No hay nadie como Jesús, ¿Lo conoces?

No hay nadie como Jesús. Nunca ha existido y nunca existirá nadie como Él.
Vamos a ver alguna de esas particularidades que hacen de Jesús alguien totalmente diferente y único entre todos los seres humanos. Realidades que lo separan, lo distinguen y lo hacen totalmente diferente de personas como Buda, Mahoma, Confucio y todos los demás.
Con esto demostraremos que la Persona de Jesús no puede mezclarse ni compararse con nadie. Su Persona pertenece a una categoría única y exclusiva de todas las demás conocidas y por conocer.
-Lo primero es la forma en que vino a este mundo. Fue extraordinaria. Él fue la única Persona que nació sin el acto sexual entre un hombre y una mujer. María, su madre, era virgen cuando nació Jesús y no había conocido varón.
-Nueve meses antes de Su nacimiento ocurrió algo totalmente único y anormal, Su concepción. Un gran milagro ocurrió en ese momento, un evento sobrenatural y único en la historia. El Espíritu Santo vino sobre María y el poder del Altísimo la cubrió con Su sombra; por eso el Santo Niño que nació sería llamado Hijo de Dios.
-Jesús es el única Persona en este mundo que decidió nacer. Yo no lo decidí, ni tu tampoco. No escogimos a nuestros padres, ni decidimos nacer en cierto país o con cierto estatus social. Pero Jesús lo hizo, escogió nacer, y escogió cada particularidad de su nacimiento. Por eso mismo, Él nunca dijo: “Yo he nacido”, por el contrario, siempre decía: “Yo he venido”, “El Padre me ha enviado”, o “He decidido venir”. Y vez tras vez repetía: “He sido enviado por Dios, Mi Padre”. Estas dos frases: “He venido” y He sido enviado” son únicas y exclusivas en Jesús. Él es el único ser humano que decidió venir y nacer en este mundo y nos dijo la razón de esa decisión y el propósito de la misma para descender y convertirse en un ser humano como nosotros.
-Tenemos su niñez como única en la historia. Considerando que es la Persona más conocida y reconocida en el mundo, toda su infancia y su adolescencia permanece oculta para nosotros. No sabemos caso nada de los primeros 30 años de Su vida, un increíble velo la oculta. No sabemos nada de Él, excepto por una ocasión, a la edad de 13 años. Y algo extraordinario ocurrió en ese tiempo.
Era costumbre judía que cada joven varón, a esa edad, dejara de lado los juegos infantiles, dejaba de viajar y acompañar a su madre, y empezara su vida como adulto acompañando a su padre y siendo un ayudante y aprendiz en su trabajo. Era una transición social donde dejaba las cosas de niño para convertirse en un hombre. Un acontecimiento muy importante, y un orgullo en la vida de los judíos varones.
En los viajes familiares, las mujeres y los niños se adelantaran en el camino para que al llegar a su destino prepararan el campamento y la comida justo antes de la llegada de los hombres. Ellos fueron a Jerusalén para la fiesta cuando Jesús tenía 12 años, por lo cual, en su viaje, Él caminaba con su madre y otras mujeres de la familia. Pero, al cumplir los trece años en Jerusalén y convertirse en un hombre, se suponía que Jesús debía volver a casa caminado con Su padre y con los demás varones.
Cuando en su retorno al hogar montaron las tiendas a medio camino de su casa y llegó José sin Jesús todos se sobresaltaron, Jesús se había perdido. José pensaba que por la fuerza de la costumbre Jesús había caminado con su madre, y María pensaba que esta con José por el cambio cultural acontecido donde Jesús pasaba de ser niño a ser hombre.
Volvieron a Jerusalén y lo buscaron hasta encontrarlo en el templo.
“Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los
doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles.
Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia.
Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? (Lucas 2)
Al cumplir esa edad adulta, Jesús sabía que era totalmente diferente a todas las demás personas, sabía que Dios era Su Padre en el sentido real y literal. Jesús sabía que no habría nacido sin Dios, Su Padre, y que José era sólo su padrastro.
Y así, este pequeño acontecimiento a la edad de 12 años hace de Jesús alguien totalmente diferente e incomparable al resto de los mortales. Jesús sabía que sin Dios Él nunca habría nacido.
A la edad de 30 años empezó su ministerio público. Tenemos Sus milagros, las cosas que hizo, tenemos Su moralidad, Sus valores como Persona, Y tenemos Sus Palabras, lo que dijo, y Su Mensaje. Y estas tres cosas son las que resumen Su Unicidad como Persona en este mundo.
Exponemos esta información por la historia que tenemos de las personas que lo conocieron y vivieron con Él, y tenemos que decidir si aceptamos los testimonios de esas personas o los rechazamos, pero lo que no podemos hacer es seleccionar unas partes sobre otras según nuestros deseos personales. No es algo para escoger según nuestra conveniencia. Aceptas todos los testimonios y relatos de los que escribieron sobre Él o lo rechazas enteramente. No existe término medio con Jesús.
Lo primero que leemos es sobre Sus milagros. Tenemos incluso escritos de varios historiadores de la época que exponen Sus hechos milagrosos. Curó a los enfermos, echó fuera demonios, y aunque eso es algo que otros también hicieron o hacen en la actualidad, también resucitó a algunos de entre los muertos, y en el caso de su amigo Lázaro, lo resucitó después de cuatro días, cuando ya su cuerpo había empezado la descomposición.
También hizo milagros en cosas. Transformó el agua en vino, alimentó a miles con la comida de un niño, y sobre todo, controlaba la meteorología mediante una Palabra suya. Él dio orden a la tormenta y ésta obedeció, consiguiendo salvar la vida de sus discípulos en alta mar.
En otra ocasión se acercó hambriento a una higuera esperando encontrar unos higos para comer, no fue así y maldijo al árbol. A la mañana siguiente la higuera estaba seca desde sus raíces. Y todas estas cosas las hizo mediante Su Palabra.
Podemos creer o rechazar estos hechos, pero no podemos escoger las partes que queremos creer y rechazar el resto. Con Jesús en todo o es nada.
