LA DIFERENCIA ENTRE SER UN CREYENTE Y SER UN MIEMBRO

En los dos mensajes anteriores vimos que la iglesia es el Cristo corporativo, y también vimos que a fin de conocer el Cuerpo de Cristo, tenemos que poner fin a nuestra vida natural.

EL CUERPO DE CRISTO ES LA EXPRESION DE CRISTO
¿Qué es el Cuerpo de Cristo? El Cuerpo de Cristo es la continuación de la vida de El sobre la tierra. Cuando Cristo vino y vivió en la tierra, se expresó por medio de Su cuerpo. Hoy El sigue necesitando un cuerpo para poder expresarse. De la misma forma que un hombre necesita de un cuerpo para expresar todo lo que es, Cristo necesita un cuerpo para poder expresarse. La función del Cuerpo es ser la plena expresión de Cristo. Así como no podemos manifestar nuestra personalidad por medio de un solo miembro de nuestro cuerpo —los oídos, la boca, los ojos, las manos o los pies—, Cristo tampoco puede manifestar Su personalidad por medio de un solo miembro de Su Cuerpo. Se requiere de todo Su Cuerpo para manifestarlo a Él. Debemos ver que todo lo relacionado con Cristo se expresa por medio de Su Cuerpo. Pero esto no es todo. El Cuerpo de Cristo es la extensión y la continuación de Cristo sobre la tierra. El pasó más de treinta años sobre la tierra en los cuales se reveló a Sí mismo. El hizo esto como el Cristo individual. Ahora El se revela por medio de la iglesia. Este es el Cristo corporativo. Antes, Cristo se expresaba individualmente; ahora se expresa corporativamente.

EL CUERPO DE CRISTO ES EL VASO CORPORATIVO QUE CUMPLE EL PLAN DE DIOS
Dios desea un vaso corporativo, no un vaso individual. No se trata de escoger a unos cuantos cristianos que tengan celo y sean consagrados, a fin de que trabajen para El a un nivel individual. Los vasos individuales no pueden cumplir ni la meta ni el plan de Dios. Dios escogió la iglesia, y ella es Su meta. Sólo la iglesia, que es el Cristo corporativo, puede alcanzar la meta de Dios y cumplir Su plan.
Observemos nuestro cuerpo humano. Ningún miembro de nuestro cuerpo puede actuar independientemente. Es imposible que un cuerpo dependa completamente de una mano o de una pierna. Sin embargo, si el cuerpo llega a perder un miembro, quedará incompleto. El Cuerpo de Cristo está compuesto de todos los creyentes. Cada creyente es un miembro del Cuerpo de Cristo y es indispensable.
El Cuerpo de Cristo es una realidad, y también lo es la vida de iglesia. La Palabra de Dios no dice que la iglesia es como el Cuerpo de Cristo; dice que la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Nada externo puede llegar a formar parte de nuestro cuerpo físico. Podemos vestir nuestro cuerpo, pero el vestido no puede llegar a formar parte de nuestro cuerpo. Nada que proceda de nosotros podrá jamás llegar a formar parte del Cuerpo de Cristo, porque en el Cuerpo de Cristo “Cristo es el todo, y en todos” (Col. 3:11). Todo lo de nosotros que no sea parte de Cristo, estorba el conocimiento interior que podamos tener del Cuerpo de Cristo. El pecado nos impide ver a Cristo, y la vida natural nos impide ver el Cuerpo. Todos debemos ver cuál es nuestra posición en el Cuerpo de Cristo. Si verdaderamente vemos nuestra posición en el Cuerpo, será como si fuéramos salvos por segunda vez.
La vida adámica es individualista e independiente. Aunque todos los que están en Adán participan de la misma vida, no existe ninguna comunión entre ellos. A pesar de que todos cometemos pecados, cada cual toma su propio camino. Todos los que están en Adán viven como individuos separados. En Cristo, todo aquello que es individualista queda excluido. Si deseamos conocer la vida del Cuerpo, debemos ser librados no sólo de nuestra vida pecaminosa y nuestra vida natural, sino también de nuestra vida individualista. Todo elemento de individualismo debe desaparecer porque nada individualista puede alcanzar la meta de Dios.

LA DIFERENCIA ENTRE SER UN MIEMBRO Y SER UN CRISTIANO
El Nuevo Testamento nos muestra que existe una diferencia entre ser un miembro y ser un cristiano. Ser cristiano denota una persona individual, mientras que ser un miembro hace referencia a una entidad corporativa. Uno es cristiano para sí mismo, pero uno es miembro para el beneficio del Cuerpo. En la Biblia hay muchas expresiones que tienen significados opuestos, tales como la pureza y la inmundicia, lo santo y lo común, la victoria y la derrota, el Espíritu y la carne, Cristo y Satanás,
el reino y el mundo, y la gloria y la vergüenza. Todos estos son términos opuestos.
De igual forma, el Cuerpo está en contraposición con el individuo. Así como el Padre es contrario al mundo, el Espíritu a la carne, y el Señor al diablo, de la misma forma el Cuerpo es lo opuesto al individualismo. Una vez que uno ve el Cuerpo de Cristo, es librado del individualismo y ya no vive para sí, sino para el Cuerpo. Al ser librados del individualismo, espontáneamente estamos en el Cuerpo.
El Cuerpo de Cristo no es una doctrina sino un ámbito. No es una enseñanza, sino una vida. Muchos cristianos procuran enseñar la verdad acerca del Cuerpo, pero pocos conocen la vida del Cuerpo. El Cuerpo de Cristo es una experiencia que se tiene en una esfera totalmente diferente. Es posible que alguien conozca todo el libro de Romanos y aun así no ser justificado. De manera semejante, un hombre puede conocer con mucho detalle todo el libro de Efesios, sin haber visto el Cuerpo de Cristo. No necesitamos conocimiento, sino revelación, para comprender la realidad del Cuerpo de Cristo y para entrar en la esfera del Cuerpo. Solamente una revelación de parte de Dios nos puede introducir en la esfera del Cuerpo, y sólo entonces, el Cuerpo de Cristo llegará a ser nuestra experiencia.
En Hechos 2 parece como si Pedro estuviese predicando el evangelio solo, y que tres mil personas hubieran sido salvas por intermedio de él. Pero debemos recordar que los otros once apóstoles estaban de pie junto con él. El Cuerpo de Cristo estaba predicando el evangelio; ésta no era la predicación de un solo individuo. Si tenemos la visión del Cuerpo, veremos que el individualismo no nos conducirá a ningún lado.
Si nos damos cuenta de que como cristianos no somos más que miembros, dejaremos de ser orgullosos. Todo depende de nuestra visión. Los que logran ver que son miembros, ciertamente tienen muy en alto el Cuerpo y honran a los demás miembros. No se limitarán a ver sus propias virtudes, sino que estarán dispuestos a estimar a los demás como mejores que ellos mismos. Cada miembro tiene una función, y todas las funciones benefician al Cuerpo. La función de un miembro es la función de todo el Cuerpo. Cuando un miembro hace algo, todo el cuerpo lo hace. Cuando la boca habla, todo el cuerpo está hablando.
Cuando las manos trabajan, todo el cuerpo está trabajando. Cuando las piernas caminan, todo el cuerpo está caminando. No podemos separar a los miembros del cuerpo. Por lo tanto, las actividades de los miembros del Cuerpo deben redundar en el bien del Cuerpo. Todo lo que los miembros hagan debe beneficiar al Cuerpo.
Efesios 4 dice que el Cuerpo está creciendo hasta la estatura de un hombre plenamente maduro. No dice que los individuos crecen hasta llegar a ser hombres plenamente maduros. En el capítulo tres la capacidad de conocer el amor de Cristo y de comprender la anchura, la longitud, la altura y la profundidad de Él, se obtiene con todos los santos. Nadie puede conocer ni comprender solo. Un individuo no tiene el tiempo ni la capacidad de experimentar el amor de Cristo de esta manera.
En 1 Corintios 12:14 al 36 habla de dos conceptos erróneos que pueden tener los miembros: (1) “Porque no soy… no soy del cuerpo” (v. 15). Esto es menospreciarse a sí mismo y codiciar la función de otros. (2) “No te necesito” (v. 21). Esto es ser orgulloso y pensar que uno puede incluirlo todo, menospreciando así a los demás.
Ambos conceptos son nocivos para el Cuerpo. No debemos tratar de imitar a otros miembros ni codiciar su función. Si evitamos esto, no nos desanimaremos ni nos daremos por vencidos al ver que no podemos ser como ellos. Al mismo tiempo, no debemos menospreciar a otros miembros creyéndonos mejores y más útiles.

CONSCIENTES DEL CUERPO
En la vida de iglesia, debemos aprender a estar conscientes del Cuerpo. Cuando tenemos problemas con otros hermanos, esto indica, sin lugar a dudas, que tenemos problemas con Dios. Algunos cristianos son como las mariposas, que actúan independientemente. Otros son como las abejas, que viven y trabajan juntas. La mariposa vuela de flor en flor, siguiendo su propio camino, pero las abejas trabajan para la colmena. La mariposa vive y actúa individualmente, pero la abeja tiene conciencia colectiva. Todos debemos, como las abejas, tener una conciencia colectiva, para poder convivir con otros miembros en el Cuerpo de Cristo. Cuando hay una revelación del Cuerpo, hay conciencia del mismo, y cuando hay conciencia del Cuerpo, todo pensamiento y acción individual quedan descartados automáticamente. Al ver a Cristo somos libres del pecado, y al ver el Cuerpo somos libres del individualismo. Ver el Cuerpo y ser libres del individualismo no son dos cosas separadas, sino una sola. Una vez que vemos el Cuerpo, nuestra vida y nuestra obra como individuos cesan. No es asunto de cambiar de actitud ni de comportamiento; de esto se encarga la revelación. No podemos entrar en el ámbito del Cuerpo por otro medio que no sea la revelación.
Una visión interior auténtica resuelve todos los problemas.

Lectura bíblica: Ef. 3:3-6; 4:15-16; Col. 3:10-11; Ro. 12:4-5; 1 Co. 12:4-16, 20, 26

Del Libro: “El Misterio de Cristo”
Watchman Nee
-Cap. Tres.

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