La Encarnación de Todo

En mi experiencia durante los primeros ocho años de mi vida cristiana, aprendí una inmensa cantidad de “cosas” cristianas. Y ese es mi punto, eran “cosas”.
Las diferentes Iglesias y denominaciones en las que participé me predicaron montones de “cosas” o “datos”. El Evangelio era “información”. El Poder de Dios era también una “cosa”. La escatología, la teología, la doctrina cristiana, la fe, la apologética, etc. Todo eran “cosas” o “elementos”.
Gracias a Dios, descubrí que no necesitaba “cosas”. Las “cosas” cristianas, aún siendo “cosas buenas y verdaderas”, con el tiempo se agotarán, se secarán y terminarán.
Con los años aprendí que yo no necesito “cosas”, ¡yo le necesito a Él!, y tú también.
No necesitamos “cosas buenas”. Necesitamos a Jesucristo.
Todo el contenido en la Escritura, cada libro, cada historia, cada enseñanza, cada tema, cada carta, cada versículo, todo ella nos lleva, nos dirige y nos señala a Él.
“Escudriñáis las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; pero ellas son las que dan testimonio de mí. (Juan 5:39)

“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían.”
“Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas Él se desapareció de su vista.” (Lucas 24: 27,31)

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.” (Lucas 24: 44-45)

Querida hermana y hermano, si realmente queremos ser bíblicos, debemos ser Crísticos, porque toda la biblia muestra a Jesucristo. Este descubrimiento cambió mi vida. Me tienes que disculpar, pero realmente merece la pena repetirlo: “Si realmente queremos ser bíblicos, debemos ser Crísticos, porque toda la biblia muestra a Jesucristo.”

Aunque no terminó ahí, porque otro descubrimiento alteró mi vida, y era lo siguiente: Jesucristo es la encarnación de todo lo que es divino. Mis ojos fueron abiertos a la realidad de que Jesucristo es la Salvación, Jesucristo es el Poder de Dios, Jesucristo es la Santidad, Jesucristo es la Doctrina, Jesucristo es la encarnación de todo lo que es espiritual.
Puedes buscar la espiritualidad hasta la saciedad, y siempre encontrarás cristianos que te ofrecerán una nueva “cosa buena” o “una buena enseñanza” por la que puedes trabajar. Pero he aquí la advertencia: Si lo crees y lo sigues, puede ser que te desvíes o te apartes de Él.

Cuando entendí que Cristo es el TODO en mi vida cristiana, y que el Padre ha puesto en Él toda la vida espiritual, mi vida cambió de forma radical. Dejé de buscar y de seguir el cumplimiento de “cosas buenas”. Dejé de explorar verdades cristianas, doctrinas y teologías. Un nuevo capítulo se abrió en mi vida donde empecé a buscar al mismísimo Jesucristo. Sentí que me hundía en la vida del conocimiento de mi Señor. Porque descubrí que en Él existe TODO lo que yo necesito.
El objetivo principal de Dios desde el principio hasta el final está centrado en Su Hijo. Es Cristo, y solamente Cristo lo que Dios el Padre desea ofrecer a Su gente. Estaba tremendamente confundido, al creer que para mi crecimiento espiritual necesitaba buscar y perseguir las “cosas buenas y espirituales”.
Durante años busqué conocimiento espiritual, virtudes espirituales, gracia espiritual, los dones espirituales, y poder espiritual. Luego descubrí que mi crecimiento espiritual consistía en Cristo formándose y creciendo dentro de mí. (Gál. 4:19)
Cuando Cristo nos salva, Él es engendrado en nosotros. Desde ese momento, Él crece en nosotros. Por todo ello, nuestro verdadero crecimiento espiritual es conocerlo bien y permitirle que crezca cada día en nosotros.

