¿Dónde está la profecía para hoy con respecto a la iglesia?

Cuando leemos las primeras siete epístolas de Pablo, no encontramos ninguna profecía en ellas. Puede parecernos que hay varias profecías en el capítulo trece de Mateo, pero ninguna de ellas da suficientes detalles con respecto a la iglesia, ni tampoco es lo suficientemente clara al respecto, debido a que se refieren a la apariencia externa del reino de los cielos. Por tanto, podríamos decir que únicamente en Apocalipsis 2 y 3, donde encontramos las últimas siete epístolas, se nos muestra claramente las profecías con respecto a la iglesia y todas ellas se han cumplido.
Por medio de estas siete epístolas, el Señor ha querido dirigirnos con respecto a cómo llegar a ser vencedores. El Señor nos está indicando precisamente cómo debemos comportarnos a fin de vencer; por lo cual, mediante el cumplimiento de estas epístolas, Él nos muestra cómo llegar a ser un vencedor en este mundo. Por tanto, esto se relaciona con la manera en que cada uno de nosotros se conduce.
Al considerar estas siete epístolas en su conjunto, veremos que cada una de ellas se divide en cuatro secciones. Desde la primera hasta la última, todas ellas se parecen entre sí.
En primer lugar aparece el nombre del Señor, después se describe la condición de la iglesia y la recompensa a los vencedores y, finalmente, el llamamiento a aquel que tiene oídos. En cada una de estas epístolas, el Señor nos muestra quién es Él, en qué condición se encuentra la iglesia, qué le dará a aquel que venza y, luego, Él hace un llamado a todo el que tiene oídos para que oiga.
Hay un llamamiento muy claro a los vencedores en cada una de estas iglesias; en cada caso, los vencedores tienen sus propias características, y la recompensa que el Señor da a los vencedores también difiere en cada caso. Así pues, debemos aprender que independientemente de la condición en la que se encuentre la iglesia, siempre que en ella se manifieste algún problema, si somos fieles delante del Señor descubriremos lo que tenemos que hacer.
El Señor nos muestra la manera en que debemos enfrentarnos a tal clase de problema. El Señor dijo que Él mismo es el Camino, la Realidad y la Vida (Jn. 14:6). Así que, no importa qué epístola se aplique a nuestro caso, ni las circunstancias que nos rodean, el Señor no quiere que le demos demasiada importancia a la situación que enfrentamos, aunque ésta sea muy negativa; más bien, Él desea que veamos quién es Él. La revelación de Su Persona hará que recobremos la vista.
Con respecto al conocimiento del Señor, basta con recibir tal revelación una sola vez. Una vez que recibimos tal revelación, superamos todos los errores. Debemos percatarnos, en la presencia de Dios, de cuán grave es la situación que enfrenta la iglesia. Ante tal situación, generalmente clamamos pidiendo ayuda, pero el Señor dice que únicamente aquellos que le conocen recibirán ayuda. En cada una de estas epístolas el Señor nos dice algo con respecto a Su persona. ¿Podrá este Señor encargarse de tal situación?
Así como sucede con la iglesia, también sucede con nosotros. En circunstancias difíciles, tenemos que conocer al Señor que se levanta en contra de nuestras dificultades. Todo otro asunto es secundario. La solución a todos nuestros problemas depende de cuánto conozcamos a nuestro Señor de manera íntima y personal, así como de manera colectiva, como Iglesia.
Hay quienes son capaces de estar sometidos a grandes presiones, mientras que otros no pueden soportar mucho. La fortaleza necesaria para enfrentar adversidades, en mayor o menor grado, depende de cuánto conozcamos a nuestro Señor. Por tanto, al comienzo de cada una de las siete epístolas, se presta especial atención a considerar quién es el Señor. Porque si uno no conoce al Señor, tampoco podrá conocer a la iglesia.
Desgraciadamente, hoy en día son muchos los que se sienten satisfechos con la condición en que se encuentra la iglesia debido a que, aunque tienen ojos, no ven. Ellos no han visto quién está sentado en el trono, ni tampoco han visto los diferentes aspectos de la Gloria del Señor, ni Su Belleza, ni Sus Virtudes. Pero si conocemos al Señor, descubriremos el pecado del hombre y veremos el pecado de la iglesia.
La solución a todo el problema depende de cuánto conozcamos al Señor. Aquellos que sólo conocen un poco a Dios poseen una revelación limitada de Su persona y son más tolerantes de cosas impropias. Pero todo aquel que permanezca en presencia del Señor verá que el Señor le quita toda tolerancia con respecto a aquello que no se conforma a la voluntad de Dios.
