Pablo y Gamaliel

El discípulo de Jesús y el Maestro religioso.
Leemos en las Sagradas Escrituras que Saulo, antes de su encuentro con Jesús, era discípulo del gran maestro Judío Gamaliel.
Ese importante rabino y maestro sólo aparece una vez en la Biblia.
“Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.
Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.
Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.
Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.” Hechos 5
El maestro Gamaliel era un hombre inteligente, tolerante y liberal, y de forma religiosa se lavó las manos y tomó una posición tibia referente a Cristo y Sus discípulos. Como resultado de ello, nunca más se supo de ese hombre.
Pero uno de sus estudiantes, Saúl, era todo lo contrario a su maestro. Él decía: “Estos cristianos son peligrosos, ellos son la mayor amenaza para nuestra nación judía, y yo voy a luchar contra ellos con todo mi corazón y con todas mis fuerzas.”
Lo interesante de la historia es que Dios puede hacer mucho más con oposición que con indiferencia. Una vez estuve predicando en una universidad judía, y al terminar, mi esposa me preguntó: ¿Cómo ha ido la conferencia? Le contesté, bueno, tengo la esperanza de llegar al corazón de dos alumnos; los dos que me miraban con ojos encendidos y llenos de rabia contra mí.” Dios tenía esperanza en ellos porque estaban vivos y activos, sus ojos lo reflejaban, mientras que el resto de sus compañeros mostraban indiferencia y tibieza religiosa a la manera del “maestro” Gamaliel.
Lo cierto, es que en seis meses, esas dos personas recibieron la llamada de su Salvador y conocieron a Cristo.
La historia nos enseña que Dios usa la oposición sincera para Su gloria, pero no puede usar a aquellos que viven una vida indiferente, pasiva, tibia, y mezclada con el mundo y las cosas del mundo y la religión.
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡¡¡Ojalá fueses frío o caliente!!!
Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”
Apocalipsis 3
David Pawson
(Traducido por José Torres Arjona)

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