Si reflexionamos, parece que en la vida de muchos hermanos en la fe, miran la salvación, el evangelismo, la paz, el poder, la santidad, el gozo, el servicio, la práctica en la iglesia, el ministerio y la doctrina como simples cosas buenas y divinas, como logros o avances que ellos logran en su vida espiritual, separados de la persona de Jesucristo.
Pero lo cierto es que Dios no nos da cosas espirituales. Nunca nos da virtudes, dones, gracias, y verdades que buscar. En vez de eso, Él nos da a Su Hijo Unigénito. Él nos da a Cristo para que Él sea TODAS las cosas en nosotros.
Por todo ello, Cristo es la personalización de todas las cosas espirituales. Él es la sustancia de todas las realidades divinas. Él es la encarnación de todas las virtudes espirituales, la gracia, los dones y las verdades.
Resumiendo, Dios ha depositado toda Su plenitud en Su Hijo.

En otras palabras, Jesucristo, no solo revela el camino a Su pueblo, sino que Él es el Camino. Jesucristo no solo revela la verdad a su gente, Él es la Verdad. Jesucristo no es solo el dador de la vida, Él es la Vida misma. (Juan 14:6)
Podemos decirlo así, Cristo es la encarnación de todo lo que Él nos da. Él es el Todo en todo. Él es todas las cosas a todos los que han recibido Su Vida.
Jesucristo es la esperanza. (1 Tim. 1:1)
Jesucristo es la paz. (Efe.2:14)
Jesucristo es la sabiduría. (1 Cor. 1:30)
Jesucristo es la redención. (1 Cor. 1:30)
Jesucristo es la santidad. (1 Cor. 1:30)
Jesucristo es la justicia. (1 Cor. 1:30)

La esperanza no es algo bueno que debemos buscar, nuestra esperanza es una Persona. La paz, no es una virtud que debemos obtener, es Cristo. Cristo es el Príncipe de la Paz. La justicia no es una gracia que debemos pedir, porque la justicia es Cristo, y así, con cada tema. Una cosa es el don o el regalo espiritual. Otra cosa es el Señor mismo. Podemos ponerlo en una sola frase, Jesucristo no es simplemente el dador de los regalos, Él mismo es el Regalo.

Nuestro progreso espiritual está ligado a nuestro conocimiento y relación personal con Cristo como nuestro TODO. Ocurre cuando tomamos a Cristo como nuestra porción para que Él lo sea TODO en nosotros. Un gran conocimiento de la biblia no lo logrará por nosotros, Aumentar nuestra actividad religiosa no lo logrará por nosotros. Tampoco lo lograremos aumentando nuestro tiempo de oración. Solo la revelación de la grandiosidad y la inmensidad de Cristo en nosotros lograrán que corramos la carrera y lleguemos a la meta.

Observando el panorama de la moderna cristiandad nos parece que las cosas y los logros espirituales han reemplazado a la persona de Jesucristo. Las doctrinas, los dones, las gracias, las virtudes y las obras que tan intensamente seguimos, son el sustituto de Jesús mismo. Observamos este don y el otro, estudiamos esta verdad, y la otra, tratamos de apropiarnos de esa virtud, trabajamos para realizar nuestra obra, pero fallamos en encontrarnos y en relacionarnos con Él.
Cuando el Padre nos da algo, siempre es Su Hijo. Cuando el Hijo nos da algo, siempre se da a Sí mismo. Esta visión simplifica en gran manera nuestra Vida Cristiana. En lugar de buscar muchas cosas espirituales, simplemente lo buscamos a Él. Nuestra única ocupación es el Señor Jesucristo. Únicamente lo buscamos a Él. No buscamos cosas divinas; buscamos a la Persona Divina. No buscamos dones, buscamos el dador que encarna todos los dones. No buscamos verdades; buscamos la Verdad Encarnada.
Dios mismo nos ha dado todas las buenas dádivas espirituales en Su Hijo. Él ha hecho que Cristo sea nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santidad, nuestra redención, nuestra paz, nuestra esperanza, etc.
Reconocer que Jesucristo es la encarnación de todo don espiritual que viene del cielo cambiará tu vida de oración. Cambiará tu vocabulario y la manera en que piensas y hablas espiritualmente, y finalmente cambiará tu manera de practicar y vivir la Iglesia.

Frank Viola, de su libro: “From Eternity to Here”
-Traducido por José Torres

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