Carta del apóstol Pablo a la Iglesia que está en Barcelona

El apóstol Pablo, Juan, y otros, escribieron muchas cartas a diferentes Iglesias en diferentes ciudades, como por ejemplo: A la Iglesia en Roma, a la que estaba en Corinto, a la que vivía en la ciudad de Efeso, a la de Colosas, etc. Todas esas cartas llegaron a sus destinos y fueron de gran bendición y ayuda para la Iglesia en aquel tiempo, y también para los cristianos de todas las edades y generaciones.
Sin embargo, ¿Te has preguntado alguna vez que ocurriría si hoy en día Pablo escribiera una carta a la Iglesia de Barcelona?
Para empezar, esa misiva jamás llegaría a su destino porque no existe “la Iglesia que está en Barcelona”. Los creyentes de esa ciudad están divididos entre numerosas denominaciones, templos, lugares de culto, grupos con diferentes nombres, sectas, religiones, etc. No solo están divididos, sino que además no tienen ningún tipo de comunicación entre ellos y se miran unos a otros con recelo y desconfianza.
De hecho, y por desgracia, esos grupos “cristianos” guardan obediencia a unos líderes y en ocasiones profesan lealtad a las directrices que reciben de sus cadenas jerárquicas. Así pues, la que debería ser la Iglesia de Barcelona, no es “un cuerpo” ni “una Iglesia”, como lo expresa Jesús mismo en Juan 17, sino diferentes agrupaciones, con diferentes nombres, que operan de forma individualista e independientemente separados los unos de los otros.
Por otro lado, bíblicamente hablando, leemos que todas las cartas de los Apóstoles iban directamente dirigidas a la Iglesia o Cuerpo de Cristo y eso era posible porque en aquellos tiempos Cristo Jesús era la Cabeza y el Buen Pastor de la congregación. Los creyentes se reunían bajo la jefatura directa de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y se guiaban mediante el Espíritu Santo de Dios que habitaba en ellos.
Hoy en día, en la mayoría de los casos, los líderes se encargan de todo y los seguidores son simples espectadores, que, de forma holgazana, se comportan como estatuas de sal. El líder cobra su salario y los seguidores se ahorran el “trabajo” de escudriñar las escrituras por ellos mismos, y de buscar al Señor para Su guía.
En la primera Iglesia, los miembros del cuerpo tenían dones y talentos como los de pastorear, enseñar, profetizar, etc. Y también había ancianos que supervisaban y vigilaban el buen funcionamiento de cada Familia o Cuerpo de creyentes. Pero no existían los líderes, jefes, personas “especiales”, o “muy espirituales” que hoy en día proliferan en el mundo cristiano.
No cabe duda de que el pobre cartero tendría ante sí una misión imposible y la carta de Pablo jamás llegaría a la Iglesia de Barcelona. Los miembros del Cuerpo de Cristo en esa ciudad están distribuidos y diseminados en un mar de confusión, por lo que deberían orar y desesperarse delante del señor para salir de esas denominaciones y unirse al Cuerpo de Cristo Universal.
En este punto, podemos preguntarnos: ¿Cómo diablos hemos llegado hasta aquí?, pues también sabemos que el lema favorito de ese personaje es: “Divide y Conquista”.
Pero en Las Escrituras leemos lo contrario: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” 1 Corintios 1

José y Carmen Torres

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario