluso lo puedes sacar del bote y devolverlo al campo, pero nunca saltará otra vez por temor a golpearse la cabeza. Muchos en la iglesia hoy día son como el saltamontes de este cuento.

Una sacudida en Judea

Su popularidad estaba subiendo, especialmente después de que las noticias del milagro se hubieran extendido por todas partes. Levantar de entre los muertos a un cuerpo que había estado enterrado en la tumba durante cuatro días era algo impensable. Los líderes de la Iglesia, temiendo la pérdida de su estatus, se cargaron de nerviosa energía. Se enfadaron. “El mundo se va tras Él”, decían, mientras sus mentes se llenaban de pensamientos de asesinato. Hasta venían griegos diciendo, “Queremos verle, queremos ver a Jesús”. La fiesta de la Pascua estaba a la vuelta, y Él tenía que asistir, porque este año el cumplimiento de la fiesta dependía de Su participación. Primero, había algo que hacer, algo que Él deseaba ardientemente. Se apartó de las multitudes y se reunió con los doce para comer la última comida pascual. Una comida llena de tipos y sombras, cuyo cumplimiento estaba a tan solo unas horas. Él anhelaba revelar el significado profético de esta comida a Sus discípulos, y pronto sería manifiesto delante de los ojos de ellos.
Cuando acabó la cena, Jesús se levantó de la mesa y los discípulos, pensando que estaba haciendo el típico lavado de manos ceremonial, se quedaron sentados. Pero algo no estaba bien.
¿Por qué estaba Jesús apartándose del formato tradicional? Quizás había tomado el delantal del siervo por equivocación. ¿Para qué llena de agua el cuenco? ¡Hay siervos para eso! ¿Qué es lo que está haciendo? ¿Por qué razón hace eso? ¡No! Entonces comienza a arrodillarse delante de cada uno de ellos, hasta que es limpiado cada pie sucio en esa habitación. Entonces dijo, “¿Sabéis lo que os he hecho?” Se quedaron sin habla. Jamás antes habían visto a un Rey lavar los pies de Sus siervos. Vieron con sus ojos lo que solo nosotros podemos imaginarnos, “Dios con nosotros” lavando pies humanos.
El modelo de liderazgo en la ekklesia no es el del presidente o director de una empresa, sino el del esclavo de la casa.
Estando sobre sus rodillas en el aposento alto, Jesús dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (Juan 13:15).

¡Padre, pon este ejemplo delante de nuestros ojos como frontales!
Jesús si nos dejó un ejemplo a seguir. Un ejemplo que está en manifiesta antítesis a la noción actual del liderazgo de la Iglesia. Este modelo del cielo, como aceite, no se mezclará con las aguas del histórico despotismo eclesiástico.

Conclusión

“Haya pues, en vosotros, este sentir”
Es interesante fijarse en todas las ocasiones en las que Jesús evitó incluso la aparición de la clase gobernante. Desde su nacimiento hasta la tumba, escogió los medios más humildes. Nació en un establo. Sus ropas de bebé eran pañales, meros trapos envueltos a su alrededor. Su cuna era un pesebre para ganado. Solo pastores corrientes vinieron a rendirle honor, mientras que los quien sabe quien locales ignoraron su humilde nacimiento. En la dedicación en Jerusalén, sus padres solo podían permitirse un par de tórtolas, o dos palominos, que era la ofrenda de los pobres.
Creció en la casa de un carpintero trabajador, en la más humilde aldea de la pobre Galilea. Se despojó de toda reputación. Isaías profetizó que no tendría ni aspecto ni atractivo, nada sobre Él podría atraer a los hombres carnales. En la última semana de su vida en la tierra, escogió entrar en Jerusalén sobre un asno, no como rey conquistador sobre un gran caballo. Lavó los pies de sus discípulos esa última noche. Murió de la forma más vergonzosa imaginable, la muerte de un criminal junto a dos ladrones corrientes, aunque era inocente. ¡Hasta su propio cuerpo enterraron en una tumba prestada!
Los que se colocan a sí mismos en una posición de gobierno han olvidado algo muy importante, la mente de Cristo. Cristo, siendo igual a Dios, no se aferró a Sus prerrogativas como el Hijo de Dios.
Por el contrario, se despojó a sí mismo y tomó el delantal del esclavo.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil. 2:5-8).
“… Pero la forma más certera de que éste sea un mundo mejor, es que la gente busque primero el Reino de Dios y Su justicia. El modelo del liderazgo cristiano en América hoy día no es el empresario, ni el presidente, es el siervo sufriente, Jesucristo.” (Richard Halverson).

Queridos creyentes hermanos, os invitamos a orar con nosotros, que Dios inspire a los de corazón íntegro como Tyndale, que son libres del paradigma eclesiástico, a traducir la nueva Biblia, sin las palabras eclesiásticas antiguas, para que esta historia de amor no pueda ser por más tiempo usada como el cetro de poder en manos de aspirantes a reyes.

-George Davis y Michael Clark
De su libro: “La Gran Conspiración Eclesiástica” -Capítulo 4

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La humildad del Señor Jesucristo

“Haya, pues, en vosotros este sentir (esa mentalidad) que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse…

(No sacó provecho ni tomó ventaja de Su Divinidad. Él, no solo era y es el Hijo de Dios, sino también es Dios Hijo, y Uno con el Padre. Cristo, el Eterno Dios, el que siempre existió y siempre existe.
¿No es preciosa Su humildad y Su Gracia? ¡¡¡Jesús es Dios!!! Y Pablo nos está diciendo: “Queridos hermanos y hermanas, debemos tener esa mentalidad y ese sentir que hubo en Cristo, esa humildad que sobrepasa todo entendimiento y que no existen palabras humanas para poder expresarla.)

…sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;…

(Era Dios mismo y siendo Dios, se despojó a sí mismo, se hizo hombre sin reputación. ¿Cuántos de nosotros, hermanos y hermanas nos despojamos de nuestra reputación y nos convertimos en nada, ni en nadie, para tener esa humildad y poder ayudar a otros? Jesús lo planeó y lo hizo. Escogió a una simple y sencilla jovencita, escogió un pueblo con tan mala reputación que nadie creía que algo bueno pudiera salir de allí, escogió una de las familias más pobres del lugar. Jesús escogió eso. Escogió a su madre con la mala reputación de ser una mujer inmoral y Jesús tuvo una niñez marcada con la reputación de ser un niño ilegítimo. Jesús lo planeó así.
¿Por qué lo hizo? – Para hacerse un hombre sin reputación. ¿No es precioso?)

… y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz….

(Él parecía un hombre normal, sí, lo parecía, pero no lo era. ¡Él era Dios!. Y se humilló a sí mismo hasta la obediencia, y fue obediente hasta la muerte. La humildad se manifiesta en la obediencia.
¿Podemos aceptar órdenes? ¿Cómo nos sentimos cuando alguien nos manda hacer algo? ¿Cuándo alguien demanda algo de nosotros? La manera en la que por naturaleza reaccionamos se llama orgullo.
Orgullo de nuestro nombre, de nuestra posición y de nuestra personalidad, pero Jesús se humilló a sí mismo y fue obediente.
¿Hasta donde llegó Su obediencia? – hasta la muerte.
Obediente hasta la muerte, e incluso a la muerte en la cruz, lo que significa humillación total, completa, y despiadada.
Ser crucificado significaba que todo el pueblo creía que Jesús era un podrido miserable criminal de la peor clase que existía. Un asesino que merecía la muerte más cruel. Y lo crucificaron en el Gólgota, el basurero del pueblo en las afueras de Jerusalén.
Jesús, cargando su cruz, sangrando por sus múltiples heridas, en su camino al basurero del pueblo mientras la gente le escupía, lo insultaba, y demostraba su odio y su rabia contra Él. Risas burlonas, maldiciones, blasfemias y amenazas por doquier en su viaje a la muerte entre la basura y los deshechos de los hombres.
Crucificado, completamente desnudo, para ser el espectáculo del público. Despreciado, odiado, y recibiendo toda clase de burlas, escarnio y sarcasmo. La humillación más severa que nadie puede imaginarse.
Y nunca abrió su boca. Nunca dijo: “¡Vosotros no entendéis!”, nunca dijo: “¡Soy inocente!” y nunca dijo: “¡Os habéis equivocado de persona!”
“Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53
Así es la humildad de Cristo. Y por eso mismo, Dios dice que Él da gracia a los humildes.
Esa humildad no es conocida en la Iglesia de hoy. Esa humildad está escondida en la Persona de Jesucristo y solo los que lo conocen la ven y la comprenden.
Los que formamos la iglesia de hoy preferimos subirnos al carro del orgullo de nuestra persona, hacernos un nombre y una reputación, conseguir un lugar elevado sobre los demás y competir para ser los mejores.
Pero Jesús es la Puerta secreta para obtener la gracia de Dios en nuestras vidas. Ese lugar íntimo en Cristo es la Puerta de la transformación y la regeneración de nuestras almas.
Por eso dice: ““Haya, pues, en vosotros este sentir (esa mentalidad) que hubo también en Cristo Jesús.”
Que Dios nos ayude en nuestro arrepentimiento para que el Espíritu Santo nos lleve a toda la Verdad y nos recuerde la mente de Cristo y todas las cosas que de Él aprendimos.
Si tenemos el mismo sentir que hubo en Cristo, tendremos también Su humildad. Podremos ser vituperados, criticados, y juzgados injustamente; pero nos resbalará como lo hace el agua sobre las plumas de los patos en el estanque, y en su lugar, seguiremos amando, seguiremos mostrando amor y comprensión por los demás.
Si tenemos la humildad de Cristo, tendremos la Gracia sin límites en nuestras vidas.
Yo la quiero para mí, le pido a Dios que me conceda esa humildad y que quite este orgullo de mi vida. Se lo pido de corazón. Quiero que Cristo siga formándose en mi vida para que Él crezca, y yo mengüe.)

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”
Filipenses 2

Joe Sweet
De su video “The Humility of the Lord Jesus Christ”
“La Humildad del Señor Jesucristo”
(Traducido por José Torres Arjona)
En salvoporgracia.com, la Persona de Jesucristo es Suficiente e Inagotable!!!

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Manifiesto de Jesús

Carta magna para restaurar la supremacía de Jesucristo
-Por Leonard Sweet y Frank Viola

Los cristianos hemos convertido el evangelio en tantas cosas… cosas diferentes a Cristo.
Jesucristo es el centro gravitacional que mantiene unidas todas las cosas y les da significado, sentido y las hace reales. Sin Él, todas las cosas pierden su valor. Sin Él, todas las cosas no son sino piezas sueltas flotando en el espacio.
Es posible enfatizar una verdad espiritual, un valor, una virtud, o un don, y dejar fuera a Cristo… quien es la manifestación viva y encarnación de toda verdad espiritual, así como de todos los valores, virtudes y dones.
Busca una verdad, un valor, una virtud o un don espiritual y habrás obtenido algo muerto. Busca a Cristo, abraza a Cristo, conoce a Cristo y habrás tocado a aquel quien es la vida. En Él reside toda la Verdad, Valores, Virtudes y Dones en todo su esplendor. La Belleza encuentra su significado en la belleza de Cristo, en quien se encuentra todo lo que nos convierte en seres dulces y atractivos.

¿Qué es el Cristianismo? ¡Es Jesucristo mismo! nada más y nada menos. El Cristianismo no es una ideología. El Cristianismo no es una filosofía. El Cristianismo es “las buenas nuevas” de que esa Belleza, Verdad y Bondad se encuentran en una persona. La comunidad Bíblica se origina y reside en la conexión con esa persona. La Conversión es más que un cambio de dirección; es un cambio de conexión. El hecho de que Jesús usara la antigua palabra hebrea “shubh”, o su equivalente en Arameo para llamar al “arrepentimiento”, implica el no ver a Dios desde la distancia, sino entrar en una relación donde Dios sea el centro de mando de la conexión humana. En este sentido, sentimos una desconexión generalizada en la iglesia de nuestros días. Por esa razón este manifiesto.

Creemos que la mayor enfermedad de la iglesia hoy es DDJ: Jesus Deficit Disorder (Trastorno por falta de Jesús). La persona de Jesús se ha ido convirtiendo cada vez más en un tabú, y está siendo reemplazada por palabras como “justicia”, “el reino de Dios”, “valores”, y “principios de liderazgo”.
En estos tiempos, el testimonio que sentimos que Dios nos ha llamado a llevar se centra en la supremacía del Señor Jesucristo. Específicamente en…

1 El centro y circunferencia de la Vida Cristiana no es otro sino la Persona de Cristo.
Todas las otras cosas incluyendo las relacionadas con Él o acerca de Él, son eclipsadas al contemplar Su incomparable valor. Conocer a Cristo es Vida Eterna. Y conocerlo profundamente, genuinamente, y en verdad, así como el experimentar sus inescrutables riquezas, es la búsqueda principal de nuestras vidas, así como también lo fue para los primeros cristianos. Dios no tiene mucho que ver con arreglar las cosas que han salido mal en nuestras vidas sino el encontrarnos en nuestra miseria y quebranto para darnos a Cristo.

2 Jesucristo no puede ser separado de sus enseñanzas.
Aristóteles les dijo a sus discípulos, “Sigan mis enseñanzas”. Sócrates les dijo a sus discípulos, “Sigan mis enseñanzas”. Buda les dijo a sus discípulos, “Sigan mis meditaciones”. Confucio les dijo a sus discípulos, “Sigan mis palabras”. Mahoma les dijo a sus discípulos, “Sigan mis nobles pilares”. Jesús les dijo a sus discípulos, “Síganme”. En todas las otras religiones, un seguidor puede seguir las enseñanzas de sus maestros sin tener una relación con él. No es así con Jesucristo. Las enseñanzas de Jesús no pueden ser separadas de Jesús mismo. Jesucristo está vivo y encarna sus enseñanzas. Por lo tanto es un profundo error el tratar a Cristo como simplemente el fundador de un conjunto de enseñanzas morales, éticas o sociales. El Señor Jesús y sus enseñanzas son uno. El medio y el mensaje son uno. Cristo es la encarnación del Reino de Dios y el Sermón del monte.

3 La gran comisión de Dios y su Eterno Propósito en la tierra y en el cielo se centran en Cristo… Ambos el Cristo individual (la Cabeza) y el Cristo corporativo (el Cuerpo). Este universo se está moviendo hacia una sola meta – la plenitud de Cristo donde Él lo llenará Todo con Sí mismo. Para ser verdaderamente misional entonces significa el edificar la vida y el ministerio en Cristo. Él es ambos el corazón y la corriente sanguínea del plan de Dios. Errar en esto es equivocar la ruta, y por supuesto es perderlo todo.

4 Ser un seguidor de Jesús no involucra tanto imitación sino implantación e impartición.
Encarnación – La idea de que Dios se conecta a nosotros en forma de bebe y al tacto humano es la doctrina más impactante del cristianismo. La encarnación es, una sola vez y para todos, el único “quien fue y ha de venir”, quien ahora es y vive su vida de resurrección en y a través de nosotros. La encarnación no solo se aplica para Jesús sino también a todos nosotros. Por supuesto, no en la misma forma sacramental, pero semejante. Se nos ha dado el “Espíritu” de Dios quien hace a Cristo ”real” en nuestras vidas.
Hemos sido hechos, como Pedro lo describe, “poseedores de la naturaleza divina”. Cómo entonces, delante de esta gran verdad, ¿Cómo es que podemos seguir pidiendo juguetes y baratijas? ¿Cómo es que nos perdemos persiguiendo los más pequeños dones y nos deslumbramos con insignificantes cuestiones religiosas o espirituales? Hemos sido tocados desde lo alto por el fuego del Todo Poderoso y se nos ha dado Vida divina. Una Vida que ha pasado a través de la muerte, la mismísima Vida de resurrección del Hijo de Dios. ¿No debiera esto verdaderamente estremecernos?
Para ponerlo en una pregunta: ¿Cual fue el motor o acelerador de la asombrosa vida del Señor? ¿Cuál fue la raíz central o el origen de su comportamiento externo? Fue esto: Jesús vivió por un Padre que moraba en su interior. Después de su resurrección, esta misma vida nos transfirió a nosotros. Lo que Dios el Padre fue para Jesucristo, es lo que ahora Jesucristo es para nosotros. Él está presente viviendo en nosotros, y compartimos esa misma Vida de Jesús relacionándose con el Padre. Hay una diferencia abismal entre tratar de conseguir que los cristianos imiten a Jesús y el aprender como impartir a Cristo.
El primero solo termina en fracaso y frustración. El segundo es el camino que da vida y gozo a nuestros días y a nuestra muerte. Nos levantamos con Pablo y declaramos: «Cristo vive en mi». Nuestra vida es Cristo. En Él vivimos, respiramos y tenemos nuestro ser.
«¿Qué haría Jesús?» no es cristianismo. El cristiano debe preguntar: «¿Que hace Cristo a través de mi… a través de nosotros? Y ¿Cómo lo está haciendo Jesús? Seguir a Jesús significa «confianza y obediencia» (responder), y vivir por Su Vida habitando en nosotros a través del poder del Espíritu.

5 El “Jesús histórico” no puede ser desconectado del “Cristo de la fe”.
El Jesús que caminaba por las costas de Galilea es la misma persona que habita en la Iglesia hoy. No hay desconexión entre el Jesús del evangelio de Marcos y el increíble todo-inclusivo Cristo cósmico de la carta de Pablo a los Colosenses. El Cristo que vivió en el primer siglo tiene una pre-existencia antes del tiempo. También tiene una post-existencia después del tiempo. El es el Alfa y Omega, Principio y Fin, A y Z, todo al mismo tiempo. El permanece en el futuro y al final de los tiempos al mismo tiempo que habita y vive en cada hijo de Dios. El no abrazar estas paradójicas verdades ha creado monumentales problemas y ha menguado la grandeza de Cristo en los ojos del pueblo de Dios.

6 Es posible confundir “la misión” de Cristo con la persona de Cristo.
Cuando la iglesia primitiva dijo “Jesús es el Señor”, no quisieron decir “Jesús es mi valor fundamental”. Jesús no es una causa; es una persona real y viva que podemos conocer, amar, experimentar, exaltar y expresar. Enfocarnos en su causa o misión no se iguala a enfocarnos en El o en seguirlo. Es también posible servir “al dios” del servicio a Jesús, en oposición a servirle a Él con un corazón extasiado y cautivado por su irresistible belleza e insondable amor.
Jesús nos lleva a pensar en Dios de una forma diferente, como la encarnación de la palabra relación, como el Dios de todas las relaciones.

7 Jesucristo no fue un activista social ni un filósofo moral.
Ponerlo en esa forma es dejar escapar su gloria y diluir su excelencia. La Justicia, separada de Cristo es una cosa muerta. La única arma de batalla que puede derribar las puertas del infierno no es un grito de justicia, sino el nombre de Jesús. Jesucristo es la encarnación de la Justicia, Paz, Santidad y Rectitud. Él es la suma de todas las cosas espirituales, el “misterioso imán” del universo. Cuando Jesús se vuelve solo un concepto o filosofía, la fe pierde su poder reproductivo. Jesús no vino para hacer buena a la gente mala. El vino para que los muertos vivan.

8 Es posible confundir un conocimiento académico o la teología sobre Jesús con la revelación personal del Cristo viviente.
Estos dos están tan distantes como las cien mil millones de galaxias. La plenitud de Cristo nunca podrá ser alcanzada a través del lóbulo frontal. La fe Cristiana afirma ser racional, pero también alcanza a tocar los más grandes misterios. La cura para una cabeza grande es un gran corazón.
Jesús no dejo a sus discípulos con folletos de una teología sistemática. Él dejo a sus discípulos con aliento y cuerpo.
Jesús no dejó a sus discípulos con un sistema de creencias coherente y claro por el cual amar a Dios y a otros. Jesús les dio a sus discípulos heridas para tocar y manos para sanar. Jesús no dejó a sus discípulos una creencia intelectual o una “perspectiva Cristiana”. Él dejo a sus discípulos una fe relacional.
Los cristianos no siguen un libro. Los cristianos siguen a una persona, y esa colección de libros de inspiración divina que llamamos “La Santa Biblia” nos ayudan a seguir a esa persona. La Palabra escrita es un mapa que nos dirige a la Palabra Viva, o como Jesús mismo dijo: ”Toda la Escritura da testimonio de mi”.
La Biblia no es el destino; es una brújula que apunta a Cristo, la estrella celeste del Norte. La Biblia no ofrece un plano o un manual para vivir. Las “buenas nuevas” no fueron un nuevo conjunto de leyes, o un nuevo conjunto de preceptos éticos, o un nuevo y mejor Plan. Las “buenas nuevas” fueron la historia de la vida de una persona, como se refleja en la fe de los apóstoles. El misterio de la fe proclama este relato: “Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá de nuevo”.
El significado del Cristianismo no proviene de la lealtad a complejas doctrinas teológicas, sino de un amor apasionado por una forma de vivir en el mundo que gira en torno a Jesús, quien enseño que es el amor lo que hace de la vida un éxito… no la prosperidad o la salud o cualquier otra cosa… sino el amor, y Dios es Amor.

9 Solo Jesús puede atrapar y transformar el vacío en el corazón de la iglesia.
Jesucristo no puede ser separado de su iglesia. Mientras Jesús es distinto de su Prometida, Él no está separado de ella. Ella es de hecho su propio cuerpo en la tierra. Dios ha elegido vaciar todo su poder, autoridad y vida en el Cristo viviente. Y Dios en Cristo es solo conocido completamente en y a través de su Iglesia. (Como Pablo dijo, “La multiforme sabiduría de Dios -quien es Cristo- es conocida a través de la ekklesia”.)
La vida cristiana, por lo tanto, no es una carrera personal sino un viaje corporativo. Conocer a Cristo y hacerle conocido no es una tarea individual. Aquellos que insisten en volar la vida solos, serán derribados. De esta manera, Cristo y su iglesia están íntimamente unidos y conectados. Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.
Fuimos hechos para vivir con Dios; nuestra única felicidad se encuentra en la vida con Dios y el propio placer y deleite de Dios se encuentra ahí también.

10 En un mundo que canta “Oh! ¿Quién es este Jesús?” y una iglesia que canta “Oh! seamos como Jesús”, ¿Quién alzará su voz para cantar “Oh! como amamos a Jesús!”?
Si Jesús pudo levantarse de la muerte, podemos al menos levantarnos de nuestra cama o nuestras bancas y sofás y responder a la vida de resurrección de nuestro Señor dentro de nosotros, unirnos a Jesús, a lo que está haciendo en este mundo. Llamamos a otros para que se nos unan —no para escapar de nuestro planeta tierra, sino para plantar nuestros pies más firmemente en la tierra mientras nuestros espíritus se sumergen en el placer y propósito celestial de Dios.
No somos de este mundo, pero vivimos en este mundo para los beneficios e intereses del Señor. Nosotros, colectivamente, como la ekklesia de Dios, somos Cristo en y para este mundo.
Quiera Dios tener a gente en esta tierra que sean verdaderas personas de Cristo, a través de Cristo y para Cristo. Una persona de la cruz. Personas que sean consumidas por la eterna pasión de Dios, la cual es hacer de su hijo preeminente, supremo y la cabeza sobre todas las cosas visibles e invisibles. Personas que hayan descubierto el toque del Todopoderoso en la faz de su glorioso hijo.
Personas que solo deseen conocer a Cristo y a éste crucificado, dejando que todo lo demás caiga hacia los lados. Personas aferradas a sus profundidades, descubriendo sus riquezas, tocando
Su vida, recibiendo su amor, y haciéndolo a ÉL conocido a otros en toda su incomparable gloria. Podemos estar en desacuerdo en muchas cosas —sean eclesiología, escatología, soteriología sin mencionar globalismo, economía y política, pero en nuestros dos más recientes libros “From Eternity to Here” (De la Eternidad Hasta Aquí) y “So Beautiful” (Tan Precioso), hemos hecho sonar las trompetas de la unidad. Estos libros son la representación de este manifiesto. Cada uno presenta la visión que ha capturado nuestros corazones y que deseamos impartir al Cuerpo de Cristo.

Jesús el Cristo.
– Los cristianos no siguen el cristianismo, los cristianos siguen a Cristo.
– Los cristianos no predican de sí mismos, los cristianos proclaman a Cristo.
– Los cristianos no apuntan a valores centrales; los cristianos apuntan a la gente hacia la cruz.
– Los cristianos no predican acerca de Cristo: Los Cristianos predican Cristo.

Hace 300 años un pastor de origen Alemán escribió un himno que giraba en torno al Nombre sobre todo nombre:
“¿Me preguntas que gran cosa yo sé, que tanto me deleita y conmueve?
¿Qué gran recompensa yo gano? ¿Cuál es el nombre en el cual me glorío?
Jesucristo, el crucificado.
Esta es la gran cosa que yo sé; que tanto me deleita y conmueve:
Fe en Él, quien murió para salvar, quién triunfó sobre la tumba:
Jesucristo, el crucificado.”
Jesús Cristo, el crucificado, resucitado, entronado, triunfante, Señor viviente.
El es nuestro destino, nuestra pasión y nuestra vida.
Amén.

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¿Qué significa ser salvo?

