¿Sabemos Escuchar?

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Juan 13
Si amamos a los demás, tendremos el sincero y genuino deseo de escucharlos. Unos de los mayores logros que un ser humano puede lograr es también uno de los más sencillos: simplemente saber escuchar a los demás.
El arte de escuchar es precioso. No hablamos de aconsejar, advertir o comunicar, sino, en silencio, con atención, escuchar genuinamente con el corazón lo que otra persona nos está comunicando. Hacerlo de forma sincera, atenta y con verdadero y genuino interés para poder entender lo que la otra persona siente y expresa con sus palabras.
¿Porqué el escuchar tiene tanto que ver con la sanación? Es porque el escuchar tiene mucho que ver con nuestra relación, ya sea con Dios o con los demás. Nos ayuda a conectar con el corazón de otra persona y muestra que valoramos lo que la otra persona valora y lo que tiene que decir. Al escuchar a los demás estamos ayudando a restaurar sus valores personales.
Saber escuchar a los demás es la mejor prueba de nuestra madurez espiritual. Desgraciadamente encuentro muy pocas personas que saben escuchar y que tienen un corazón para ello. Si nos sentimos espiritualmente sordos, si no crecemos en la fe, es porque no sabemos cómo escuchar.
Tenemos que tomar el tiempo para aprender a escuchar a los demás. Pedirle al Señor que nos ayude en esta área de nuestra vida, porque si no sabemos escuchar a los demás, tampoco sabremos escuchar a Dios. Es un hecho y una realidad, si somos sordos espiritualmente es porque no sabemos escuchar a Dios y a los demás.
Hay dos maneras de escuchar, la simple y la espiritual. Cuando escuchamos a alguien sin el espíritu, estamos pensando en cómo nos sentimos con lo que dice, esperamos impacientes la manera de insertar nuestras palabras y nuestra historia en la conversación, y en definitiva, estamos escuchando para nuestro propio beneficio. Sin embargo, el escuchar espiritualmente a los demás requiere nuestra atención y enfoque en su beneficio. Aún cuando en medio de la conversación hacemos alguna pregunta, lo hacemos por el beneficio de poder conocerlos y ayudarles. No lo hacemos por curiosidad, sino por el genuino interés de querer ayudarles y mostrarles nuestro amor y nuestro afecto en sus vidas.
Necesitamos una mente abierta y dispuesta, una curiosidad sana en nuestros corazones para preocuparnos sinceramente por lo que están contándonos con sus palabras. Si creemos que lo sabemos todo, que tenemos todas las respuestas, no tendremos esa curiosidad por aprender de los demás y no creceremos espiritualmente.
Dios nos dio dos oídos y una lengua para poder escuchar más y hablar menos. La regla de oro de nuestro Señor Jesús podríamos aplicarla con estas palabras: “Escuchemos a los demás como desearíamos que los demás nos escucharan a nosotros.”
El escuchar de forma espiritual nos dice que preferimos a los demás por encima de nosotros mismos y de nuestros deseos personales de ser escuchados y atendidos. Es la mejor manera de mostrar nuestra preocupación e interés sincero en las necesidades y sentimientos de los demás. Mostramos así que valoramos más a la otra persona que a nosotros mismos. Lo leemos muchas veces en la Biblia: “Prefiriéndonos los unos a los otros”. No podemos decir estas palabras ni creer en ellas si no hemos aprendido a escuchar genuinamente a los demás. Escuchar demuestra que nos amamos y nos preferimos los unos a los otros. La frase “los unos a los otros” riega toda la historia de la Iglesia que Cristo instauró.
Pablo, en Romanos 12 nos dice: “El amor sea sin fingimiento. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.” Cuando sabemos escuchar estamos mostrando los frutos del Espíritu de Dios en nosotros. Esos frutos descritos en Gálatas 5 son: “Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”

– John Paul Jackson
De su estudio, “El Arte de Escuchar a Dios”
(Traducido por el autor de este blog)

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