El Ejemplo de Cristo

El ejemplo de Jesús es el argumento más poderoso contra la idea de un clero gobernante. ¿Cómo es posible que Él formara uno para después construir otro distinto? ¡No creemos nada de eso! ¿Es que vino sirviendo para después elevar el anti-tipo? El Espíritu del anticristo habla no solo de cualquier cosa que sustituya a Cristo, sino también de todo lo que se le opone. La semejanza a Cristo en algo es lo que lo legitima. ¿Refleja a Jesús o no? Si no, no es suyo, y con toda certeza, está en contra de Él. Como es la voluntad del Padre que Su Hijo pueda llenar todas las cosas, todo aquello que no sea un reflejo de Él ciertamente tampoco será de Él. Si no es Su obra, si no refleja Su imagen, Su carácter, ¿Puede entonces ser Su hechura, Su ekklesia?

Cristo vino como siervo. Su servicio es el nuevo estándar de grandeza en el Reino de Dios.

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:25-28)
Aquí Jesús contrasta la idea del gobierno gentil con el servicio, la idea del dominio y de autoridad sobre otros se contrasta con Su propio ejemplo. Él no vino a demandar servicio como rey, sino para servir. ¡El ejemplo de Cristo dice NO! “¡No será así entre vosotros!”.
Históricamente, la iglesia no se ha parecido al mesías siervo. Ha comercializado y ha cambiado la toalla del siervo por la túnica clerical, y está por encima de lavar los pies de nadie, puesto que arrodillarse es algo tan por debajo del status sacerdotal y real de su clero. Lo bajo que hemos caído del estándar divino solo Dios lo sabe verdaderamente.
Padre, perdónanos, por siempre querer otro ejemplo menos el de Tu Hijo, nuestro mandato divino. Pon delante de nuestros ojos la imagen del Señor del cielo sirviendo sobre Sus rodillas.
Lavando los pies cansados del camino, sucios, y quizá pestilentes. Amor que constriñe. Amor que se postra bien bajo. Amor envuelto en la toalla de un siervo (lee Juan 13:1-18).
Esto es lo que formaron los ancianos del primer siglo. Esto es lo que nos legaron. Fueron ejemplos no de alguna clase de estándar legal de perfección desarrollado por un altivo sacerdocio que se dijera a sí mismo: “Si Jesús está gobernando y reinando ahora, entonces nosotros también”. Él no nos ha dejado para gobernar y reinar sino para servir como Él mismo lo hizo. Él contrastó el liderazgo de siervo que Él mismo desarrolló con el de los escribas y los fariseos, comparando la motivación del corazón y el resultado de cada uno.
“El ladrón (los escribas y los fariseos del capítulo 9) no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10).
Jesús hace una comparación aquí. Los ladrones y los salteadores vienen para robar y quitar la vida. Él vino a darla. Vemos la intensa diferencia entre los fariseos/clero y Jesús. Hablando a los escribas y fariseos, Jesús dijo: “Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.” (Juan 10:8).
“Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores.” Abbott sostiene que la idea es: “Todos los que vinieron, no entrando por la puerta, sino afirmando venir por delante de mí, teniendo la precedencia, independientes de mi, son ladrones y salteadores.” Esto parece estar en armonía con el contexto, y es probablemente el significado del Salvador. Él incluyó a los rabinos judíos, a los filósofos griegos, a los pretendidos profetas, y al “Infalible papa”. Todos ellos rehúsan postrarse ante Su autoridad.” (Juan 10:8, The People’s New Testament).

Éstos son los asalariados que no se preocupan por las ovejas. (Lee el v. 13).

“Mi vida pongo por las ovejas”, dijo Jesús, y la historia testifica de la verdad de ello. El tiempo se mide tanto en el antes y el después de la vida de siervo de Cristo, como en una pausa, en reverencia, separando lo que era AC (“Antes de Cristo”) de lo que es AD, (DC en Inglés-Nota del traductor) anno Domini, en el año de nuestro Señor”.
Todos los que vinieron antes (pro) de Cristo, en Su lugar de eminencia, son ellos mismos ladrones y salteadores, atraídos por la ambición y un interés egoísta. Estaban y están motivados por la ambición personal. El dinero es bueno. Aman el reconocimiento. Aman el sentimiento de poder y de control. Judas advirtió: “Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados. (Judas 1:12).”
Son asalariados, pastores que se alimentan a ellos mismos. Ellos huyen cuando el sacrificio de cuidar a las ovejas se convierte en algo demasiado grande.
Esta es la prueba del asalariado. Si puedes aprobarla, puede que no seas un asalariado. Cuida a las ovejas sin que eso cueste nada a la oveja. No recibas un salario; hazlo a cambio de nada. Ve más allá de eso y sirve a las ovejas de Cristo a tu propio coste. Haz esto durante tres años y habrás superado la prueba del asalariado. Estarás caminando en las pisadas de la grandeza, las pisadas de AQUEL que vino a servir y a poner su vida por Sus ovejas.
Las ovejas de Cristo han sido acorraladas, maltratadas y puestas en prisión por ladrones y salteadores a lo largo de los últimos 1700 años o más. Confinadas y abusadas, han visto de lejos los verdes pastos del Padre. Más allá de los muros del corral de las ovejas, los verdes pastos atraen, pero no deben salir. Recuerdan historias, como leyendas urbanas contadas alrededor de un fuego, sobre el incierto destino de los que han partido y nunca han regresado, y los horrores de los muchos y misteriosos peligros que acechan más allá de los muros. Advertidas sobre la rebelión de alimentarse fuera de los confines del corral de las ovejas, y alimentadas con una nueva y seca galleta litúrgica, las ovejas se secan, convencidas todas ellas de algún modo de que su deber es permanecer ahí mismo.
Dicen que si pones a un saltamontes en un bote, al principio salta y se golpea la cabeza contra el bote unas cuantas veces. Después deja de saltar. Incluso lo puedes sacar del bote y devolverlo al campo, pero nunca saltará otra vez por temor a golpearse la cabeza. Muchos en la iglesia hoy día son como el saltamontes de este cuento.

Una sacudida en Judea

Su popularidad estaba subiendo, especialmente después de que las noticias del milagro se hubieran extendido por todas partes. Levantar de entre los muertos a un cuerpo que había estado enterrado en la tumba durante cuatro días era algo impensable. Los líderes de la Iglesia, temiendo la pérdida de su estatus, se cargaron de nerviosa energía. Se enfadaron. “El mundo se va tras Él”, decían, mientras sus mentes se llenaban de pensamientos de asesinato. Hasta venían griegos diciendo, “Queremos verle, queremos ver a Jesús”. La fiesta de la Pascua estaba a la vuelta, y Él tenía que asistir, porque este año el cumplimiento de la fiesta dependía de Su participación. Primero, había algo que hacer, algo que Él deseaba ardientemente. Se apartó de las multitudes y se reunió con los doce para comer la última comida pascual. Una comida llena de tipos y sombras, cuyo cumplimiento estaba a tan solo unas horas. Él anhelaba revelar el significado profético de esta comida a Sus discípulos, y pronto sería manifiesto delante de los ojos de ellos.
Cuando acabó la cena, Jesús se levantó de la mesa y los discípulos, pensando que estaba haciendo el típico lavado de manos ceremonial, se quedaron sentados. Pero algo no estaba bien.
¿Por qué estaba Jesús apartándose del formato tradicional? Quizás había tomado el delantal del siervo por equivocación. ¿Para qué llena de agua el cuenco? ¡Hay siervos para eso! ¿Qué es lo que está haciendo? ¿Por qué razón hace eso? ¡No! Entonces comienza a arrodillarse delante de cada uno de ellos, hasta que es limpiado cada pie sucio en esa habitación. Entonces dijo, “¿Sabéis lo que os he hecho?” Se quedaron sin habla. Jamás antes habían visto a un Rey lavar los pies de Sus siervos. Vieron con sus ojos lo que solo nosotros podemos imaginarnos, “Dios con nosotros” lavando pies humanos.
El modelo de liderazgo en la ekklesia no es el del presidente o director de una empresa, sino el del esclavo de la casa.
Estando sobre sus rodillas en el aposento alto, Jesús dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (Juan 13:15).

¡Padre, pon este ejemplo delante de nuestros ojos como frontales!
Jesús si nos dejó un ejemplo a seguir. Un ejemplo que está en manifiesta antítesis a la noción actual del liderazgo de la Iglesia. Este modelo del cielo, como aceite, no se mezclará con las aguas del histórico despotismo eclesiástico.

Conclusión

“Haya pues, en vosotros, este sentir”
Es interesante fijarse en todas las ocasiones en las que Jesús evitó incluso la aparición de la clase gobernante. Desde su nacimiento hasta la tumba, escogió los medios más humildes. Nació en un establo. Sus ropas de bebé eran pañales, meros trapos envueltos a su alrededor. Su cuna era un pesebre para ganado. Solo pastores corrientes vinieron a rendirle honor, mientras que los quien sabe quien locales ignoraron su humilde nacimiento. En la dedicación en Jerusalén, sus padres solo podían permitirse un par de tórtolas, o dos palominos, que era la ofrenda de los pobres.
Creció en la casa de un carpintero trabajador, en la más humilde aldea de la pobre Galilea. Se despojó de toda reputación. Isaías profetizó que no tendría ni aspecto ni atractivo, nada sobre Él podría atraer a los hombres carnales. En la última semana de su vida en la tierra, escogió entrar en Jerusalén sobre un asno, no como rey conquistador sobre un gran caballo. Lavó los pies de sus discípulos esa última noche. Murió de la forma más vergonzosa imaginable, la muerte de un criminal junto a dos ladrones corrientes, aunque era inocente. ¡Hasta su propio cuerpo enterraron en una tumba prestada!
Los que se colocan a sí mismos en una posición de gobierno han olvidado algo muy importante, la mente de Cristo. Cristo, siendo igual a Dios, no se aferró a Sus prerrogativas como el Hijo de Dios.
Por el contrario, se despojó a sí mismo y tomó el delantal del esclavo.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil. 2:5-8).
“… Pero la forma más certera de que éste sea un mundo mejor, es que la gente busque primero el Reino de Dios y Su justicia. El modelo del liderazgo cristiano en América hoy día no es el empresario, ni el presidente, es el siervo sufriente, Jesucristo.” (Richard Halverson).

Queridos creyentes hermanos, os invitamos a orar con nosotros, que Dios inspire a los de corazón íntegro como Tyndale, que son libres del paradigma eclesiástico, a traducir la nueva Biblia, sin las palabras eclesiásticas antiguas, para que esta historia de amor no pueda ser por más tiempo usada como el cetro de poder en manos de aspirantes a reyes.

-George Davis y Michael Clark
De su libro: “La Gran Conspiración Eclesiástica” -Capítulo 4

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