A mi parecer, ser salvo significa ser libre de nuestra naturaleza pecaminosa, ser libre del poder del pecado, y de todos los pecados, para llegar a ser lo que Dios quiere que yo sea. Desde que Dios me creó, quiere restaurarme hasta conseguir la perfecta imagen de Dios en mí, y puesto que Cristo es la Perfecta Imagen, significa que cuando sea exactamente y verdaderamente como Jesús, de tal manera que cuando me veas a mí puedas ver a Cristo, seré salvo.
Ese es el objetivo final de la salvación. “Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros,” Gálatas 4:19
Dios quiere restaurarnos y todo viene del principio de la Creación, porque una de las preguntas que debemos hacernos es: ¿Porqué Dios nos creó? Esta es una pregunta muy importante, y la respuesta es la siguiente: Dios ya tenía un Hijo, y le amaba tanto, y tenía tanto gozo y alegría con Él, que decidió tener una familia más grande. Dios quiere que seamos como Su Hijo, y hasta que no seamos como Él, Dios no podrá disfrutar de Su familia.
Dios tiene toda Su confianza puesta en Su Hijo, Él es tan obediente, y tan amoroso que cuando tengamos Su imagen en nosotros, Dios puede disfrutar plenamente de esa vida familiar con nosotros. Esa es la verdadera razón por la que creó el mundo y nos creó a nosotros. Para tener una gran familia justo como Su Hijo. También nos creó porque quiere hacer el mayor regalo para Su propio Hijo, Dios está preparando a Sus hijos para que sean una Esposa para Cristo.
Es natural, todos los que tenemos un hijo, lo amamos entrañablemente, y normalmente queremos otro hijo o hija como el primero. Eso fue lo que motivó a Dios el crearnos.
Cuando nos vamos al futuro, al final de la historia, vemos la otra parte del propósito de Dios, donde Él tiene la intención de crear un nuevo universo, un mundo nuevo donde no hay pecado y donde nunca habrá corrupción y donde nunca habrá guerra, pecado, ni maldad alguna. Dios está agotando este viejo universo y preparando uno nuevo.
Por todo ello, Dios tiene que salvar y perfeccionar a las personas que van a poblar ese nuevo mundo, de lo contrario, volveríamos a tener los mismos problemas que tenemos en este mundo actual.
Cuando miramos al futuro, vemos un nuevo cielo y una nueva tierra, con nuevas personas que lo habitan. Personas que nunca más lo corromperán. Un lugar sin pecado y sin tentaciones donde todo se disfrutará al máximo. Esa es la idea de Dios. Y así era el Jardín del Edén antes del pecado, la rebelión y la desobediencia. Dios va a hacerlo todo de nuevo, aunque esta vez, Él está preparando a un pueblo que una vez estuvo muerto en sus pecados, pero que gracias a Su Hijo Jesucristo, está siendo restaurado y formado a Su Imagen siendo perfeccionado en Cristo y preparado para poblar ese nuevo universo y la nueva tierra que viene apropiadamente.
Tanto si miramos al principio de la creación, como si miramos al final de la misma, al futuro de la nueva creación, vemos el eterno propósito de Dios cumpliéndose. Su deseo de formar una gran Familia con la imagen de Su Hijo y con la que tener una verdadera relación amorosa y familiar.
Por todo ello, debo aclarar de nuevo que la salvación es un proceso que toma tiempo. Es el proceso que se requiere para tomar gente muerta en sus pecados y transgresiones como nosotros y hacer nuevas criaturas en Cristo Jesús. Y eso es porque Dios nos ama.
Él podría haber decidido hacer lo contrario. Destruirlo todo, dejarnos en nuestra condición natural, muertos en nuestros pecados, y empezar de nuevo con una nueva creación y una nueva humanidad, pero ese no es Su plan. Su plan es coger a pecadores que se arrastran por la tierra como gusanos, muertos en sus concupiscencias, y convertirlos en santos por Su Gracia como un ejemplo a todos los seres y criaturas creadas en el universo.
La creación vuelve a ser un hecho pero Dios lo hace de forma invertida. En la primera creación hizo los cielos y la tierra, y después creó a los seres humanos y los puso a cargo del planeta; sin embargo, en esta ocasión, Dios está creando nuevas personas primero, y cuando su pueblo esté preparado, Él hará un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra para ellos. Jesucristo continúa trabajando, obrando en nuestras vidas, y creando de nuevo Su nueva creación invertida.
Muchos se preguntan: ¿Una vez salvo, siempre salvo? ¿Qué significa ser salvo? Ser salvo significa ser perfecto, como Jesús. Significa estar conformados a Su Imagen. Significa ser las personas que Dios quiere que seamos, y eso toma tiempo para Dios y toma tiempo para nosotros.
En realidad la salvación tiene tres etapas.
—Ser libres de la muerte del pecado en nuestras vidas, la justificación.
—Ser libres del poder que el pecado tiene sobre nosotros, la santificación.
—Ser libres de lo posibilidad de pecar, la glorificación.
Las tres etapas completan la salvación, y no podemos decir una vez salvo, siempre salvo, hasta que no hemos completado las tres fases.
Pablo cuidaba su salvación con «temor y temblor» y como un atleta corría la carrera. Tanto es así que en 1 Corintios 9:27 dice lo siguiente: «Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.»
De hecho, Pablo, en su carta a los Hebreos nos dice que Cristo vuelve para cumplir la tercera fase trayendo salvación a Su pueblo.
“Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan.” Hebreos 9
Yo lo estoy esperando, y eso es en el futuro. Yo espero ansiosamente a mi Salvador y Él trae en Sus manos mi salvación completa. Cuando eso ocurra, entonces exclamaré con gran gozo: ¡¡¡Una vez salvo, siempre salvo!!! Porque en ese momento, la Obra de mi Señor estará completa porque Él mismo la completará con Su segunda venida.
Si hacemos esa exclamación antes de que eso ocurra, estamos hablando del pasado. Hablamos como si ya se hubiera cumplido y está terminado cuando en realidad en aquel pasado conocimos a Cristo y empezó nuestra salvación por medio de la justificación de nuestros pecados. En la actualidad estamos en la santificación, siendo santos para Dios, y cuando nos reunamos con Cristo, Él mismo completará Su obra con nuestra glorificación.
Yo empecé a ser salvo en 1947 y todos los que me conocen, saben muy bien que mi salvación no está completa, especialmente mi esposa lo sabe bien. Ella sabe que no estoy allí todavía, sabe que estoy corriendo la carrera, y sabe que Dios mismo empezó la buena obra en mí y en Su tiempo la culminará.
Mi esposa sabe también que yo no soy ahora lo que fui en el pasado, antes de conocer a mi Señor. Como aquel hombre que oraba diciendo: “Señor, te doy las gracias porque aunque no soy el que debo ser, ni tampoco soy el que en Tu tiempo seré, te agradezco y te doy la gloria porque ya no soy el que antes era.”
Este es el proceso de la salvación que Dios está haciendo en cada uno de nosotros y lo está haciendo muy bien, de manera que en Su tiempo lo completará si seguimos poniendo nuestros ojos en Él, el Autor y el Consumador de nuestra fe.

Cuando leemos Juan 3:16 en el griego original observamos que el verbo “creer” está en modo presente-continuo, y en su contexto correcto, leyendo los pasajes anteriores, dice así:
“Y de la misma manera, Dios amó al mundo, y ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquél que en Él siga creyendo, siga teniendo la vida eterna.”
No te conformes con los que te enseñan o con lo que has oído, haz tu propia investigación, escudriña las Escrituras como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de Verdad.

-David Pawson
(Traducido y editado por José Torres Arjona)

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“El evangelio del dios-amor”

Hoy en día muchos tienen una idea totalmente equivocada de Dios. Piensan que Dios es el culpable de toda la maldad que hay en el mundo porque lo permite o piensan que debería actuar de cierta manera para poner fin a la injusticia y a la corrupción que nos rodea.
Parece que muchas personas se han hecho una idea preconcebida en sus mentes de quién es Dios y cómo es Dios. Y ese es el tema que vamos a tocar ahora. Quiero pediros que no creáis mis palabras, que busquéis en las Escrituras y las escudriñéis para aseguraros que lo que vamos a comentar es la verdad. Y es muy importante porque esa forma de pensar en Dios no es otra cosa que idolatría. La idolatría puede ser adorar a una imagen, un ídolo, y también es idolatría creer en un “dios” según nuestro propio entendimiento y según nuestra propia conveniencia.
Veamos cómo es Dios verdaderamente en las Escrituras. Recordando siempre que podemos probar cualquier cosa con la Biblia en la mano, si no la conocemos bien y si no la escudriñamos.
Son muchos los que utilizan pequeñas porciones y versículos tomados de aquí y de allí para probar cualquier doctrina que quieran, pero yo estoy hablando de las Escrituras en su globalidad, hablamos de toda la imagen de Dios y todo Su consejo. La Biblia completa tal y cómo está presentada desde el Génesis hasta la Revelación de Jesucristo.
La primera sorpresa que encontramos es que habla muy, pero que muy poco sobre el amor de Dios. La Biblia lo menciona, eso sí, pero de 33.000 versículos que contienen sus 66 libros, menos de 30 versículos mencionan el amor de Dios, eso significa que no llega al 1% y eso es muy poco. De hecho la gran mayoría de los libros de la Biblia ni siquiera lo menciona. Tenemos dos o tres versículos en Génesis, no hay nada en Éxodos, hay un versículo en Levíticos, No se menciona en Números, ni en Deuteronomio, dos versículos en Josué, nada Jueces, ni en 1º y 2º de Samuel, nada en Reyes 1 y 2, y podemos seguir en la misma línea hasta el final.
Existen poquísimas referencias al amor de Dios en la Biblia, sin embargo, la gran mayoría de las iglesias actuales han hecho del amor de Dios el mensaje más importante para el mundo, cuando en las Sagradas Escrituras vemos todo lo contrario.
¿Por qué ocurre esto? Creo que hemos caído en la tentación de decirle a la gente lo que ellos quieren escuchar. En vez de decirles lo que necesitan saber, preferimos quedar bien con ellos y predicamos que Dios es amor y que Dios ama a todo el mundo. En vez de decirles la verdad, les ofrecemos un evangelio “dulce y atractivo”. Esa es la primera sorpresa que encontramos cuando realmente escudriñamos la Biblia.
La segunda sorpresa es la siguiente: En ningún lugar en las Sagradas Escrituras donde se habla del amor de Dios se hace en público. Observamos que en cualquier lugar donde los judíos mencionaban el amor de Dios lo hacían hablando con otros judíos, nunca con el mundo gentil. Ellos predicaron muchos mensajes a todas las naciones, y en ninguna ocasión mencionaron el amor de Dios. Ese tema estaba reservado de forma íntima y personal entre ellos, el pueblo de Israel.
Y cuando entramos en el Nuevo Testamento encontramos exactamente la misma realidad preferente a los cristianos y su mensaje del Evangelio y la Buena Nueva a los judíos y a los gentiles. No encontramos ni un solo versículo donde los cristianos en la Iglesia primitiva mencionaran el amor de Dios a otras personas que no fueron sus hermanos y hermanas en Cristo. También para ellos era algo íntimo y privado entre los hermanos de la fe. Y de nuevo, eso es una gran sorpresa y una revelación cuando las iglesias de hoy día no hablan de otra cosa en sus predicas al mundo. Todo lo basan en el amor de Dios. Sin embargo ni Jesús, ni ninguno de sus discípulos predicaron jamás el amor de Dios al mundo.
Ellos nunca mencionaban el amor de Dios en público. Leemos el libro de los Hechos y encontramos todos los ejemplos de la iglesia primitiva predicando el Evangelio a toda criatura. Vemos como la Iglesia crecía y se multiplicaba por todo el mundo, leemos como predicaban con denuedo tanto a los judíos como a los gentiles y muchísimos venían a la fe en Cristo Jesús, y sin embargo, ni un solo versículo, ni una sola vez en todo el libro de los Hechos mencionan el amor de Dios. Eso es sorprendente. La Iglesia primitiva creció y se multiplicó sin mencionar nunca el amor de Dios, eso es la segunda sorpresa, porque observamos que tanto los judíos en el Antiguo Testamento como los cristianos en el Nuevo Testamento solamente mencionaban el amor de Dios entre ellos de forma interna e íntima. Vemos que todas las menciones del amor de Dios en las Sagradas Escrituras se hicieron de forma interna y privada entre los creyentes y nunca en público.
¿Por qué? La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: Tanto los judíos como los cristianos habían sido rescatados de la esclavitud por Dios mismo. Dios había hecho algo extraordinario en sus vidas, por ellos y para ellos. Eso era algo que Dios nunca ha hecho por el mundo ni por otras personas, y ellos estaban muy agradecidos de haber sido librados y liberados, sabiendo que ni siquiera se lo merecían. Ellos entendían, hablaban, comprendían y agradecían el extraordinario amor que Dios tenía por ellos. En otras palabras, solamente aquellos que han sido rescatados y librados de la esclavitud del pecado y de la muerte entienden lo que es el Amor de Dios. Solamente aquellos que han sido redimidos y apartados del mundo pueden entender el amor de Dios y valorar qué clase de amor es.
Y eso nos trae a la tercera cuestión: Escudriñando las Escrituras observamos que ellos eran muy cuidadosos cuando hablaban entre ellos sobre el amor de Dios porque ellos sabían que el amor de Dios es totalmente diferente del amor humano.
En el griego vemos que existen tres tipos de amor, y cada uno de ellos es completamente diferente de los otros. Tenemos el amor eros, el amor filio, y el amor ágape. El mundo conoce bien dos de ellos, pero el tercero, el amor de Dios no lo entienden y es incomprensible para ellos.
Los dos amores que los seres humanos conocen y entienden son el eros y el filio, pero el tercer amor tipo de amor, el ágape, el amor de Dios, es un tipo de amor que muy pocos lo conocen, lo entienden, o lo comprenden. Ese amor divino, el amor de Dios es totalmente desconocido para los no creyentes y no lo pueden comprender.
Entonces tenemos los tres tipos de amor: eros, filia, y ágape. El primero es el amor del corazón y las emociones. Funciona con el amor de la atracción. Ves a alguien y sientes una atracción amorosa hacia esa persona incluso hasta el punto de desearla. Es el amor de la pareja y el amor sexual. Hay una atracción entre esas dos personas incluso una mirada puede provocarlo. Es atracción y las personas se enamoran a veces de una forma involuntaria, te viene sin buscarlo, y entras en ese amor, de la misma manera sales de ese amor. No puedes evitarlo es algo del corazón, un amor que te enamora y si te sientes atraído hacia otra persona.
Luego tenemos el amor Filio. Este es el amor de la de la amistad y de la familia. Es afectivo y cariñoso. Hay un poco de atracción en ello, pero básicamente es afecto. Viene de la mente y del alma, dos personas se unen y encuentran porque tienen muchas cosas en común y se hacen amigos. También es el amor de padres a hijos, hermanos y amigos. Pero es un amor qué tú eliges y lo controlas, tu decide si ese amor y ese cariño continúa o decides abandonando. Es el amor del afecto.
Y entonces llegamos al amor ágape. El amor del ágape es el amor de la acción. Es el amor que te invita y te lleva a hacer algo bueno por los demás. Es el amor del deseo y es totalmente voluntario. Tú decides dar ese amor cuando ves a alguien en necesidad, y se llama el amor de la acción, aunque también puedes ignorarlo. Pero el amor ágape te conmueve a la acción para hacer algo por los demás y por esa persona en necesidad. Ese es el tipo de amor ágape, el amor de la acción, el amor de Dios. Ese es el amor que Dios tiene para con nosotros, Sus hijos.
Tenemos una clara ilustración de cuando alguien vino a Jesús y le pregunto: ¿Cómo puedo amar a mí mi prójimo, quién es mi prójimo? Jesús le contesto con la parábola del buen samaritano.
Un judío había sido atacado por unos ladrones y estaba herido en medio del camino, estaba abandonado en el suelo y varias personas pasaron por allí, vieron la situación y decidieron ignorarla. Cuando pasó un samaritano, aunque no se hablan con los judíos y se desprecian entre ellos, se detuvo y ayudó al pobre desdichado. Ellos representaban culturas totalmente diferentes y enemistadas, pero el samaritano se movió a la acción mediante el amor ágape, e hizo algo para ayudar al judío estaba en necesidad. Eso es lo que Jesús llamo el amor. No se trataba del amor de la atracción, ni el amor del afecto, sino que se trataba del amor de la acción, de hacer algo para ayudar a los demás. Es un amor práctico, un amor que funciona, un amor de acción, un amor inmerecido. Ese es el amor de Dios. Pero el ser humano adámico no comprende ese tipo de amor, el amor de Dios. No está capacitado para entenderlo y asimilarlo, porque se trata del amor de acción, el amor que perdona, el amor que rescata del pecado y de la muerte, y si ellos mismos no lo han vivido en sus propias vidas, no pueden entenderlo. Y esa es la razón por la que ni Jesús ni sus discípulos lo mencionaban cuando predicaban el Evangelio al mundo.
Resumiendo, diremos que sobre el amor de Dios hay varias sorpresas en las Sagradas Escrituras: la primera es que casi nunca se menciona, la segunda es que las pocas veces que se menciona sólo se hace en privado entre los hijos de Dios porque ellos son los que lo han experimentado y se amor en sus propias vidas lo conocen y lo comprenden porque han sido redimidos y rescatados de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ellos habían experimentado el perdón de Dios y son los que entiende el amor de Dios.
Otra cosa que encontramos en la Biblia es que nunca dice ni menciona que Dios ama a todo el mundo. Pero desgraciadamente eso es lo que la Iglesia está continuamente predicando, y por culpa de esa predicación errónea la gente nos responde con preguntas absurdas tales como: ¿Si Dios es amor, porque permite el sufrimiento? ¿Si Dios es amor porque permite la maldad? ¿Cómo un Dios que es amor manda a la gente al infierno?
Es muy triste, porque nosotros mismos, al predicar “otro evangelio” hemos dado lugar a esas preguntas que están fuera de su capacidad para comprenderlas. Nosotros mismos hemos creado el problema porque hemos predicado un evangelio diferente diciéndole a la gente que Dios es todo amor y que Dios ama a todo el mundo.
Por favor, debemos entender que ese no es el Evangelio que predicamos, y que eso no es lo que la Biblia nos enseña. De hecho, lo que la Biblia nos muestra es todo lo contrario. La Biblia dice muchas cosas de Dios que no son amorosas. Por ejemplo dice que Dios es muy paciente con las personas y que es muy lento en su ira, pero también dice que puede airarse contra la gente y el pecado, y cuando se enciende la ira de Dios, es mejor que te salgas de Su camino. Es mejor para el ser humano nunca haber nacido que estar delante de un Dios airado dice mi Biblia.
Mi Nuevo Testamento dice que es algo terrible caer en las manos de un dios airado. Otro contraste lo tenemos en que Dios está feliz con algunas personas cuando son buenos, pero al mismo tiempo puede estar muy enojado con otras personas, y a sus acciones la llama una abominación. Por ejemplo, una de las cosas que son una abominación y que no tolera es cuando confundimos un varón y una hembra. Dios hizo el varón y la hembra con diferentes funciones, diferentes responsabilidades, diferentes formas de vestir, y diferentes formas y aspectos; y cuando confundimos eso y lo mezclamos y lo alteramos es una abominación para el plan de Dios. Para el Creador siempre fue un hombre y una mujer nunca un hombre con un hombre y nunca una mujer con una mujer cuando eso ocurre estamos totalmente enfrentados con la provisión y la voluntad de Dios. Estamos destruyendo lo más precioso que Dios ha hecho en nuestras vidas que es el matrimonio el sexo y la familia. Y cuando Dios creó el hombre, y la mujer, y el sexo, Dios dijo era bueno. Dijo que lo creado era bueno es lo consideró Su obra maestra: el hombre y la mujer unidos formando la familia. Pero en la sociedad mezclamos, alteramos y destruimos la creación de Dios.
Nuestro Dios es un Dios de contrastes. Él bendice a unas personas y maldice a otras. Es un Dios que bendice y maldice. La gente del mundo nos dirá: “No es amoroso maldecir a la gente, eso no es amor.” Y ocurre porque ven el amor de Dios en lo sentimental y ni siquiera lo conocen.
Dios le dijo a los judíos en Deuteronomio: “Os bendeciré si seguís mi camino y os maldeciré si no la hacéis y por eso los judíos es un pueblo que ha sido de los más bendecidos y de los más maldecidos en toda la historia. Así es que Dios es muy paciente pero también se puede poner muy furioso. Dios ama y también odia. Dios da la vida, y también la muerte.
En la Biblia tenemos la misma cantidad de versículos que mencionan el amor de Dios y los que mencionan su odio. Tenemos 30 sobre el amor, y 30 sobre el odio.
En este falso evangelio muchos predican que Dios ama al pecador y que odia el pecado. Y eso no es verdad. Eso no es bíblico. Dios odia el pecado y Dios odia también a los pecadores si continúan pecando.

David Pawson
Extracto de su video: “Why God allow natural disasters?”
“¿Por qué permite Dios las catástrofes naturales?”
(Traducido por José Torres Arjona)

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“Espíritu, alma, y cuerpo”

El concepto corriente de la constitución de los seres humanos es dualista: alma y cuerpo. Según este concepto el alma es la parte interior espiritual invisible, mientras que el cuerpo es la parte corporal externa visible. Aunque hay algo de cierto en esto, con todo, es inexacto. Esta opinión viene de hombres caídos, no de Dios. Aparte de la revelación de Dios no hay ningún concepto seguro. Que el cuerpo es la cubierta externa del hombre es, sin duda alguna, correcto, pero la Biblia jamás confunde el espíritu y el alma como si fueran la misma cosa. No sólo son diferentes en condiciones, sino que sus mismas naturalezas difieren una de otra. La Palabra de Dios no divide al hombre en las dos partes de alma y cuerpo. Al contrario, trata al hombre como un ser tripartito: espíritu, alma y cuerpo. Primera Tesalonicenses 5:23, 24 dice: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.» Este versículo muestra claramente que el hombre está dividido en tres partes. El apóstol Pablo se refiere aquí a la santificación total de los creyentes: «santificaos totalmente». Según el apóstol, ¿cómo se santifica una persona por completo? Guardando su espíritu, alma y cuerpo. Es fácil comprender con esto que el conjunto de la persona comprende estas tres partes. Este versículo también hace una distinción entre espíritu y alma, pues de otro modo Pablo habría dicho simplemente «vuestra alma». Puesto que Dios ha distinguido el espíritu humano del alma humana, concluimos que el hombre está compuesto, no de dos, sino de tres partes: espíritu, alma y cuerpo.
¿Tiene alguna importancia dividir el espíritu y alma? Es un asunto de primordial importancia porque afecta tremendamente a la vida espiritual de un creyente. ¿Cómo puede comprender un creyente la vida espiritual si no conoce el alcance del mundo espiritual? Sin comprender esto ¿cómo puede crecer espiritualmente? El fracaso en distinguir entre el espíritu y el alma es fatal para la madurez espiritual. Con frecuencia los cristianos consideran espiritual lo que es anímico (o sea, del alma), y de esta manera permanecen en un estado anímico y no buscan lo que es espiritual de veras. ¿Cómo podremos escapar del fracaso si confundimos lo que Dios ha dividido?
El conocimiento espiritual es muy importante para la vida espiritual. Añadamos, no obstante, que para un creyente es de igual importancia o más, ser humilde y estar dispuesto a aceptar la enseñanza del Espíritu Santo. Si lo es, el Espíritu Santo le concederá la experiencia de dividir en espíritu y alma, aunque quizá no tenga demasiado conocimiento sobre esta verdad. Por un lado, el creyente más ignorante, sin la más mínima división de espíritu y alma, puede, sin embargo, experimentar esta división en la vida real. Por el otro, el creyente más informado, conocedor por completo de la verdad sobre espíritu y alma, puede, sin embargo, no vivirla en su experiencia. Mucho mejor es el caso de la persona que puede tener tanto el conocimiento como la experiencia. No obstante, la mayoría carecen de esta experiencia. En consecuencia, es bueno empezar por guiarlos a que conozcan las diferentes funciones del espíritu y del alma y luego animarlos a buscar lo que es espiritual.
Otras porciones de la Biblia hacen la misma diferenciación entre espíritu y alma. «Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y de los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb. 4:12). En este versículo el escritor divide los elementos no corporales del hombre en dos partes, «alma y espíritu». Aquí se menciona la parte corporal a través de las coyunturas y los tuétanos —órganos motores y sensoriales—.
Cuando el sacerdote utiliza el cuchillo para cortar y dividir totalmente el sacrificio, no puede quedar nada oculto. Incluso se separan las coyunturas y los tuétanos. De la misma manera el Señor Jesús usa la Palabra de Dios sobre su pueblo para separarlo todo, para penetrar incluso hasta la división de lo espiritual, lo anímico y lo físico. Y de aquí se deduce que puesto que se puede dividir el alma y el espíritu, deben ser diferentes en su naturaleza. Así pues, es evidente aquí que el hombre es un compuesto de tres partes.

-Watchman Nee

De su libro: “El hombre espiritual”
Parte 1

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