Si pasamos de lo que hizo, a lo que era, encontramos algo extraordinario en Jesús. Nadie, absolutamente nadie, fue capaz de hacer una crítica negativa contra Él por haber errado o haber cometido alguna falta. Y eso lo encontramos en Sus propias Palabras cuando le dijo a sus peores enemigos. “¿Quién de vosotros me acusa de pecado?, ¿Quién encuentra en Mi falta alguna? Desde luego yo no me atrevo a decir esto ni siquiera a mi mejor amigo, y decirlo a tus peores enemigos es algo único y sorprendente. Leemos que “…Hubo silencio entre ellos, porque no lograban encontrar nada para usar en su contra.”
Puedes encontrar faltas, errores y pecados en todos los fundadores de las religiones que existen actualmente en el mundo, pero nadie, absolutamente nadie, puede decir absolutamente nada en contra de la Persona de Jesús. Él, literalmente, era Perfecto, eso es algo extraordinario. Y esa realidad fue reconocida, no solo por cristianos, sino por mucha otra gente de su época, quienes nunca pudieron encontrar una sola falta en Él.
Y así, la vida de Jesús estaba marcada por estos dos factores impresionantes acerca de Jesús que lo hicieron único y exclusivo en la raza humana.
Primero tenemos los milagros que hizo y segundo la moralidad con la que vivió Su vida. Incluso la gente que vivió junto a Él, se sentó en la misma mesa y comió la misma cena, se sentían “sucios” en Su presencia; como en el caso de unos de sus más cercanos amigos que le dijo: “Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador.” Esa era la forma en que reaccionaban al vivir con alguien que era totalmente Puro, totalmente Bueno, y totalmente Justo. Eso te hace sentir vergüenza de ti mismo y ese era el sentir de las gentes, incluso en el caso de aquellos que lo conocían de forma íntima y personal viviendo con Él durante tres años.
Y aquí una gran pregunta acerca de Jesús: ¿Cómo es posible que un hombre que únicamente hizo el bien a todos y que vivió con semejantes valores, en solo tres años de su vida pública fue ejecutado como un peligroso criminal?
Todo el mundo conoce estos hechos, todos saben que en tres años Él terminó colgado en una cruz bajo la acusación de ser una persona demasiado peligrosa como para permitirle que siguiera viviendo. ¿Por qué?
Sócrates, uno de los mayores filósofos de la historia dijo unos años antes de Cristo: “Si un día apareciera un hombre perfecto en este mundo, lo matarían.” Él reconoció que semejante persona viviendo en este mundo corrupto y decadente sería tal desafío para los demás, que en sus conciencias lo odiarían por ello. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Pero aún debemos preguntarnos cómo fue posible que Jesús sufriera los graves cargos criminales contra Su Persona. Eso es inexplicable, como bien dijo Pedro, uno de sus discípulos: “Él fue por todo lugar haciendo el bien.” Y era Bueno, e hizo lo bueno en toda Su vida.
Así pues: ¿Cuál fue la causa por la que lo mataron de forma tan prematura?La respuesta la encontramos en lo que Jesús dijo. No en lo que hizo, no en lo que era, ni en la forma en que vivió. La respuesta está en lo que dijo, y cuando consideramos Su mensaje entendemos la razón por la que decidieron asesinarlo.
Podemos dividir Sus enseñanzas en dos vertientes. Tenemos Sus enseñanzas a otras personas, enseñándoles como vivir, y Sus enseñanzas acerca de Él mismo. Y fue esta segunda, la que provocó la ira de los que lo mataron.
Sus enseñanzas para los demás han sido reconocidas mundialmente como los valores morales más altos por los que un ser humano puede vivir. Incluso personas que no son cristianas lo admiten.
La gente sabe que el sermón de la montaña contiene los valores y la moralidad más alta que nadie puede encontrar, y si el mundo viviera según ese estándar, viviríamos en una sociedad maravillosa, pero también sabemos que esa meta no es posible para el ser humano, nuestra naturaleza natural no concibe esos valores divinos a menos que sea Dios mismo el que obra a través de nuestra vida.
En sus palabras no hay espacio para el odio, o el rencor, o la venganza para nadie, ni siquiera para la gente que nos ofende, o nuestros enemigos. Todos sabemos que esa meta es demasiado alta para que el ser humano la alcance sin intervención divina en nuestros corazones. Jesús decía, “La ley dice: ‘No matarás’, pero Yo os digo: si insultas a tu hermano ya eres culpable de asesinato. Y la ley dice ‘No tomarás la mujer de tu prójimo’, pero Yo os digo: si la miras con lascivia ya has cometido adulterio en tu corazón.”
Es un hecho, Sus palabras contenían la moralidad y los valores más altos que jamás el mundo haya conocido.
Grandes personajes mundiales como Gandhi y otros lo reconocieron y trataron de poner en práctica Sus enseñanzas en las relaciones humanas. Gandhi logró la independencia de su país siguiendo la “no violencia” que leemos en el Evangelio, aunque no era perfecto y no vivió en concordancia con sus enseñanzas como ningún otro ser humano lo ha logrado por sus propios medios. Jesús fue el único que logró vivir su vida a ese nivel divino mientras lo compartía y lo enseñaba a otros.
Pero fue lo que dijo sobre sí mismo lo que le ocasionó los mayores problemas. Él dijo cosas sobre Su Persona que nadie jamás ha dicho ni puede decir. Y son esas proclamaciones sobre sí mismo lo que hace que Jesús sea absolutamente único en la historia de la humanidad. Y eso hace imposible que podamos compararlo, o unirlo a cualquier religión del mundo, porque el cristianismo es Cristo, no es una religión, ni una doctrina, ni una enseñanza. No es una religión, sino una relación íntima y personal entre la criatura y Su Creador, entre el hombre y Su Señor, entre el que agoniza y Su Salvador.
Y surge la pregunta: ¿Cómo vas a tener una relación con alguien que murió hace dos mil años? Eso no es posible, porque cuando alguien muere, se termina la relación.
Esa realidad se cumple con todos los seres humanos que fundaron todas las religiones que existen en el mundo. No puedo tener una relación con Mahoma, ni con Buda, ni Confucio, porque todos ellos murieron y todo se terminó. Todo lo que puedo hacer es tratar de leer sus escritos, tratar de aprender sobre ellos y ponerlos en práctica, eso es todo.
Sin embargo, con Jesús es totalmente diferente. Millones de personas en todo el mundo han tenido y siguen teniendo una relación íntima y personal con Jesús desde lo más profundo de sus corazones, de manera que han nacido de nuevo y son nuevas criaturas en Cristo Jesús Señor nuestro.

(Dios mediante, por Su Gracia, continuaremos la traducción de este precioso texto)

Por David Pawson
(Traducido de inglés por José Torres Arjona)
Estamos en salvoporgracia.com, donde Jesús es Suficiente e Inagotable!!!

Deja un comentario

¿Dónde está la profecía para hoy con respecto a la iglesia?

Cuando leemos las primeras siete epístolas de Pablo, no encontramos ninguna profecía en ellas. Puede parecernos que hay varias profecías en el capítulo trece de Mateo, pero ninguna de ellas da suficientes detalles con respecto a la iglesia, ni tampoco es lo suficientemente clara al respecto, debido a que se refieren a la apariencia externa del reino de los cielos. Por tanto, podríamos decir que únicamente en Apocalipsis 2 y 3, donde encontramos las últimas siete epístolas, se nos muestra claramente las profecías con respecto a la iglesia y todas ellas se han cumplido.
Por medio de estas siete epístolas, el Señor ha querido dirigirnos con respecto a cómo llegar a ser vencedores. El Señor nos está indicando precisamente cómo debemos comportarnos a fin de vencer; por lo cual, mediante el cumplimiento de estas epístolas, Él nos muestra cómo llegar a ser un vencedor en este mundo. Por tanto, esto se relaciona con la manera en que cada uno de nosotros se conduce.
Al considerar estas siete epístolas en su conjunto, veremos que cada una de ellas se divide en cuatro secciones. Desde la primera hasta la última, todas ellas se parecen entre sí.
En primer lugar aparece el nombre del Señor, después se describe la condición de la iglesia y la recompensa a los vencedores y, finalmente, el llamamiento a aquel que tiene oídos. En cada una de estas epístolas, el Señor nos muestra quién es Él, en qué condición se encuentra la iglesia, qué le dará a aquel que venza y, luego, Él hace un llamado a todo el que tiene oídos para que oiga.
Hay un llamamiento muy claro a los vencedores en cada una de estas iglesias; en cada caso, los vencedores tienen sus propias características, y la recompensa que el Señor da a los vencedores también difiere en cada caso. Así pues, debemos aprender que independientemente de la condición en la que se encuentre la iglesia, siempre que en ella se manifieste algún problema, si somos fieles delante del Señor descubriremos lo que tenemos que hacer.
El Señor nos muestra la manera en que debemos enfrentarnos a tal clase de problema. El Señor dijo que Él mismo es el Camino, la Realidad y la Vida (Jn. 14:6). Así que, no importa qué epístola se aplique a nuestro caso, ni las circunstancias que nos rodean, el Señor no quiere que le demos demasiada importancia a la situación que enfrentamos, aunque ésta sea muy negativa; más bien, Él desea que veamos quién es Él. La revelación de Su Persona hará que recobremos la vista.
Con respecto al conocimiento del Señor, basta con recibir tal revelación una sola vez. Una vez que recibimos tal revelación, superamos todos los errores. Debemos percatarnos, en la presencia de Dios, de cuán grave es la situación que enfrenta la iglesia. Ante tal situación, generalmente clamamos pidiendo ayuda, pero el Señor dice que únicamente aquellos que le conocen recibirán ayuda. En cada una de estas epístolas el Señor nos dice algo con respecto a Su persona. ¿Podrá este Señor encargarse de tal situación?
Así como sucede con la iglesia, también sucede con nosotros. En circunstancias difíciles, tenemos que conocer al Señor que se levanta en contra de nuestras dificultades. Todo otro asunto es secundario. La solución a todos nuestros problemas depende de cuánto conozcamos a nuestro Señor de manera íntima y personal, así como de manera colectiva, como Iglesia.
Hay quienes son capaces de estar sometidos a grandes presiones, mientras que otros no pueden soportar mucho. La fortaleza necesaria para enfrentar adversidades, en mayor o menor grado, depende de cuánto conozcamos a nuestro Señor. Por tanto, al comienzo de cada una de las siete epístolas, se presta especial atención a considerar quién es el Señor. Porque si uno no conoce al Señor, tampoco podrá conocer a la iglesia.
Desgraciadamente, hoy en día son muchos los que se sienten satisfechos con la condición en que se encuentra la iglesia debido a que, aunque tienen ojos, no ven. Ellos no han visto quién está sentado en el trono, ni tampoco han visto los diferentes aspectos de la Gloria del Señor, ni Su Belleza, ni Sus Virtudes. Pero si conocemos al Señor, descubriremos el pecado del hombre y veremos el pecado de la iglesia.
La solución a todo el problema depende de cuánto conozcamos al Señor. Aquellos que sólo conocen un poco a Dios poseen una revelación limitada de Su persona y son más tolerantes de cosas impropias. Pero todo aquel que permanezca en presencia del Señor verá que el Señor le quita toda tolerancia con respecto a aquello que no se conforma a la voluntad de Dios.
Una vez que recibimos revelación en presencia del Señor, Él purga todo aquello que no es según Su voluntad. Entonces sabremos que si deseamos ser santos, obtendremos al Señor; pero que si no tenemos tal deseo, dejaremos de disfrutar de nuestra comunión con Él.
Con respecto a lo que vimos sobre el contenido de las siete epístolas, debemos comprender que nuestros argumentos giran en torno al problema que representa el sistema. No debemos olvidar que todo cuanto se presenta en las siete epístolas está vinculado al propio Señor.
Si conocemos al Señor, condenaremos al pueblo de Dios por andar conforme a sus propios deseos; pero si no conocemos al Señor lo suficiente, toleraremos tal conducta caprichosa y religiosa. Muchas veces podemos tolerar la condición en que se encuentran los cristianos debido a que nosotros mismos no somos lo suficientemente fieles a Cristo. De hecho, no somos lo suficientemente fieles al Señor debido a que todavía no hemos recibido la revelación que nos permite conocer al Señor que condena dicha condición como pecado. ¡Oh! ¡A veces, incluso, tenemos que escoger entre servir al Señor siguiendo la revelación del Espíritu Santo, o servir al que se supone que es Su pueblo!
Ya sabemos que el número siete está compuesto por los números tres y cuatro. Después de Éfeso, surgió Esmirna; y después de Esmirna, surgió Pérgamo. Estas tres iglesias conforman un grupo, pues son iglesias que ya pertenecen al pasado. Las últimas cuatro iglesias también conforman un grupo. Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea difieren de las primeras tres iglesias mencionadas. Estas últimas cuatro iglesias se hallan presentes simultáneamente hoy en día. Si bien no se iniciaron al mismo tiempo, ellas concluirán al mismo tiempo con la llegada del Señor.
Las cuatro iglesias que existen en nuestros tiempos están llenas de significado. Cuando surgieron las iglesias protestantes, la Iglesia Católica Romana ya había estado presente por más de mil años. Cuando surgió Filadelfia, las iglesias protestantes ya habían estado presentes por más de trescientos años. Cuando surgió Laodicea, Filadelfia había estado presente por varios años.
Quienes nacemos en la época actual nos encontramos con algo muy particular: hay cuatro clases de iglesias entre las que debemos elegir. Si hubiésemos nacido antes del siglo catorce o quince, no tendríamos otra alternativa que reunirnos en la Iglesia Católica Romana. Si hubiésemos nacido durante el siglo dieciocho, podríamos elegir entre pertenecer a la Iglesia Católica Romana o a las iglesias protestantes. En estos tiempos han surgido Filadelfia y Laodicea.
Hoy existen cuatro clases diferentes de iglesias. En las cuatro hay personas salvas, algunas mejores que otras. Dios ha dispuesto para nosotros una época en la que tenemos cuatro caminos entre los cuales elegir.
Pero el Señor también nos ha mostrado cuál es Su deseo. Ciertamente la Iglesia Católica Romana no responde a tal deseo; esto ya lo sabemos. No hay necesidad alguna de orar para saber si debemos ser discípulos del papa o no. Aunque esta profecía todavía se encuentra en Apocalipsis 2, ahora ya no es necesario indagar si debemos optar por ello o no. Todos los estudiosos de la Biblia, los que conocen la Sagrada Escritura saben que ya no es necesario decidir al respecto. Pero todavía subsiste cierta dificultad en cuanto al hecho de que muchos hermanos aún no se han percatado de que la disyuntiva con respecto a optar por las iglesias protestantes ha acabado. ¿Acaso el Señor desea que permanezcamos en Sardis? Extrañamente, hay todavía muchos que están satisfechos en Sardis, la iglesia evangélica-protestante. Pero si leemos la Palabra de Dios, el Señor nos mostrará que Él no está satisfecho con Sardis. El deseo del Señor es satisfecho únicamente por Filadelfia.
En las siete epístolas que hemos examinado, únicamente Filadelfia es alabada por el Señor. En todas las otras epístolas, el Señor siempre hace alguna reprensión. El caso de Esmirna es uno de los mejores, pues ella no es reprendida, pero tampoco es elogiada. El caso de Filadelfia, sin embargo, es diferente. De principio a fin, el Señor sólo tiene palabras de elogio para ella.
Debemos obrar con mucho cuidado y con mucha oración porque muchos podemos dejar el Camino angosto que lleva a la Vida, y en lugar de formar parte de Filadelfia, pasaríamos a formar parte de Laodicea.
Que Dios nos ayude y tenga misericordia de todos nosotros.