Una vez que recibimos revelación en presencia del Señor, Él purga todo aquello que no es según Su voluntad. Entonces sabremos que si deseamos ser santos, obtendremos al Señor; pero que si no tenemos tal deseo, dejaremos de disfrutar de nuestra comunión con Él.
Con respecto a lo que vimos sobre el contenido de las siete epístolas, debemos comprender que nuestros argumentos giran en torno al problema que representa el sistema. No debemos olvidar que todo cuanto se presenta en las siete epístolas está vinculado al propio Señor.
Si conocemos al Señor, condenaremos al pueblo de Dios por andar conforme a sus propios deseos; pero si no conocemos al Señor lo suficiente, toleraremos tal conducta caprichosa y religiosa. Muchas veces podemos tolerar la condición en que se encuentran los cristianos debido a que nosotros mismos no somos lo suficientemente fieles a Cristo. De hecho, no somos lo suficientemente fieles al Señor debido a que todavía no hemos recibido la revelación que nos permite conocer al Señor que condena dicha condición como pecado. ¡Oh! ¡A veces, incluso, tenemos que escoger entre servir al Señor siguiendo la revelación del Espíritu Santo, o servir al que se supone que es Su pueblo!
Ya sabemos que el número siete está compuesto por los números tres y cuatro. Después de Éfeso, surgió Esmirna; y después de Esmirna, surgió Pérgamo. Estas tres iglesias conforman un grupo, pues son iglesias que ya pertenecen al pasado. Las últimas cuatro iglesias también conforman un grupo. Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea difieren de las primeras tres iglesias mencionadas. Estas últimas cuatro iglesias se hallan presentes simultáneamente hoy en día. Si bien no se iniciaron al mismo tiempo, ellas concluirán al mismo tiempo con la llegada del Señor.
Las cuatro iglesias que existen en nuestros tiempos están llenas de significado. Cuando surgieron las iglesias protestantes, la Iglesia Católica Romana ya había estado presente por más de mil años. Cuando surgió Filadelfia, las iglesias protestantes ya habían estado presentes por más de trescientos años. Cuando surgió Laodicea, Filadelfia había estado presente por varios años.
Quienes nacemos en la época actual nos encontramos con algo muy particular: hay cuatro clases de iglesias entre las que debemos elegir. Si hubiésemos nacido antes del siglo catorce o quince, no tendríamos otra alternativa que reunirnos en la Iglesia Católica Romana. Si hubiésemos nacido durante el siglo dieciocho, podríamos elegir entre pertenecer a la Iglesia Católica Romana o a las iglesias protestantes. En estos tiempos han surgido Filadelfia y Laodicea.
Hoy existen cuatro clases diferentes de iglesias. En las cuatro hay personas salvas, algunas mejores que otras. Dios ha dispuesto para nosotros una época en la que tenemos cuatro caminos entre los cuales elegir.
Pero el Señor también nos ha mostrado cuál es Su deseo. Ciertamente la Iglesia Católica Romana no responde a tal deseo; esto ya lo sabemos. No hay necesidad alguna de orar para saber si debemos ser discípulos del papa o no. Aunque esta profecía todavía se encuentra en Apocalipsis 2, ahora ya no es necesario indagar si debemos optar por ello o no. Todos los estudiosos de la Biblia, los que conocen la Sagrada Escritura saben que ya no es necesario decidir al respecto. Pero todavía subsiste cierta dificultad en cuanto al hecho de que muchos hermanos aún no se han percatado de que la disyuntiva con respecto a optar por las iglesias protestantes ha acabado. ¿Acaso el Señor desea que permanezcamos en Sardis? Extrañamente, hay todavía muchos que están satisfechos en Sardis, la iglesia evangélica-protestante. Pero si leemos la Palabra de Dios, el Señor nos mostrará que Él no está satisfecho con Sardis. El deseo del Señor es satisfecho únicamente por Filadelfia.
En las siete epístolas que hemos examinado, únicamente Filadelfia es alabada por el Señor. En todas las otras epístolas, el Señor siempre hace alguna reprensión. El caso de Esmirna es uno de los mejores, pues ella no es reprendida, pero tampoco es elogiada. El caso de Filadelfia, sin embargo, es diferente. De principio a fin, el Señor sólo tiene palabras de elogio para ella.
Debemos obrar con mucho cuidado y con mucha oración porque muchos podemos dejar el Camino angosto que lleva a la Vida, y en lugar de formar parte de Filadelfia, pasaríamos a formar parte de Laodicea.
Que Dios nos ayude y tenga misericordia de todos nosotros.

Watchman Nee
De su libro: “La Ortodoxia de la Iglesia”

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario