El río y los afluentes

Consideremos por un momento un ancho y caudaloso río que tiene muchos pequeños afluentes desembocando en él. El río es el centro de todos los afluentes. Podemos comparar este gran río al Eterno Propósito de Dios y, de igual forma, podemos comparar los afluentes a lo que muchos cristianos equivocadamente llaman el propósito de Dios. En otras palabras, cada afluente representa lo que muchos creyentes han pensado era la verdad central de Dios.
En tanto todos los afluentes son partes del gran río, ayudando a dar la expresión más grande del río, ellos mismos, individualmente, no son el gran río. Muchos cristianos hoy día enfatizan que el evangelismo es la meta de Dios. Desde la aparición del movimiento de avivamiento, muchos creyentes han puesto énfasis en que el propósito de Dios es rescatar al hombre caído. Para ellos el ganar almas es la meta de la vida cristiana. Aunque este aspecto forma parte del propósito de Dios, no es Su deseo último. La evangelización es uno de los afluentes. El propósito eterno es mucho más grande que el evangelizar – lo transciende por mucho. De esta manera, aunque el evangelismo es muy querido por Dios, no es exactamente Su meta final.
A través de la historia, Dios se ha movido a través de Su pueblo, en épocas y circunstancias diversas, para revelar alguna verdad específica a la iglesia. Con cada revelación, Dios ha levantado a un grupo de testigos que lleven ese mensaje especial por Él, otorgándoles una luz nueva en un tema específico de Su Mundo.
Los siguientes temas han sido especialmente enfatizados por diferentes grupos en cada uno de sus avivamientos: Justificación por medio de la fe, santificación, el bautismo del agua, los dones del Espíritu Santo, alabanza y adoración, el sacerdocio de los creyentes, justicia social, misiones,
Evangelismo, y la batalla espiritual.
En cada movimiento, Dios ha enfatizado a cada grupo uno de esos temas ser el propósito central para el hombre. Han hecho de esa verdad particular la base de su hermandad, encontrando a creyentes con la misma forma de pensar para formar el grupo alrededor de ella. Esta es la forma en que la mayor parte de las denominaciones han sido hechas. Y a pesar de que todas esas verdades son importantes, ninguna de ellas constituye el propósito de Dios, por tanto, no deben ser representadas como tal. Todos esos temas son los tributarios o los afluentes que forman parte del gran río. Ninguno de ellos es el Pensamiento Central de Dios.
¡El peligro de muchos creyentes es que solamente han podido ver un tributario y se han perdido de ver el gran río! El completo sistema institucional está constituido bajo esa experiencia. Las denominaciones, incluyendo muchas de las asambleas llamadas no institucionales, son grupos de creyentes que enfatizan un aspecto del propósito de Dios, perdiendo, con ello, la plenitud de
Su pensamiento. Lamentablemente, la mayor parte de los cristianos modernos, han quedado encallados en alguno de los tributarios.
¡Que Dios nos salve de enfatizar acerca de nuestros afluentes y nos permita ver el río de Su Eterno Propósito!

Frank Viola
De su libro: “El Propósito Eterno de Dios”
Cap. 1 Parte 3

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario