El “iglesianismo” actual nos lleva a consagrarnos a nuestra denominación.

También nos conduce a consagrarnos a nuestro ministerio.
La meta de las instituciones evangélicas y protestantes es consagrarnos para ser líderes, nos consagramos para ser misioneros o para ser evangelistas.
Pero los hijos de Dios estamos llamados a consagrarnos única y exclusivamente a la Persona de Jesucristo. Porque no se trata de hacer cosas para Dios, sino de conocer y relacionarnos con el Dios de todas las cosas.
Cuando nos consagramos a Su Persona, será Cristo mismo y Su Santo Espíritu el que inspira, guía y dirige nuestra vida. El secreto revelado está en las palabras de Pablo: “Ya no vivo yo, mas es Cristo el que vive en mí.”
Gálatas 2:20.

-Terry Bennett

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