Watchman Nee
De su libro: “La Ortodoxia de la Iglesia”

Deja un comentario

Ni toda la eternidad será suficiente

“Ni toda la eternidad será suficientemente larga para aprender todo lo que Él es, o para alabarlo por todo lo que Él ha hecho”
~ A.W. Tozer

Deja un comentario

Jesucristo

“Déjame decirte como un viejo que soy: No hay nada que valga la pena tener en la vida, fuera de Jesucristo”
– Ravenhill

Deja un comentario

Nuestra fe no está fundada en un libro, sino en una Persona

“Hubo un error en el que la Iglesia primitiva nunca estuvo en peligro de caer.
En esos primeros días los hombres nunca vieron a Jesús como un personaje en un libro…
Nunca pensaron en Él como alguien que fue sino en alguien que es. No pensaron en Jesús como alguien con enseñanzas que debían ser discutidas, debatidas o argumentadas; ellos pensaron en Él como alguien cuya presencia podía disfrutarse y con quien se podía experimentar una constante comunión.
Su fe no estaba fundada en un LIBRO; su fe estaba fundada en una PERSONA.”
~ William Barclay

Deja un comentario

Cuando contemplo la cruz maravillosa

Cuando contemplo la cruz maravillosa,
En la cual murió el Príncipe de Gloria;
Mi mayor ganancia la cuento como pérdida,
Y vierto desprecio en todo mi orgullo.
– Isaac Wats

Deja un comentario

El “iglesianismo” actual nos lleva a consagrarnos a nuestra denominación.

También nos conduce a consagrarnos a nuestro ministerio.
La meta de las instituciones evangélicas y protestantes es consagrarnos para ser líderes, nos consagramos para ser misioneros o para ser evangelistas.
Pero los hijos de Dios estamos llamados a consagrarnos única y exclusivamente a la Persona de Jesucristo. Porque no se trata de hacer cosas para Dios, sino de conocer y relacionarnos con el Dios de todas las cosas.
Cuando nos consagramos a Su Persona, será Cristo mismo y Su Santo Espíritu el que inspira, guía y dirige nuestra vida. El secreto revelado está en las palabras de Pablo: “Ya no vivo yo, mas es Cristo el que vive en mí.”
Gálatas 2:20.

-Terry Bennett

Deja un comentario

La revelación de Jesucristo

“La revelación suprema es dada en la vida y persona de Jesús.
La revelación no son Sus enseñanzas o Sus obras, sino Él mismo.
El Cristianismo no es la entrega a un sistema de reglas, enseñanzas o pensamientos, sino la entrega a una Persona.
La Persona de Jesucristo es la Realidad”
~ William Temple

Deja un comentario

La Tercera Raza

“No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios;” 1 Corintios 10:32
Este pequeño mensaje contiene una verdad monumental.
Antes de que Jesucristo entrara en las páginas de la historia humana, había solo dos razas: Los judíos y los gentiles. Pero con la llegada de Cristo, y Su Iglesia que avanza desde Su presencia, ahora existen tres razas. Judíos, Gentiles, y la Ekklesia de Dios.
Por esa razón, los cristianos del segundo siglo se consideraban a sí mismos “la tercera raza” y la “nueva raza”. No eran judíos, pero tampoco eran gentiles, sino otra especie. Una nueva especie y una nueva raza en el planeta: Jesucristo en la expresión humana.
Así, el Cuerpo de Cristo es la restauración de la imagen original de Dios que la Creación estaba destinada a expresar. Una imagen donde no hay judío ni griego, ni esclavo, ni libre; ni varón o hembra.

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
Gálatas 3:28
“donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.”
Colosenses 3:11

Dentro de esta nueva comunidad sin etnias, las líneas divisorias de género, raza, clase y estatus social fueron borradas y destruidas. Y una nueva forma de dones y gracia espiritual fue establecida.

Frank Viola
De su libro “From Eternity to Here” (De la Eternidad hasta Aquí)
Cap. 25 – Parte 5
(Traducido por José Torres)

Deja un comentario

El Ejemplo de Cristo

El ejemplo de Jesús es el argumento más poderoso contra la idea de un clero gobernante. ¿Cómo es posible que Él formara uno para después construir otro distinto? ¡No creemos nada de eso! ¿Es que vino sirviendo para después elevar el anti-tipo? El Espíritu del anticristo habla no solo de cualquier cosa que sustituya a Cristo, sino también de todo lo que se le opone. La semejanza a Cristo en algo es lo que lo legitima. ¿Refleja a Jesús o no? Si no, no es suyo, y con toda certeza, está en contra de Él. Como es la voluntad del Padre que Su Hijo pueda llenar todas las cosas, todo aquello que no sea un reflejo de Él ciertamente tampoco será de Él. Si no es Su obra, si no refleja Su imagen, Su carácter, ¿Puede entonces ser Su hechura, Su ekklesia?

Cristo vino como siervo. Su servicio es el nuevo estándar de grandeza en el Reino de Dios.

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:25-28)
Aquí Jesús contrasta la idea del gobierno gentil con el servicio, la idea del dominio y de autoridad sobre otros se contrasta con Su propio ejemplo. Él no vino a demandar servicio como rey, sino para servir. ¡El ejemplo de Cristo dice NO! “¡No será así entre vosotros!”.
Históricamente, la iglesia no se ha parecido al mesías siervo. Ha comercializado y ha cambiado la toalla del siervo por la túnica clerical, y está por encima de lavar los pies de nadie, puesto que arrodillarse es algo tan por debajo del status sacerdotal y real de su clero. Lo bajo que hemos caído del estándar divino solo Dios lo sabe verdaderamente.
Padre, perdónanos, por siempre querer otro ejemplo menos el de Tu Hijo, nuestro mandato divino. Pon delante de nuestros ojos la imagen del Señor del cielo sirviendo sobre Sus rodillas.
Lavando los pies cansados del camino, sucios, y quizá pestilentes. Amor que constriñe. Amor que se postra bien bajo. Amor envuelto en la toalla de un siervo (lee Juan 13:1-18).
Esto es lo que formaron los ancianos del primer siglo. Esto es lo que nos legaron. Fueron ejemplos no de alguna clase de estándar legal de perfección desarrollado por un altivo sacerdocio que se dijera a sí mismo: “Si Jesús está gobernando y reinando ahora, entonces nosotros también”. Él no nos ha dejado para gobernar y reinar sino para servir como Él mismo lo hizo. Él contrastó el liderazgo de siervo que Él mismo desarrolló con el de los escribas y los fariseos, comparando la motivación del corazón y el resultado de cada uno.
“El ladrón (los escribas y los fariseos del capítulo 9) no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10).
Jesús hace una comparación aquí. Los ladrones y los salteadores vienen para robar y quitar la vida. Él vino a darla. Vemos la intensa diferencia entre los fariseos/clero y Jesús. Hablando a los escribas y fariseos, Jesús dijo: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.” (Juan 10:8).
“Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores.” Abbott sostiene que la idea es: “Todos los que vinieron, no entrando por la puerta, sino afirmando venir por delante de mí, teniendo la precedencia, independientes de mi, son ladrones y salteadores.” Esto parece estar en armonía con el contexto, y es probablemente el significado del Salvador. Él incluyó a los rabinos judíos, a los filósofos griegos, a los pretendidos profetas, y al “Infalible papa”. Todos ellos rehúsan postrarse ante Su autoridad.” (Juan 10:8, The People’s New Testament).

Éstos son los asalariados que no se preocupan por las ovejas. (Lee el v. 13).

“Mi vida pongo por las ovejas”, dijo Jesús, y la historia testifica de la verdad de ello. El tiempo se mide tanto en el antes y el después de la vida de siervo de Cristo, como en una pausa, en reverencia, separando lo que era AC (“Antes de Cristo”) de lo que es AD, (DC en Inglés-Nota del traductor) anno Domini, en el año de nuestro Señor”.
Todos los que vinieron antes (pro) de Cristo, en Su lugar de eminencia, son ellos mismos ladrones y salteadores, atraídos por la ambición y un interés egoísta. Estaban y están motivados por la ambición personal. El dinero es bueno. Aman el reconocimiento. Aman el sentimiento de poder y de control. Judas advirtió: “Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados. (Judas 1:12).”
Son asalariados, pastores que se alimentan a ellos mismos. Ellos huyen cuando el sacrificio de cuidar a las ovejas se convierte en algo demasiado grande.
Esta es la prueba del asalariado. Si puedes aprobarla, puede que no seas un asalariado. Cuida a las ovejas sin que eso cueste nada a la oveja. No recibas un salario; hazlo a cambio de nada. Ve más allá de eso y sirve a las ovejas de Cristo a tu propio coste. Haz esto durante tres años y habrás superado la prueba del asalariado. Estarás caminando en las pisadas de la grandeza, las pisadas de AQUEL que vino a servir y a poner su vida por Sus ovejas.
Las ovejas de Cristo han sido acorraladas, maltratadas y puestas en prisión por ladrones y salteadores a lo largo de los últimos 1700 años o más. Confinadas y abusadas, han visto de lejos los verdes pastos del Padre. Más allá de los muros del corral de las ovejas, los verdes pastos atraen, pero no deben salir. Recuerdan historias, como leyendas urbanas contadas alrededor de un fuego, sobre el incierto destino de los que han partido y nunca han regresado, y los horrores de los muchos y misteriosos peligros que acechan más allá de los muros. Advertidas sobre la rebelión de alimentarse fuera de los confines del corral de las ovejas, y alimentadas con una nueva y seca galleta litúrgica, las ovejas se secan, convencidas todas ellas de algún modo de que su deber es permanecer ahí mismo.
Dicen que si pones a un saltamontes en un bote, al principio salta y se golpea la cabeza contra el bote unas cuantas veces. Después deja de saltar. Incluso lo puedes sacar del bote y devolverlo al campo, pero nunca saltará otra vez por temor a golpearse la cabeza. Muchos en la iglesia hoy día son como el saltamontes de este cuento.

Una sacudida en Judea

Su popularidad estaba subiendo, especialmente después de que las noticias del milagro se hubieran extendido por todas partes. Levantar de entre los muertos a un cuerpo que había estado enterrado en la tumba durante cuatro días era algo impensable. Los líderes de la Iglesia, temiendo la pérdida de su estatus, se cargaron de nerviosa energía. Se enfadaron. “El mundo se va tras Él”, decían, mientras sus mentes se llenaban de pensamientos de asesinato. Hasta venían griegos diciendo, “Queremos verle, queremos ver a Jesús”. La fiesta de la Pascua estaba a la vuelta, y Él tenía que asistir, porque este año el cumplimiento de la fiesta dependía de Su participación. Primero, había algo que hacer, algo que Él deseaba ardientemente. Se apartó de las multitudes y se reunió con los doce para comer la última comida pascual. Una comida llena de tipos y sombras, cuyo cumplimiento estaba a tan solo unas horas. Él anhelaba revelar el significado profético de esta comida a Sus discípulos, y pronto sería manifiesto delante de los ojos de ellos.
Cuando acabó la cena, Jesús se levantó de la mesa y los discípulos, pensando que estaba haciendo el típico lavado de manos ceremonial, se quedaron sentados. Pero algo no estaba bien.
¿Por qué estaba Jesús apartándose del formato tradicional? Quizás había tomado el delantal del siervo por equivocación. ¿Para qué llena de agua el cuenco? ¡Hay siervos para eso! ¿Qué es lo que está haciendo? ¿Por qué razón hace eso? ¡No! Entonces comienza a arrodillarse delante de cada uno de ellos, hasta que es limpiado cada pie sucio en esa habitación. Entonces dijo, “¿Sabéis lo que os he hecho?” Se quedaron sin habla. Jamás antes habían visto a un Rey lavar los pies de Sus siervos. Vieron con sus ojos lo que solo nosotros podemos imaginarnos, “Dios con nosotros” lavando pies humanos.
El modelo de liderazgo en la ekklesia no es el del presidente o director de una empresa, sino el del esclavo de la casa.
Estando sobre sus rodillas en el aposento alto, Jesús dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (Juan 13:15).

¡Padre, pon este ejemplo delante de nuestros ojos como frontales!
Jesús si nos dejó un ejemplo a seguir. Un ejemplo que está en manifiesta antítesis a la noción actual del liderazgo de la Iglesia. Este modelo del cielo, como aceite, no se mezclará con las aguas del histórico despotismo eclesiástico.

Conclusión

“Haya pues, en vosotros, este sentir”
Es interesante fijarse en todas las ocasiones en las que Jesús evitó incluso la aparición de la clase gobernante. Desde su nacimiento hasta la tumba, escogió los medios más humildes. Nació en un establo. Sus ropas de bebé eran pañales, meros trapos envueltos a su alrededor. Su cuna era un pesebre para ganado. Solo pastores corrientes vinieron a rendirle honor, mientras que los quien sabe quien locales ignoraron su humilde nacimiento. En la dedicación en Jerusalén, sus padres solo podían permitirse un par de tórtolas, o dos palominos, que era la ofrenda de los pobres.
Creció en la casa de un carpintero trabajador, en la más humilde aldea de la pobre Galilea. Se despojó de toda reputación. Isaías profetizó que no tendría ni aspecto ni atractivo, nada sobre Él podría atraer a los hombres carnales. En la última semana de su vida en la tierra, escogió entrar en Jerusalén sobre un asno, no como rey conquistador sobre un gran caballo. Lavó los pies de sus discípulos esa última noche. Murió de la forma más vergonzosa imaginable, la muerte de un criminal junto a dos ladrones corrientes, aunque era inocente. ¡Hasta su propio cuerpo enterraron en una tumba prestada!
Los que se colocan a sí mismos en una posición de gobierno han olvidado algo muy importante, la mente de Cristo. Cristo, siendo igual a Dios, no se aferró a Sus prerrogativas como el Hijo de Dios.
Por el contrario, se despojó a sí mismo y tomó el delantal del esclavo.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil. 2:5-8).
“… Pero la forma más certera de que éste sea un mundo mejor, es que la gente busque primero el Reino de Dios y Su justicia. El modelo del liderazgo cristiano en América hoy día no es el empresario, ni el presidente, es el siervo sufriente, Jesucristo.” (Richard Halverson).

Queridos creyentes hermanos, os invitamos a orar con nosotros, que Dios inspire a los de corazón íntegro como Tyndale, que son libres del paradigma eclesiástico, a traducir la nueva Biblia, sin las palabras eclesiásticas antiguas, para que esta historia de amor no pueda ser por más tiempo usada como el cetro de poder en manos de aspirantes a reyes.

-George Davis y Michael Clark
De su libro: “La Gran Conspiración Eclesiástica” -Capítulo 4

Deja un comentario